PIONEROS COLONIZADORES Y ESPACIOS DE OCUPACIÓN

Por Emilio Sanchez Perez

Cronista de la ciudad de Tecate

Hay que tener presente, que estos datos fueron producto de la metodología oral, narrados como verdaderos. Lo que ahora nos queda claro, es que estas dependencias están ubicadas en terrenos de los Villagrana que tuvieron en propiedad las parcelas 12 y 13. Desde luego, esto nos compromete a saber en cuál de los predios estaban instaladas las granjas, ya que el objetivo en nada varió: Producir en beneficio del pueblo.

n la edición anterior se publicó el plano que corresponde a la parcela número 14, donde se desarrolló el rancho de Don Ramón Contreras Preciado. Al investigar qué colonias o qué fraccionamientos se asentaron en el predio, nos dimos cuenta que muchos años atrás y muy recientemente, se ha cometido el error de acreditarle a la familia Contreras, la donación del espacio que ocupa La Casa de la Cultura y otras instituciones culturales, así como algunas dependencias federales de gobierno.

Como ya lo hemos dado a conocer en otras ocasiones, uno de los principales asentamientos fue la popular “Colonia Militar”. La que sus pobladores orgullosamente refiriéndose a este espacio la nombran o mencionan como “La Mili”.

Ampliación militar, es una  segunda sección que inicia a la caída del pequeño cerro rumbo al Este, donde están construidas las últimas casas. A partir de estas viviendas, se aprecia una planicie convertida temporalmente en espacios deportivos.

El bulevar Colosio divide dos históricos predios, que tienen como referencia el cerro del “Lobo” conocido con el nombre cerro de “La Nopalera”. Hacia el Oeste quedó el “Rancho Contreras” y al Este, el “Rancho El Descanso”, que fue propiedad del militar José de Gracia Félix (Personaje del que escribiremos brevemente, sobre su arribo a Tecate).

Otro de los puntos de este predio en referencia, es el parque de la Colonia Guajardo, donde se ubica la Estación de Policía.

Pasando el río cercano a los campos de fútbol,  se encuentra una lanzadera, sólo que ésta opera con camiones de carga pesada, propiedad al parecer de la familia González.

A corta distancia del río Tecate nació “Quinta Herminia”, un complejo habitacional, con sello de distinción de elegancia para la época. Fue en su tiempo un proyecto muy ambicioso, planeado por el señor Angulo y la señora Mini (su esposa).  La idea fue construir  cierta cantidad de casas para rentarlas, lo que vendría a representar el bienestar familiar en el futuro.

El señor Angulo era un funcionario público en Estados Unidos, por lo que sus servicios eran muy bien remunerados y contaba  con el recurso económico para la inversión. La señora Mini era propietaria de la tierra -herencia de los abuelos-, lo que permitió que el plan  fuera coronado con éxito.

Como referencia en el presente, “Quinta Herminia”, proyecto de sueños y esperanza está rodeada de añejas palmeras, arboledas eucalípticas y árboles de otras especies, situada entre la calle Zaragoza y privada “Quinta Herminia” (Nombre que honra la memoria de uno de sus propietarios), dejando como testimonio lo hecho en el pasado.

Patrimonio de un presente, en sí, esto fue lo que logramos encontrar en el espacio de ocupación de la parcela número 14 del señor Ramón Contreras Preciado. Predio en el que aun como buenos administradores, sus herederos cuentan con algunos espacios para la venta.

Uno de los grandes anhelos de la señora Emilia (Nieta de don Ramón), fue que algún día las autoridades fijaran la vista en aquellos hombres  que acortaron distancia desde su lugar de origen en carretas, caballo y mula; en busca de un espacio de  paz para vivir al lado de sus familias, con las que en su mayoría hicieron el viaje y que dieron origen al hoy convertido Pueblo Mágico de Tecate.

Cada uno de estos hombres tiene el mérito según su aportación. Unos recibieron tierras y las vendieron, otros las abandonaron.

