La Romería de verano: una fiesta católica tecantense

Por Héctor Mejorado de la Torre

Por definición, la romería es una fiesta popular que se celebra en el campo inmediato a alguna ermita o santuario.[1] Podemos inferir que por su naturaleza este acontecimiento no sería posible sin la presencia de un templo y las personas que los conforman. El hilo conductor de este texto es la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, ubicada en el centro histórico de Tecate a unos paso del Parque Miguel Hidalgo, Palacio Municipal y la planta cervecera Heineken. Su construcción dio origen a una de las fiestas más importantes de la ciudad. En este trabajo se pretende dar a conocer los elementos de carácter demográfico, urbano y religioso que permitieron el nacimiento, desarrollo y consolidación de la fiesta.

Antecedentes

En las primeras décadas del siglo XX la población tecatense no pasó de los 566 habitantes,[2] esto permitió que el culto religioso católico se realizara en las casas de los feligreses, quienes en una mesa improvisaban el altar, encendían velas y acomodaban alguna imagen religiosa. Los sacerdotes venían principalmente del poblado de Tijuana a la celebración dominical y eventualmente realizaban bautizos y matrimonio, sin embargo, era práctica común que para  estos y otros servicios los interesados se desplazaran a los poblados vecinos de Tijuana o San Diego. Durante el trascurso de la década de los cuarenta, Tecate alcanzó una tasa de crecimiento del 16.9 por ciento anual,[3] como  consecuencia se creó la necesidad de construir un templo capaz de albergar a la creciente población.

Es así, como un grupo de mujeres organizó ventas de comida, colectas y otras actividades que les permitió generar un fondo pro-construcción de la capilla. El logro de esta empresa se debió en mucho a la participación activa de la población y al apoyo de los comerciantes que hicieron donativos en dinero o en especie para la preparación de los alimentos, dejando una mayor ganancia. Del Tecate de los años cuarenta el Sr. José Manuel Jasso Peña rememora:

Lo que yo puedo recordar de ese entonces, es que Tecate era una comunidad que estaba despertando, con una población demasiado pequeña, lo que nos daba la oportunidad de conocernos absolutamente todos, conocíamos a las abuelas, a los papás, a los tíos, nos conocíamos toda la muchachada. Era una sociedad muy unida, participativa, por ejemplo, para lograr determinadas cosas como el mejoramiento del parque central, el mejoramiento de la iglesia y el mejoramiento de la escuela primaria.[4]

En esos años se consolidó como espacio público más importante lo que ahora es el centro de la ciudad, acotado al oeste por la calle Venustiano Carranza, al este por la Emiliano Portes Gil, al norte por la Ave. México y al sur por La Libertad (actual Ave. Miguel Hidalgo). En esa área se concentraron la escuela, la oficina de correo, la delegación, las primeras industrias, los comercios y el parque que se convirtió en el espacio idóneo para las fiestas patrias, los bailes, encuentros deportivos, y actos cívicos. A mediados de los años cuarenta, sobre la Ave. Libertad y en el extremo sur de la calle Presidente Lázaro Cárdenas, se edificó primero la Estación Misional Santa María y en la década de los cincuenta se construyó, a su costado, la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, que por ubicarse en el centro histórico y por el creciente número de la comunidad católica, se trasformó en un centro importante de reunión de los tecatenses.

Al instituirse la iglesia y contar con un sacerdote permanente se diversificaron las actividades religiosas y se les dio un mayor énfasis a días festivos marcados en el calendario litúrgico católico, entre ellos, el jueves y viernes Santos.  Durante estos días, después de la ceremonia religiosa, era tradición reunirse en el patio de la iglesia para comer, debido a que parte de los asistentes venía de los ranchos aledaños. Así mismo, el día de la virgen de Guadalupe, el 12 de diciembre, se realizaba, entre otras actividades, una peregrinación y una kermes.[5] Por otra parte, en Navidad y Año Nuevo, se acostumbraba a asistir primero a la ceremonia y después continuar con la fiesta familiar, en este sentido Don Manuel Cota Serrano comentó:

