Soledad Chávez Mora 1906-2006, “Cholita”

historia

Por Emilio Sánchez Pérez

Caurio es una pequeña población prehispánica que  actualmente cuenta con una población de 1879 habitantes según el censo de población del 2016, y señala su ubicación en la relación de los pueblos en el plano de  Carapan, escrito en el Siglo XVI, controlados en la época por el casicazgo para el pago de tributos al Gran Señor de Michoacán.

En apoyo a la antigüedad del pueblo  Hortelius integra en su plano de 1578 al lugar con el nombre de San Pedro Cabrío, esto ha hecho pensar colectivamente que fue por la devoción al Apóstol y por la gran cantidad de ganado caprino que los Rancheros tuvieron en algún tiempo, la comida típica del lugar es la rica birria de chivo, siendo este un elemento más que fortalece el nombre consignado por el Cartógrafo.

Caurio de Guadalupe en cuanto a este nombre no hay duda  que desde los inicios de la construcción del recinto católico fueron pensados a la veneración del Santo Patrono del Pueblo La Virgen de Guadalupe, a la que le celebran la fiesta cada año que inicia el 12 de Diciembre y termina el 16 del mismo mes, a la que acuden los residentes que viven en el extranjero y los nacionales que también añoran el regreso al amado Terruño.

Caurio de Guadalupe tierra del Valiente Valuxan Indio Purépecha descendiente de las primeras civilizaciones, lugar pintoresco de migrantes de gente trabajadora, de calles rectas y curvas de altos portales, con muros de fuertes viguetas, antiguas construcciones de  adobe y rojizos tejados,  cuatro barrios le dan forma al pueblo El Teco, El Centro la Loma y El Pachizal. De aquí fue originaria Cholita, donde nació un viernes santo 12 de Abril de 1906, en el paso´ su niñez y adolescencia al lado de sus padres Don Francisco Chávez García  y Doña San Juana Mora Valencia personajes de campo y hogar respectivamente, su mama murió a los 92 años su papa muere a su regreso  al pueblo un poco después de haber cumplido un contrato como bracero en los Estados Unidos.

Fueron tres de familia a la muerte de los padres los dos hermanos tomaron camino a Tecate, Cholita lo hizo después acompañada de su esposo, quien a su llegada encontró trabajo en la construcción de los Almacenes Nacionales al término de la obra, se quedó como descargador y cargador, allí llegaban los  trenes con carga de granos, maíz, trigo y mucha cebada.

Cholita: Cuando llegue a Tecate no había presidente luego llego Don Eufrasio que con mucho tino guio al pueblo, muy bueno ese señor, Don Arcadio otro de los buenos presidentes, cuando había fiesta o algo así salían al parque convivían con la gente hoy los otros no tienen ese sentir con la gente pobre, no quieren ni que les de el aire se la llevan encerrados o no sé dónde, yo creo nomas inventando cobros, cuando Don Arcadio salía al parque llamaba a los vendedores ya era El Paletero, El Chiclero o el Panadero o todo aquel que vendiera algo él le decía a la gente vamos a comer hasta que se acabe, un hombre muy sencillo por eso El Pueblo lo quería mucho.

Yo trabaje como ya le dije con Don Jaime y su esposa Teresita propietarios de la Tortillería “La Casita Blanca” que estaba en el callejón Libertad adelantito del taller de reparación de zapatos La Pasadita, casi atrás enfrentito de La Familia Baca, éramos seis las que trabajábamos, Pascuala, Angelita Lemus, Amelia Natalia, Octavia y yo, nos poníamos todas alrededor de un comal ovalado testaleando y torteando cada una con su metate se entraba desde las cinco de la mañana hasta después de medio día que era la hora de la comida, se usaba mucho la leña de encino.

Toño un jovencito que muy temprano o desde un día anterior por la tarde ponía el nixtamal, para las seis de la mañana ya había mucha tortilla, se vendía por docena, Toño a esa hora o más temprano, tomaba su bicicleta  y amarraba el cajón en la parrilla para entregar a las tiendas y para algunas familias de entrega especial, se hacían tortillas para tacos, enchiladas y las normales para todo tipo de clientela, también se hacían listas de clientes con numero para que no se adelantara nadie, las calles eran de tierra Toño en tiempo de lluvias, se doblaba su pantalón para no mojarse de lodo y era una de dar vueltas todo el día pedaleando hasta cumplir con la misión de entrega nadie se quejaba de su trabajo.