Doña Emilia Romero, murió sin ver cristalizado su sueño de que se les hiciera justicia a los fundadores del pueblo, entre ellos su abuelo (quien es un claro ejemplo de aquellos pioneros que se arraigaron  a estas tierras). 

Ojalá, en alguno de los espacios que están baldíos, pendientes por construir en la parcela número 14, se le dé un rinconcito en una calle, cancha deportiva o un fraccionamiento que lleve el nombre de “Don Ramón Contreras Preciado”; que se inmortalice la memoria de este personaje.

Me platicaba doña Emilia Romero, a quien recuerdo con mucho cariño, que cuando a su abuelo le señalaban  algún error cometido, sacaba a relucir su frase favorita “No soy monedita de oro de veinte dólares para caerle bien a todos”

José de Gracia Félix.

Militar de carrera, según testimonios nació en Álamos Sonora, en el año de 1820, a finales de la década de 1870.

Viajó a Tecate en compañía de su esposa, Juana Villa y sus hijos: Francisco, Margarita y Luis, nacidos en Los Ángeles Alta California, respectivamente en los años 1870, 1872 y 1874. En Tecate, nacieron Sixto, en 1880; Benito, en 1883 y Paz, en 1884.

Don José de Gracia Félix, recibió del gobierno la parcela número 17 que formaba parte del censo de las 54 parcelas que integraba inicialmente la Colonia Agrícola de Tecate. Con una superficie de 85.50 hectáreas, colindando al Norte con las parcelas numero 15 (propiedad de don Antonio Solís), donde se encuentra el panteón municipal número 1 “San Ignacio” (que oficialmente este sería el nombre correcto). Hacia el mismo rumbo, también colindaba con la parcela 16 que le perteneció al señor Jesús Félix (cuñado de Joaquín Murrieta “El Patrio”)

Lo anterior, lo afirman fuentes consultadas; hacia el Este tenía como vecino a Juan de Dios Ortega, que contaba con el dominio de la parcela número 18. En cuanto al Sur, era limitado por terrenos codificados como bienes nacionales; el Oeste lo limitaba la parcela número 14 (propiedad ni más ni menos que de su yerno don Ramón Contreras Preciado, que le diera 7 nietos al contraer matrimonio con su hija Margarita).

El predio originalmente llevó el nombre “El Descanso”, donde florecieron las colonias “El Descanso”, “Ampliación Descanso” y una fracción de la colonia Cucapá. En estos asentamientos, se cuenta con la “Casa del Migrante”, oficinas de gobierno, Partida Militar, un comercio muy bien desarrollado, así como un templo católico a donde acuden todos los feligreses que profesan esa religión.

Justo detrás del recinto católico, en una pequeña loma estaba el panteón familiar de Los Félix, del que poco o nada importó a las autoridades  cuando les fue notificado de su existencia. Y no fue sino hasta el 2016, cuando las máquinas al rebajar el cerro, dejaron al descubierto algunas tumbas. Con reserva a la verdad, me atrevo afirmar que en ese panteón fue sepultado el sonorense de profesión militar, José de Gracia Félix, que falleció en Tecate el 14 de julio de 1896.    

LA NOMENCLATURA COMO INSTRUMENTO PARA PRESERVAR LA MEMORIA HISTORICA DE TECATE

Por Emilio Sánchez Pérez

Cronista de la ciudad de Tecate

Motivado por las dos propuestas relacionadas con este  tema próximas a exponer, por el regidor Alfonzo Cortez Ramírez,  las cuales consisten en cambiar el nombre al Gimnasio Municipal Gustavo Díaz Ordaz, por el “2 de Octubre”, y la segunda sustituir parcialmente el nombre de Callejón Libertad, por el de “Callejón del Músico” que comprende el espacio que ocupa entre la calle Lázaro Cárdenas del Rio y Pascual Ortiz Rubio, primeramente felicito al regidor por su iniciativa, pero es necesario que el pueblo  conozca su historia.