En aquel tiempo toda la gente venía aquí a la iglesia, la única iglesia que había, la de Guadalupe. Toda la gente, de todos los ranchos ahí se concentraba. En Semana Santa no había ningún comerciante en ninguna parte, ni tiendas abiertas, pero no había religiones, ninguna otra.[6]

Durante el periodo de 1930 a 1950 la población creció de 566 a 6,162 habitantes [7] y la capacidad de la iglesia se vio superada rápidamente, es por eso que en 1952 y 1953, se reanudaron las actividades con el objetivo de reunir los fondos necesarios para la construcción de una nueva iglesia. En esa ocasión las personas que tomaron la iniciativa fueron María Santana, Magdalena Ferreiro de Rico, Elva de Ferreiro, Velia Zúñiga de Ferreiro, Jesusita de Sánchez, Esther de Adame, las hermanas Rebelín y Cecilia de Jasso quienes en época de verano organizaron una kermes en el patio de la iglesia para que la concurrencia cooperara como lo habían hecho tiempo atrás.

Inicia la tradición: de kermes a romería

En aquellos años, el párroco José Socorro Pérez reunió a las personas más activas y de mayor presencia en la comunidad tecatense y expuso la idea de llevar a cabo una romería. Esta consistió en la celebración de una misa inaugural y posteriormente salir a bendecir los antojitos y alimentos que se consumieron durante la convivencia: tostadas, tamales, sopes, tacos dorados, flautas, pozole, menudo, birria, carnitas de puerco, aguas frescas y refrescos; no podían faltar los juegos de lotería, tómbola, aros, registro civil y cárcel; las jovencitas vestidas de gitanas leían la mano y las niñas vendían flores a los enamorados; además de actividades artísticas, para ello se abrió el espacio para el canto, la declamación y la danza, presentaciones que en gran medida fueron apoyadas por las alumnas del Colegio “José María Salvatierra”.  A este respecto el Sr. José Manuel Jasso señala:

Esa romería la encabezó el padre Socorro precisamente para hacerse de fondos y mejorar la iglesia central. La primera iglesia que tuvimos aquí en Tecate es la quie está hoy en día a un lado de la iglesia central, se le conoce como capilla. Con los fondos de la romería se construye la iglesia que está contigua a la capilla.[8]

La coordinación general de la Romería de Verano quedó en manos del sacerdote, además, se formó un comité organizador constituido por un presidente, secretario, tesorero y dos vocales que se encargó de buscar el patrocinio de los comerciantes y de la población, acondicionó los espacios para cada actividad, y dos vocales que se encargó de conseguir el patrocinio de los comerciantes y de la población, acondicionó los espacios para cada actividad, y organizó a los voluntarios que atendieron los puestos y adornaron con detalles mexicanos el área para los eventos artísticos. La romería inició el sábado 24 de junio de 1954, día de San Juan, y se prolongó hasta el domingo siguiente, en donde se mezcló el bullicio de la fiesta y la solemnidad de la misa, pues el patio del templo fue el espacio principal del festejo expandiéndose a la Ave. Libertad y calle Lázaro Cárdenas. Así lo comenta la Sra. Rosa Martha del Ángel de Apodaca:

Empezó el 24 de junio, el día de San Juan, en 1954, lo sé porque yo lo escribí. El padre platicó con algunas señoras que fueron organizadoras y fundadoras, la profesora Velia Zúñiga de Ferreiro, las señoras Clementina Rico, Gabriela de Adame, Magdalena de Rico y la Señora Percerbaut, su esposo fue el primer presidente del comité. Pero todo el pueblo cooperaba.[9]

En ese mismo año a Tecate le otorgaron el nombramiento de municipio y se inició la construcción del Palacio Municipal sobre la calle Pte. Ortiz Rubio de esta manera los centros político, recreativo y religioso quedaron ubicados en la misma sección consolidando la importancia de la zona.

 El periodo de 1960 – 1980: de la fiesta entre amigos a la fiesta del pueblo.