La casita blanca fue para mí la primera tortillería no recuerdo otra, luego pusieron otras las de Don Severo la de Desideria Appel y la de Don Marcelino Contreras que fue el primero que puso maquinaria.

Don Jaime y Teresita vendieron el negocio a Don Pablo y Consuelito, me invitaron a La Paz para hacer lo mismo porque decían que aquí en Tecate las mejores tortillas las hacia yo, pos yo no sé nada eso decía la gente.

Con los nuevos patrones no fue los mismo querían pesar hasta El Testal, “Es la bolita de masa que se requiere para hacer una tortilla,” me salí y me fui a la tortillería de Don Marcelino.

Tecate era como un ranchito, casitas de adobe y madera y siembra en sus alrededores, las calles de tierra y muchos caminos por todas partes, por donde quisiera uno atravesaba, para llegar a un lado pronto lo hacíamos.

Hoy Mi Amiga Angelita y yo solo recordamos con cariño aquellos años vividos, al lado de amigas y compañeras de trabajo la generosidad de los patrones que tuvimos, las personas que nos apoyaron comprando las tortillas que hacíamos, que con nuestro humilde que hacer en algo ayudamos a este pueblo, y desde que llegue estoy aquí  como una piedra en un pozo no me he movido, aquí acabe mis pulmones haciendo tortillas a mano.

Cuatro años antes de morir en Enero 3 del 2006 con amor y respeto Cholita  así recordó al pueblo y a sus gentes.

Tecate solicita ser municipio

1917
Primer Ayuntamiento de Tecate (1917)

Por Lidia Isabel Díaz Saldaña

“De Partido a Distrito”

Desde 1849, el territorio de la Baja California quedó dividido en dos “partidos”: del Norte y del Sur, Real del Castillo era su capital, posteriormente en enero de 1888 se convirtió a Distrito Norte, cambiándose la cabecera a Ensenada de Todos los Santos. Esta última reconfiguración  tenía de encargado al general Lis E. Torres y el objetivo principal era controlar y vigilar las actividades de las compañías concesionarias de terrenos.

“La dependencia a Ensenada”

Del municipio de Ensenada dependía: Real del Castillo, Santo Tomás, San Telmo, Tijuana, Tecate y El Rosario. Hasta entonces, las poblaciones más importantes eran Real del Castillo y Tecate. A pesar de ello, en 1892 este último seguía siendo considerado como Colonia Agrícola y no como municipio. En ese mismo año se levanta “el primer plano de la Colonia Agrícola de Tecate” y el primer censo del Partido Norte, el cual incluyó el conteo de los habitantes de la sección de Tecate. Con lo anterior, se dio cuenta de la tenencia de la tierra y de la cantidad de población que habitaba en el mismo.

Para el 20 de noviembre de 1915 ya había sido publicado en el Periódico oficial la creación de la municipalidad de Mexicali por parte de Baltazar Avilés, primer jefe político del Distrito Norte, las demás secciones seguían dependiendo de Ensenada. No fue hasta el gobierno del coronel Esteban Cantú que se mostró interés en  agregar como municipios a Tijuana y Tecate.

“Una pesada cadena”

Sin embargo, hasta el 1 de marzo de 1917, se reunieron en Tecate algunos vecinos para justificar la razón de querer volverse municipio, y solicitar su respectivo decreto. Para ello, redactaron una petición al general Cantú, señalando que su dependencia al municipio de Ensenada era como “una pesada cadena”[1], que les impedía tomar sus propias decisiones y por ende, progresar. Ya que, la administración de Ensenada no tenía conocimiento de los problemas, necesidades e intereses de la colonia de Tecate, “perjudicando principalmente a esta colonia y en general a los intereses  Fiscales del “Distrito”[2].