Abordar el tema es remontarnos al año de 1917, que es cuando tiene inicio oficialmente La Nomenclatura, que nace a la par con el primer periodo de los ayuntamientos, ocupando el cargo como presidente municipal el señor Roque Santana Sandoval, el primer trazo urbano fue realizado por los ingenieros Enrique Gil y Ernesto Ferrer, supervisada y autorizada por el primer urbanista que llego a Tecate, el señor Gonzalo Garita. Con una distribución de 21 manzanas, cuatro avenidas principales que corren de este a oeste y llevaron inicialmente las cuatro primeras letra del abecedario. La “A” conocida como la Hidalgo, la “B” avenida Juárez, la “C” Revolución, y la “D” avenida México, las calles transversales quedaron numéricamente registradas del uno al ocho.

La nomenclatura original quedo intacta hasta la llegada en 1919, del ingeniero Luis Pavón, quien le agrego al plano otros elementos como el señalamiento de terrenos vendidos, la avenida “A” se convirtió en Libertad, la numero uno cambio a calle Benito Juárez.

En 1923 Tecate pierde la autonomía municipal situándose en la nueva categoría de Delegación, es en este periodo que surge la brillante idea de que las calles llevaran el nombre de los pioneros  colonizadores, finalmente al mérito a sus esfuerzos y fundadores de este pueblo se les hizo justicia, destacan entre ellos don Ramón Salazar López, que dono el terreno para la construcción del parque Miguel Hidalgo, don José María Villagrana, primer profesor que llego a Tecate que vertió su talento en enseñar a leer y escribir a los niños y niñas hijos de los colonos.

En 1947 por orden de la autoridad se propone que las calles, callejones, inmuebles fechas que recuerden hechos históricos de nuestra patria deben llevar el nombre de héroes nacionales y personas que se hayan distinguido por sus méritos en bien de la comunidad. En este periodo la calle Libertad se suplió por Miguel Hidalgo, la calle “B” que fugazmente en un tiempo llevo el nombre de Reforma, se convirtió en avenida Juárez, la “C” en Revolución y la “D” en avenida México, acompañados con sus respectivos callejones, Libertad, Reforma y Madero, iconos y patrimonio intangible orgullo de nuestro Pueblo Mágico, con una antigüedad aproximada de 74 años, las calles que las cruzan de sur a norte entroncan con la México que corre paralela a línea internacional quedaron bautizadas         con el nombre que actualmente tienen de personajes que han ocupado la silla presidencial de nuestra República Mexicana, en todo este embrollo aparentemente la historia y el patrimonio pese a que no estaba regulado por alguna ley,  fue respetado por la comunidad que vivía como una sola familia.

En cuanto a las propuestas motivo de este trabajo, sugiero en  estos términos ser muy cuidadosos en el momento de tomar una decisión, en la primera comparto la iniciativa del regidor de eliminar la figura del expresidente Gustavo Díaz Ordaz, puesto que fue en  su periodo que se cometieron esos atropellos, conocida  como La Matanza de Tlatelolco o La Matanza del “2 de Octubre” nombre que se propone lleve el inmueble. Me di a la tarea de investigar un poco de los hechos ocurridos en  esas fechas de que si algún tecatense  fue víctima en el desarrollo del acontecimiento por fortuna todo fue negativo, por lo que me sumo a lo escrito por el Maestro Héctor Mejorado de la Torre, coordinador del Taller de Historia de Tecate A. C. que debía pensarse en un deportista que haya destacado local, nacional e internacionalmente, poniendo en la cima el nombre de Tecate, merito que lo haría acreedor  a que en premio el Gimnasio Municipal  lleve su nombre.

La segunda propuesta considerada la más delicada por el riesgo que se corre de aprobar el cambio de nombre al legendario e icónico Callejón Libertad, sustituido por el Callejón del Músico, hay que tener presente que esta vialidad tiene sello o etiqueta de aquellos hombres que nos dejaron como herencia el espacio del que hoy cómodamente estamos disfrutando, por lo que mutilar este espacio es tanto como no darle un valor a la historia y de paso un daño al patrimonio intangible, que  forman parte de nuestra identidad.