Al concluir el Programa Bracero se dio una fuerte repatriación de conciudadanos provenientes de Estados Unidos y la frontera fue un lugar propicio para buscar trabajo y establecerse, además de la migración constante de personas provenientes del sur del país con el anhelo de encontrar mejores oportunidades de vida. En las décadas de los sesenta y setenta la tasa de crecimiento poblacional fue de 8.81 y 5.1 por ciento respectivamente, en veinte años la población se quintuplicó, pasó de 6,162 habitantes en 1960 a 30,540 en 1980[10] y la población urbana pasó de 59.7 por ciento en 1950 a 78.3 por ciento en 1980.[11] Población que entre otros efectos fue extendiendo la mancha urbana y formó nuevas colonias como la Braulio Maldonado, Loma Alta, Aldrete (Hoy Guajardo), Espinoza, Hacienda y Bella Vista; y en las más antiguas como la Zona Centro, Frac. Romero, Col Downey, Moderna,  Federal y Militar; poco a poco los terrenos baldíos fueron ocupados por casas habitación, comercios e industrias.

Como resultado, los espacios dedicados a la diversión y esparcimiento fueron absorbidos por la urbanización, reduciendo las actividades recreativas a lugares y eventos específicos. En este periodo empiezan a ser menos frecuente los bailes en el parque, las carreras de caballos y los días de campo bajo algún encino. Es así como las Fiestas Patrias, la Feria Tecate en Marcha y la Romería de Verano se convierte en los únicos espacios de diversión familiar de la ciudad. La romería dejó de ser la gran fiesta entre amigos y se transformó en la fiesta del pueblo, ese fue el cambio más significativo de esta etapa, los asistentes conocidos eran menos y los visitantes más, pues se daban cita personas de Mexicali, Tijuana, Ensenada y San Diego. Ahora, las mujeres y los hombres que en 1954 eran jóvenes toman los lugares de sus padres, madres, abuelos y abuelas. Así, la tradición de organizar y colaborar de manera activa continuó estado en las familias de mayor arraigo en la ciudad, mientras que los recién llegados se incorporaron a la parte artística y la enriquecieron con una variedad de canciones, danzas y composiciones típicas de sus lugares de origen.

A mediados de los sesenta se realizó por primera vez la elección de la Reina de la Romería. Para esto era necesario que las candidatas de entre catorce y veintidós años se registraran con meses de anticipación y empezaran a vender votos, estos eran pequeños boletos que tenían un valor económico, la que mayor número de votos vendiera y en consecuencia lograra acumular la mayor cantidad de dinero era la ganadora. De esta manera, el domingo de romería era la misa de coronación. En 1979, aprovechando el marco del Año Internacional de Niño, se incorporó la Reina Infantil, representada por una niña de cuatro a seis años. En aquella ocasión se aprovechó un certamen desarrollado previamente por las escuelas de la localidad, en donde la ganadora fue la entonces niña Miriam Apodaca, siendo a petición del párroco Rafael Magaña la primera reina infantil de la Romería. En los años subsecuentes el proceso de selección sería por sorteo.

El periodo de 1980 a 2004: la Romería de Verano y la fragmentación de la comunidad parroquial.

La estructura organizacional del comité se mantiene hasta la actualidad, siendo un elemento importante para que esta fiesta continúe. El comité se mantiene subordinado a la coordinación del párroco en turno, sin embargo, es el primero el que cuenta con la experiencia y los contactos necesarios para año con año reorganizar el evento. El número de grupos parroquiales y de sus miembros se incrementó durante estas décadas hecho que benefició la diversificación de alimentos y diversiones; el incrementó de voluntarios para el armado, decorado y atención en los diferentes puestos también se vio favorecido.

En este periodo, las opciones que se ofrecen también presentaron algunos cambios, además de los puestos de comida y bebidas, se incorporaron juegos como tiro al blanco con dardos o rifle de municiones, el chapuzón, juegos mecánicos y otros que son comunes en las ferias. El programa artístico en su mayoría siguió estando conformado por miembros de la comunidad, mariachis, tríos e imitadores y en algunos años se trajeron grupos musicales de las ciudades vecinas.

En lo religioso continúa la tradición de la misa inaugural, la bendición de los puestos y las misa de coronación. Sin embrago, los sacerdotes del momento incorporaron o eliminaron actos de acuerdo a sus preferencias o a la necesidad, de esta manera se aprovechó el marco de los festejos para realizar primeras comuniones, matrimonios comunitarios, procesiones, bautizos y presentaciones, sin que necesariamente dichos actos quedaran como parte de la tradicional romería y se vieran en la necesidad de repetir los mismos eventos al año siguiente.