Otra de las razones que usaron para justificar su exhortación, fue que Tecate contaba con el paso del ferrocarril, es decir, estaban conscientes de su estratégica posición territorial, por lo que utilizaron la idea de “progreso” muy presente en la época para convencer a Cantú de que en ellos estaba gran parte de la responsabilidad que concretaría el éxito de la línea ferroviaria.

La minería y la Fábrica de Harinas también fueron usadas para justificarse y declarar su capacidad para sostenerse y contribuir al desarrollo del Distrito Norte. En la petición también se propuso el perímetro para el nuevo municipio y se señalaron los ranchos que quedaban dentro del mismo, siendo más de cuatrocientos vecinos, número que cumplía con el requisito para obtener la separación de Ensenada.

“Petición Aceptada”

Para el 8 de marzo de 1917 Cantú respondió a la solicitud  y expidió un decreto que agrega a Tecate y a Tijuana a las municipalidades del Distrito Norte. Poco más tarde, el 13 de abril de  ese mismo año, se cambió a Mexicali la cabecera del Distrito por el gobernador Esteban Cantú.

“Municipalidad suprimida y la crisis de la época”

Para 1920 ya se resentían en el norte las consecuencias del “movimiento revolucionario” en los diferentes actividades económicas. En Tecate, había causado que no pudiera mantener sus gastos presupuestales al Distrito que en la petición de 1917 se había declarado capaz de hacer.

De tal modo que, el día 2 de enero de 1923 se suprimió lo que era la municipalidad por el gobernador en turno, José Inocente Lugo, permaneciendo así hasta el cambio de gobierno del Distrito al general Abelardo L. Rodríguez.

Con todo, los habitantes de Tecate insistieron en su separación, acudiendo a la comprensión de Abelardo L. Rodríguez para que se revocara el decreto, reuniéndose el 1 de diciembre de 1923 para firmar un escrito dirigido al gobernador del Distrito, exponiendo que a pesar de sus esfuerzos para instituirse como municipio, habían tenido problemas con los miembros anteriormente electos  para el ayuntamiento, agregando que “en la pasada ocasión ellos no habían tenido la menor intención dolosa, a excepción de ciertos políticos que habían en ese tiempo que ya no radicaban en el municipio”. [3]

Aunado a eso, en diciembre de 1923, Toribio García recaudador de rentas de Tecate,  se dirigió al licenciado de Antonio Murúa Martínez, secretario general del Gobierno del Distrito Norte informándole que llevaba una solicitud firmada por muchas personas pidiendo que la delegación de Tecate volviera a convertirse en un municipio libre, pues las condiciones de la época habían afectado el desarrollo económico del ex municipio. Toribio agregó que Tecate todavía le costaba más de lo que aportaba y que en el último censo electoral habían acudido menos de 200 personas, y poco más de 50 se presentaron a votar, ya sea porque muchos de ellos se habían ido el lugar por la condición, o por las largas distancias que tenían que recorrer para llegar. En pocas palabras, “lo que habían solicitado el año anterior en el que las condiciones económicas de Tecate eran menos difíciles, revertían en ese momento queriendo afrontar de nuevo su elevación de categoría”[4].

“Decreto final”

A pesar de lo anterior, por decreto del Congreso de la Unión, el 15 de octubre de 1925, Tecate junto a Tijuana vuelve a quedar como sección municipal.

Como se puedo leer, esta cambio se fue dando con el paso del tiempo, conforme se iba desarrollando el territorio, pues en un principio siempre estuvo muy abandonado por el gobierno Federal, el Norte del país nunca fue símbolo de prosperidad, la patria quedó condensada en el centro de la Nación.  A pesar de ello, podemos ver desde el ángulo de Tecate, que en esta parte del país “sí estaba pasando algo”, en este caso, en Tecate se estaba generando un interés por convertirse en una municipalidad libre, que pudiera generar iniciativas que respondieran a la realidad de sus propios habitantes y territorio.

Referencia: Meade, Adalberto Walther. Tecate, cuarto municipio. Universidad Autónoma de Baja California, 1985, pp.122

[1] Meade, Adalberto Walther. Tecate, cuarto municipio. Universidad Autónoma de Baja California, 1985 p.57

[2] Meade, p.57

[3] Meade, p.73

[4] Meade, p.75