Si de algo ayuda a la propuesta, cito el periodo presidencial del señor Arcadio Amaya Campa, que ayudo a la fundación de la Colonia Guajardo, promovida por los lideres Armando Abarca y don Jesús Guevara, al recién nuevo asentamiento se fueron a vivir, CHILO el acordeonista del pueblo, el trio Ensueño integrado por los hermanos Flores, el Mariachi Tecate, Odilón López “El Maraquero” El Tacataca excelente grupo norteño conocido popularmente por el nombre Los Chachalacas, tenían su nombre artístico del cual no recuerdo y Virginia Domínguez “El Falsete de Oro” mote ganado por su hermosa voz en el programa Jueves de Aficionados. Esto dio origen a que en una enorme piedra al centro de la actual calle principal, había un letrero que textualmente decía Bienvenido a Hollywood, y desde luego que también en honor a ellos la parroquia de la colonia lleva el nombre de Santa Cecilia, patrona de los músicos, hay que pensar en un espacio digno de lo bonito de su oficio, pero sin lastimar la historia y el patrimonio cultural.

Pensémoslo muy bien al momento de emitir el voto, pero lo más aberrante de la Nomenclatura en Tecate, fue lo que sucedió en el trienio administrativo del XVl ayuntamiento, que por una decisión equivocada el pueblo de Tanama, con una historia de más de doscientos años, de tajo de un día para otro se le cambio el nombre por el de Delegación Nueva Colonia Hindú.

Expuesto lo anterior queda abierto al público para que emita su opinión.

Como apoyo a este trabajo y lo escrito por el Maestro Héctor Mejorado de la Torre, damos las gracias por este medio a CAREM (CAMINO REAL MISIONERO) representado por el señor Hernán Ibáñez Bracamontes, en el mismo tenor al Licenciado Alfonso Caballero Barragán, por sus valiosos consejos que nos impulsan a continuar por los senderos de lo que nos gusta hacer.

Pioneros colonizadores y espacios de ocupación (Parte 2)

Nevada de 1949, Tecate, Baja California.
Tomada de: Roberto Estrada/ El viejo Tecate (Facebook)

Por Emilio Sánchez Pérez / Cronista municipal de Tecate

En la primera entrega hicimos una somera narración sobre la región llamada Tecate por el pueblo nativo (así lo entendieron los misioneros y soldados) desde la fundación de la Misión de San Diego de Alcalá en 1769, a la que este territorio y los habitantes Kumiai que lo habitaban quedaron adscritos a su jurisdicción, hasta la consolidación de la Colonia agrícola de Tecate en 1892, año en que se realizó su plano con 54 predios. En esta segunda entrega damos una panorama general sobre la ubicación y propietarios de los predios, casas y negocios cercanos al actual primer cuadro de la ciudad.

Propietarios, predios y comercios

Teófilo Noris fue propietario de la parcela número 3 ubicada en la puerta y faldas del Cuchuma y la de mayor superficie de 190 hectáreas, don Teófilo le vendió el derecho a don Ignacio Federico, predio donde está asentado el rancho turístico La Puerta.

Jesús Valencia, propietario de la parcela número 10, en ella está ubicado el estadio Manuel Ceceña, la U.A.B.C, el parque Adolfo López Mateos, Colonia La Viñita y todo el espacio que ocupa el complejo industrial de cervecería, la parroquia de  Nuestra Señora de Guadalupe, las antiguas cantinas o comercios de la familia Santana, ubicadas entre Portes Gil y calle Miguel Hidalgo, como vecino distinguido de estos exitosos empresarios había una casita de madera habitada por su propietario el Griego Chale Vargues, donde descansaba los fines de semana después de marear por cinco días consecutivos con la preparación de tragos a los clientes que lo visitaban en un bar de San Diego, donde trabajaba. En general lo construido a partir de la calle Portes Gil, hasta la calle Carranza y delimitado al norte, por la avenida Hidalgo y al sur por el cauce de río.