Para 1980 la población del municipio de Tecate había ascendido a 30, 540, aunque de ellos solamente 23,900 habitantes radicaban en la ciudad, el resto en la zona rural. En los próximos diez años la población del municipio se incrementó en setenta por ciento más, es decir, a 51,557 habitantes; al inicio del nuevo siglo, Tecate contaba con una población de 77,795 de ellos 52,394 vivían en la ciudad y el resto en la zona rural.  El constante crecimiento de la población trajo como consecuencia la necesidad de fundar nuevas parroquias en diferentes áreas de la ciudad: La Sagrada Familia (1981) en la Colonia Espinoza, Inmaculada Concepción de María en la Colonia Loma Alta, Santa Cecilia en la Colonia Guajardo y San Judas Tadeo en la Colonia Cuauhtémoc. Esto provocó una fragmentación de los feligreses miembros de la comunidad de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe quienes durante varias décadas habían pertenecido a una sola parroquia y que de manera directa o indirecta habían colaborado en la Romería de Verano, al incorporarse a las nacientes parroquias replicaron el mismo patrón en sus comunidades el día del Santo Patrono, como lo dicta la tradición católica al rededor del mundo. Lo anterior dio la oportunidad para que otras personas se integraran a la organización y que en la romería se renovara la fila de voluntarios.

Durante la década de los noventa la cultura de la vida sana y con ello el ejercicio se popularizó. Una forma de vida que hasta ese momento se había mantenido en las elites, en la década de los noventa, gracias a los medios de comunicación se empezó a masificar, permeando otros estratos sociales, así se abrieron los primeros gimnasios y se crearon los primeros clubs de corredores; esto también se vio reflejado en las actividades de la romería, para finalizar el milenio se implementó una carrera atlética de 5 kilómetros y caminata.

El periodo de 2005 a la actualidad: Cambios y continuidades

A través de los años la Romería de Verano ha ido cambiando. Algunas cosas permanecen otras han evolucionado. Quedaron atrás la lotería, el registro civil, la cárcel, el chapuzón y otros juegos que en su momento fueron el deleite de los asistentes, poco a poco fueron desapareciendo esos juegos para dar mayor cabida a la venta de alimentos y bebidas.

El talento artístico local sigue siendo un pilar importante en el programa y las actividades de la Romería. Las danzas, el folclor y la música ahora son presentadas por los grupos de estudiantes de la Casa de la Cultura, la Escuela de Artes de la UABC y el Centro Estatal de las Artes; sin olvidarnos de aquellos que por afición han creado sus grupos de música norteña, rock y otros géneros musicales. Sin embargo, en esta etapa cada vez con mayor participación, se han incluido grupos o solistas profesionales. En su mayoría son artistas con reconocimiento regional con amplia trayectoria o aquellos que empiezan su carrera artística y se van abriendo paso en el mundo de la música.

El crecimiento acelerado de la población también ha modificado el ambiente familiar de la Romería. Una kermes que inició con la comunidad parroquial, para la comunidad parroquial, ahora es una fiesta tradicional de Tecate a la que asisten personas de todo el municipio y de lugares aledaños. Cada año es más concurrida, pero también cada vez hay menos conocidos.

A partir de los noventa, las instituciones de cultura empezaron a tener mayor presencia entre la comunidad. A lo largo de esos años, poco a poco han ido generando un público asiduo a eventos culturales como conciertos, exposiciones, obras de teatro, espectáculos de danza, entre otros. Lo anterior provocó que en el 2005, la Romería de Verano, intentara incorporar una semana de la cultura. La idea original era tener un programa cultural previo al inicio de la Romería. Dedicar un día para una actividad cultural, conciertos de música clásica, danza, conferencias, historia, etc.

La semana cultural permanece hasta la actualidad, con ciertos vaivenes. Este proyecto no ha logrado robustecerse y consolidarse; sin embargo, siguen manteniendo la esencia de durante esa semana dedicar un espacio a la difusión de la cultura y la historia.