Mapa 1. Ubicación del Lote 10 de Jesús Valencia y Lote 11, donde actualmente es el primer cuadro de la ciudad de Tecate

Por el mismo rumbo hacia el oeste se localiza el casco en pie de la construcción como mudo testigo de lo que fue el espacio donde don Alberto Tena Bonilla, almacenaba parte del vino producido en la empresa vitivinícola Bodegas Tanamá.

Entre Ortíz Rubio y carretera a Ensenada ocupaba la esquina el señor Loreto Chávez, con su gasolinera conocida con el mote, gasolinera el “Arbolito” que daba servicio a los carros que iban de paso y los pocos que había en la comunidad, la única calle principal para cruzar el pueblo, añejo camino de lejanos recuerdos donde dejaron su huella las diligencias que unieron los pueblos del este con los del oeste, luego la nomenclatura le puso sello lo etiquetó como avenida “A” posteriormente avenida libertad y actualmente avenida Miguel Hidalgo. La gasolinera del árbolito contaba con aquellas clásicas bombas graduadas numéricamente de arriba hacia abajo iniciando con el numero uno y descendiendo hasta el diez o veinte dependiendo de  la capacidad de la bomba, aquí no había pierde según lo que el cliente solicitara de combustible se veía claramente a través del cristal, vidrio o mica, que le estaban surtiendo legalmente el litro por litro y no el tan comentado fraude de pagar usted un precio por litro y le servían 800 mililitros.

Enseguida del predio de don Loreto Chávez había un lugar baldío que en un tiempo fue acondicionado como lugar de eventos conocido como Mi Ranchito, donde según testimonios se presentaron caravanas artísticas, bodas, 15 años, tardeadas y bailes de corte popular. El nuevo giro en el mismo lugar tenía un rostro juvenil fuente de sodas y aguas frescas, antojitos mexicanos, contaba con una enramada y fuera de ella había lugar para comer al aire libre o refrescarse con las bebidas que se expendían, a esta innovación se le llamó “El Golfito” que tenía un buen espacio en miniatura  para practicar este deporte, era muy frecuentado por jóvenes de ambos sexos por las tardes principalmente entre semana, sábado y domingo eran días con más libertad en compromisos en los que se aprovechaba para acudir y divertirse en las tardes y mañanas, había una sinfonola o diezera, que no dejaba de tocar los éxitos del momento que las parejas saltaban a la pista de baile a ejecutar sus mejores pasos a ritmo twist, rock and roll o bossa-nova, estos pesados muebles que traían la música por dentro también conocidos con el nombre de rockolas, las trajo de la ciudad de Tijuana don David Velásquez, fue la novedad en aquellos años de los cuarenta y tanta la aceptación de la gente que en cada café o restaurante por más pequeño que este fuera contaba con un aparato de estos para alegrarse el momento escuchando música, que solo era necesario depositarle diez centavos oro para escuchar una canción, o si prefería aprovechar la oferta había que ponerle una peseta la que por ese costo escuchaba tres melodías ahorrándose la nada despreciable cantidad de cinco centavos oro, lo que significaba el 50 % para comprar en la década de los sesenta un delicioso chocolate snickers, milkyway o cualquiera de esta línea.

El Golfito tuvo a su lado la grata compañía de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe fundada en 1957 y La Estación Misional de Santa María de Tecate, fundada en 1941, hasta que este centro de diversión familiar cerró sus puertas. Vecinos de estos recintos católicos se localiza la familia González Mata, familiares de los pioneros colonizadores Valencia y González, forjadores de este pueblo.