En conclusión encontramos que la Romería de Verano por su esencia es una fiesta que en cuya organización, ahora como en 1954, queda a cargo de los diversos grupos parroquiales y miembros de la comunidad la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe.

Así mismo, podemos decir que son cuatro los elementos que han permitido que la romería se convierta en una tradición: Primero, la gran afluencia feligreses que asisten a los diversos actos religiosos en la Parroquia de Guadalupe, aunque ahora existen otras parroquias, está sigue siendo la iglesia más importante de la ciudad, permitiéndole contar con un número considerable de simpatizantes que prestan sus servicios o brindan su apoyo económico. Segundo, su céntrica ubicación permite el fácil acceso desde cualquier punto de la ciudad y la convierte en paso recurrente para cualquier persona que transita por la misma. Tercero, la escasez de lugares de diversión que hasta la fecha existe en Tecate permiten que la Romería de Verano siga siendo una fiesta que igual convoca a los jóvenes que buscan un espacio para salir de la rutina, a las familias que llevan a sus hijos a los juegos y los abuelos que regresan para recordar viejos tiempos. Por último, el objetivo principal de la Romería, desde sus inicios hasta la actualidad es la obtención de recursos económicos que permitan construir, mejorar y mantener la infraestructura de la iglesia y sus servicios. En los primeros años de este nuevo milenio una nueva necesidad surgió, construir la Casa del Migrante y mantenerla funcionando, objetivo que se logró en poco tiempo, con mucho esfuerzo de la comunidad. El mantener objetivos en beneficio para la comunidad y el que la población en general y los feligreses en particular puedan ver su esfuerzo y colaboración materializado en obras ha sido un elemento importante para la consolidación de la Romería de Verano.


[1] Gran Espasa Ilustrado, diccionario enciclopédico, Madrid, España, Espasa Calpe, S.A., 1997.

[2] Rodolfo Cruz Piñeiro y Elmira Ybáñez Zepeda, “La dinámica demográfica de Tecate”, en Paul Ganster, et. al. (comps.), Tecate, Baja California: Realidades y desafíos de una comunidad mexicana fronteriza, San Diego, Calif., San Diego State University Press – Institute for Refgional Studies of the Californias, 2002, p. 21.

[3] Ibidem, p. 24.

[4] Entrevista realizada a José Manuel Jasso Peña por Leticia Bibiana Santiago Guerrero, el 17 de mayo de 2001, Acervo Documental del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Autónoma de Baja California (en adelante ad-iih-uabc), Archivo de la Palabra, ref. pho–tct /1 / 37 (1).

[5] Entrevista realizada a Rosa Martha del Ángel de Apodaca por Leticia Bibiana Santiago Guerrero, el 9 de abril del 2001, ad-iih-uabc, Colección Archivo de la Palabra, ref. pho–tct /1 / 23 (1).

[6] Entrevista realizada a Manuel Cota Serrano por Héctor Mejorado de la Torre, el 28 de mayo de 1998. La trascripción se encuentra en el ad-iih-uabc, forma parte de los trabajos presentados en el Taller de Historia Oral de la Escuela de Humanidades de la uabc.

[7] Rodolfo Cruz Piñeiro y Elmira Ybáñez Zepeda, “La dinámica…”, op.cit., p.24.

[8] Entrevista realizada a José Manuel Jasso Peña por Leticia Bibiana Santiago Guerrero, el 17 de mayo de 2001, ad-iih-uabc, Archivo de la Palabra, ref. pho–tct /1 / 37 (1).

[9] Entrevista realizada a Rosa Martha del Ángel de Apodaca por Leticia Bibiana Santiago Guerrero, el 9 de abril del 2001, AD-IIH-UABC, Colección Archivo de la Palabra, ref. PHO–TCT /1 / 23 (1).

[10] Cruz Piñeiro, Rodolfo y Elmira Ybáñez Zepeda, “La dinámica…, op. cit., p. 21.

[11] García Leos, Norma y Guillermo B. Álvarez de la Torre, “Vivienda y servicios públicos”, en Catalina Velázquez Morales (coord.), Baja California. Un presente con historia, tomo ii, Mexicali, uabc, 2002, pp.325 y 329.