Nevada de 1949, Tecate, Baja California.
Tomada de: Roberto Estrada/ El viejo Tecate (Facebook)

A partir de la  propiedad de la familia González y hasta la calle Plutarco Elías Calles se construyeron una serie de casas que en su estado original tenían al parecer la misma arquitectura o casi iguales, por lo que se  llegó a considerar esta zona iconográficamente por su singular arquitectura. En este icónico espacio habitacional lo ocupa por una parte el señor Javier Fimbres Durazo y familia, al igual que el popular charro Gómez, y en la esquina que forman las calles Hidalgo y Elías Calles, vive con su familia José Refugio González Guevara, que tiene como vecino en la siguiente esquina al señor Chacho Valencia, nieto de don Jesús Valencia, en esta misma parcela número diez, está la casa de madera icono de la ciudad donde vivió doña Margarita Sandez, a un lado de este inmueble se encuentra el edificio de la antes Nacional Cafetalera, fundada en el año de 1959, por el señor Pedro Collantes Valdivia, tras cervecería hacia el sur se localiza entre vías el edificio de la estación del ferrocarril, que aparece por primera vez en los anales de la historia el once de septiembre de 1914.

Casa donde vivió Margarita Sandez ubicada a escasos 30 metros de Cafetalera Nacional

Finalmente esta es una  breve parte de la historia que se desarrolló en la parcela número once propiedad de don Jesús Valencia, del que también  muy poco se conoce de él, se sabe que nació en el Estado de Sonora, pero dos pueblos están en la disyuntiva de su identidad, según entrevista realizada a uno de sus familiares de avanzada edad, narró que don Jesús nació en el pueblo de Barajitas, el segundo Estación de Llanos, en el rastreo de conseguir más información, logré enterarme que Barajitas no existe como pueblo, en tanto Estación de Llanos, es un pueblo pequeño de aproximadamente 2000 habitantes, que pertenece jurídicamente al municipio de Santa Ana, Sonora por lo que es muy probable que este sea el pueblo donde nació. Se unió en matrimonio con Eulalia Bustamante, entre sus hijos es notoria la participación de don Capracio Valencia, en la defensa de Tecate, en la invasión filibustera en 1911, a grado tal que el coronel Celso Vega lo invitó a colaborar muy de cerca, como hombre de su confianza para la entrega de todo tipo de correspondencia al lugar donde fuera necesario, cargo que no le fue difícil ejercer pues era un reconocido andador, recorriendo caminos, brechas, veredas y atajos.

Pues bien, esto es lo que al momento se pudo rescatar de este predio y de sus gentes para que conozcan al menos un poco de la historia de cómo fue evolucionando el pueblo.

Historias perdidas bajo los escombros

Por Héctor Mejorado de la Torre

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en 1986, publicó el Catálogo Nacional de Monumentos Históricos Inmuebles correspondiente a Baja California. Según nos narran en la introducción de la obra, fue el resultado de un año de trabajo y se dividió en tres etapas: En la primera se recopiló información bibliográfica, gráfica, documental y de archivo; en la segunda se realizó el trabajo de campo, dos grupos recorrieron los municipios del Estado. Cada grupo estuvo conformado por cinco personas: Un catalogador, un fotógrafo y tres técnicos, integrados por personal del INAH, de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) y de su entonces Museo Regional, quien dependía de la Dirección General de Extensión Universitaria.  Un equipo fue al municipio de Ensenada (el más extenso del estado), y el otro, a los de Mexicali, Tecate y Tijuana (recordemos que Playas de Rosarito fue delegación hasta 1995) para hacer el trabajo de campo que consistió en obtener los datos mínimos necesarios para conocer los inmuebles históricos que sería el punto de partida para su protección legal; la última etapa consistió en el diseño e impresión del texto final de más de 700 páginas. 

¿Qué es un Monumento Histórico Inmueble?

De acuerdo con la Ley Federal de Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, son monumentos históricos los bienes vinculados con la historia de la nación, a partir del establecimiento de la cultura hispánica. Ahora bien, monumentos históricos inmuebles son aquellos construidos en los siglos XVI al XIX, destinados a templos y sus anexos; arzobispados, obispados y casas curales; seminarios, conventos o cualesquiera otros dedicados a la administración, divulgación, enseñanza o práctica de un culto religioso; así como a la educación y a la enseñanza, a fines asistenciales o benéficos; al servicio y ornato públicos y al uso de las autoridades civiles y militares. Es importante aclarar que las poblaciones de nuestro Estado son jóvenes comparadas con aquellas del centro del país; además, para el momento de su publicación, Baja California no contaba con una ley para la preservación del patrimonio cultural, ésta fue publicada hasta 1995. Dada esta carencia, el Catálogo publicado por el INAH integró construcciones del siglo XX.