Modesto Sánchez Mayón (1897-1987) Fundador de la estación misional “Santa María” de Tecate

Padre Modesto

 

Por Emilio Sánchez Pérez

Atengo es un pueblo precolonial perteneciente al estado de Jalisco, que cuenta con una población  de tan solo 4918 habitantes, la palabra Atengo proviene del dialecto náhuatl y significa “en la orilla del agua”
perteneció al  cacicazgo de Tenamaxtlán Jalisco al que había que rendirle tributo, fue habitado por indígenas toltecas, adoraban a un ídolo al que llamaban Pupuca, porque según echaba humo por los ojos y la boca.

Fue conquistado por Francisco Cortes  de San Buenaventura en 1525.
Con el decreto número 1859, que corrió por orden del gobernador Don Manuel Bouquet, se erige en municipio con fecha 31 de mayo de 1918, anexándole la comisaria de Soyatlán. En este pueblo agricultor, dedicado exclusivamente a la siembra de maíz, frijol y sorgo, nació el 15 de Junio de 1897, Modesto Sánchez Mayón, mayor de una familia numerosa a la que sobrevivieron dos miembros más Eleodoro y María Paula, hijos de don Félix Sánchez y doña  Leandra  Mayón.

En cuanto a lo académico recibió el conocimiento  de los números y las primeras letras en su tierra natal el primer año lo curso en una escuela oficial, los años pendientes para concluir si instrucción primaria los estudio en una escuela parroquial, en la que muy probablemente encontró la vocación para estudiar el sacerdocio, en 1910 murió don Félix, lo que vino a ser más delicada la  situación económica para la familia, aunado a esto, un pueblo que no presentaba ninguna posibilidad de trabajo para salir adelante, tomaron el acuerdo de emigrar a Tenamaxtlán, que ofrecía un amplio campo de empleo, al llegar Leandrita, como cariñosamente le llamaban lo presentó con don Francisco Lepe, párroco del pueblo diciéndole “yo quiero que mi hijo estudie para cura” “mire Leandrita si Modesto tiene vocación para sacerdote, Dios lo llamara para que siga sus estudios superiores”. No se veía por donde se cumpliera el sueño de ver vestido portando los hábitos sacerdotales al joven Modesto, por la precaria situación económica en la que vivía la familia, sin embargo doña Leandrita no perdía la fe y con ahínco prestaba sus servicios domésticos  en una casa del pueblo, por su parte el joven modesto a su corta edad de trece años se dedicó a trabajar como aprendiz  de hojalatero  y en la fabricación de velas de cebo.

Pasado el tiempo milagrosamente se establece un seminario en Tenamaxtlán, esto vino a facilitar un poco las aspiraciones del joven, entre las duras y maduras por la escasez  de dinero logró inscribirse y terminar satisfactoriamente los estudios preparatorios en 1917.

El paso siguiente fue trasladarse a continuar sus estudios  de filosofía en el seminario de Guadalajara, donde vivió cuatro años al lado de su inseparable familia.

Las autoridades eclesiásticas conocían amplia mente las cualidades del seminarista, por lo que el Obispo  Dr.  Silvino Ramírez  Cueva, lo invita en 1921 a Baja California Sur de la cual eclesiásticamente era el responsable. Correspondiendo a la cortesía de esta autoridad sureña, viajó al frente de tres diáconos más originarios de Guadalajara, Francisco M. Cabral, Gabino G. García y Lucio Sevilla. A su llegada, el 10 de Diciembre del mismo año, el señor Obispo lo cuestionó ¿qué es lo que lo lleva a Baja California Sur?  Sin pérdida de tiempo le contesto “la gloria de Dios y la salvación de las almas”.

El proyecto era fundar un seminario en la ciudad con los cuatro diáconos del estado de Jalisco y 10 más originarios de la Paz. La obra inició 9 meses después del arribo de los Jaliscienses, pero lamentablemente el día 15 de septiembre de 1922 muere el Obispo Ramírez Cueva. El proyecto quedó en la nada, los diáconos se trasladaron al seminario de Culiacán Sinaloa, apoyados por el padre Alejandro Ramírez, sobrino del Obispo fallecido.

Finalmente es en este seminario donde el anhelo del seminarista se cumplió. Fue ordenado sacerdote el día 19 de septiembre de 1925, y a la vez el sueño  de doña Leandrita fue cristalizado. Acto seguido regresó a Guadalajara donde estaba su mamá y hermanos, una vez reunidos se trasladaron a su tierra natal donde hubo fiesta por el regreso del hijo predilecto de Atengo. Allí ofreció su primera misa “cantada” el día 7 de octubre del mismo año.

El deber como siervo del Señor lo llamaba a Baja California Sur, en compañía de su mamá y hermanos arribó el día 8 de Diciembre  a Santa Rosalía, donde aprovechó la estancia para celebrar su primera misa en la Península. Antes, en su ruta dejó establecidos en el seminario de Culiacán Sinaloa a un grupo de jóvenes  paisanos motivados por seguir su ejemplo, así como a los tres diáconos de Guadalajara que lo acompañaron en el primer viaje a la Península, quienes también lograron  su ordenación en el mismo seminario.

Después del  primer antecedente documentado en Santa Rosalía, viajó hacia el sur sembrando su obra evangelizadora en cada rincón, ranchos, islas y misiones en las que se enlistan: Loreto, San Javier, Santa Rosalía, Todos Santos, rancho El Coyote, El Carrizalito, San Andrés, Agua Verde, Los Dolores y  valiéndose de la embarcación “Edna Rosa” se transportaba para llevar el ministerio a los feligreses que habitaban en isla del Carmen.

A finales de 1939, monseñor Felipe Torres Hurtado fue nombrado Vicario en Baja California y cambió la sede a la Ciudad de Ensenada, Baja California llevándose de compañero al padre Modesto. El 8 de Diciembre fundó el Seminario Misional de Nuestra Señora de la Paz en esta Ciudad, el padre Modesto ocupó el cargo de Vice-rector y catedrático de 1940 a 1941, también fue párroco en la iglesia del Inmaculado Corazón de María, durante este periodo fundó una capilla dedicada al Santa Teresita de Jesús y fue nombrado párroco de Tecate, Baja California y Oficial Mayor de la Secretaría del Vicariato General de Tijuana. Durante su estancia en Tecate fundó la Estación Misional  “Santa María” de Tecate el 15 de agosto de 1941, y participó en compañía de Monseñor Felipe Torres  Hurtado en la fundación también del pequeño templo católico en Valle Redondo, también se ocupó entre otras cosas de fundar el Colegio Juan María Salvatierra el día 19 de Julio de 1945, atendido por el grupo  de religiosas “misioneras hijas de la Purísima Virgen María “ integrado por la hermana María Lourdes Félix Balderrama , hermana María Victoria Navar, hermana Consuelo Ocampo, hermana Francisca Vivanco y hermana Felicitas Montes quienes con la participación de la  señora Leandra Mayón  viuda de Sánchez y Carmen Romo formaron el cuerpo de docentes de la institución.

Entre sus obras materiales  destaca la reconstrucción de la Misión de Loreto que estaba en ruinas, dejándola en óptimas condiciones para el ministerio de la evangelización.

Por su legado histórico y espiritual diseminando en cada rincón de nuestra Península fue el mérito para que los Baja Californianos Sureños lo reconocieran como  el último misionero, que dejo de existir el 26 de junio  de 1987.

En memoria a su fructífera trayectoria  en el campo de la evangelización  se realizó este trabajo que tiene como respaldo de referencia  dos visitas a la ciudad de Loreto donde se tuvo acceso a los archivos de la Misión y las  entrevistas realizadas a la familia Arce de origen Loretano, amigos del padre Modesto Sánchez Mayón.

A don Jesús flores q.e.p.d. por sus testimonios aportados.

A Jorge Manuel Alcina de la Torre por las imágenes  proporcionadas.

Asimismo agradecemos a las autoridades eclesiásticas  y personal del archivo parroquial de la iglesia de nuestra Señora de Guadalupe.

Ojala sea de beneficio esta publicación para todos aquellos que tuvieron la fortuna de haber convivido  con el  padre Modesto Sánchez  Mayón.