Monumentos Históricos Inmuebles de la Ciudad de Tecate

El Catálogo Nacional de Monumentos Históricos Inmuebles correspondiente a Baja California inventarió diez inmuebles, los enlistamos a continuación: casa Familia Downey (1911), casa de la familia Romero (1907), casa de Lerdo González (1911), Estación del ferrocarril (1914), las ʺcasas igualesʺ (1922), casa de Mariquita Santana (1920), edificio de la Compañía Mexicana de Malta (1929), casa Alberto V. Aldrete (1929),Estación Misional Santa María de Tecate (1941) y Mojonera 244.

En la actualidad hemos perdido cinco de esos monumentos: Las casas de Lerdo González, Mariquita Santana, Alberto V. Aldrete y las ʺcasas igualesʺ.  Construidas durante la primera mitad del siglo XX, en primera instancia fueron utilizadas como viviendas de familias y personajes icónicos para la historia local y una más ha sido parcialmente destruida. Algunas de ellas mantuvieron la función para la que fueron edificadas, pero otras con el tiempo fueron utilizadas para diversos giros.

Entendemos que no se trata de preservar por preservar lo viejo, aquello que nos evoque tiempos mejores o épocas de antaño. El objetivo es preservar bienes inmuebles que sean el escenario de acontecimientos memorables para la comunidad y/o que por su diseño, materiales, tipo de construcción nos marque una época o etapa en la historia de la urbanización local y/o que haya sido habitada por un personaje presente en la memoria colectiva de los tecatenses por acciones positivas, sobrestantes y en beneficio de la comunidad; pero además, el bien inmueble debe tener una función sea para uso de particulares o para uso comunitario.  

Las que se han preservado

En la actualidad permanecen, unos en mejor estado que otros, cinco de los monumentos del catálogo, siendo la Estación Misional Santa María de Tecate la que se encuentra en proceso para ser reconocida como patrimonio cultural de Baja California. Para ello se presentó un expediente con la historia del inmueble resaltando su importancia no solamente religiosa, sino social en el devenir de nuestra comunidad. Uno más es la Estación del Ferrocarril, mientras que el tren llegó a Tecate en 1914,  el edificio del Ferrocarril Tijuana –Tecate se inauguró cuatro o cinco años más tarde, formó parte del Ferrocarril San Diego – Arizona, proyecto que inició su construcción el 7 de septiembre de 1907 para culminar 12 años después. El 16 de noviembre de 2019 se conmemoró el 100 aniversario del final de la construcción de la vía férrea. Este edificio forma parte de un proyecto binacional, único en la frontera norte de México durante la época de la Revolución Mexicana. Además de sus particularidades arquitectónicas que la conectan con una modelo de construcción implementada en Estados Unidos. Otras casas habitación que todavía podemos observar si ponemos atención mientras recorremos las calles y avenidas de Tecate son las casas de la Familia Downey y Familia Romero. La primera importante en la historia durante la revuelta de 1911 y la segunda, construida en 1907, nos permite acercarnos a un modelo de arquitectura de la que en nuestra ciudad ya pocas de ellas podemos encontrar en los callejones. Por último mencionaré la mojonera 244, que en realidad es un ejemplo de todas aquellas mojoneras que fueron construidas para delimitar el territorio de México y Estados Unidos.   

Una más ha sido parcialmente derribada, el edificio de la Compañía Mexicana de Malta construido en 1929, solamente mantiene la torre. Este inmueble representa una época embrionaria de la industria de nuestra localidad quien por ferrocarril llevó su producto a cerveceras nacionales y exportó a Estados Unidos convirtiéndose en un importante centro de trabajo para la población durante las décadas de 1920 al 1950.

Las historia perdidas

Lerdo González formó parte del grupo de tecatense que tomó las armas para defender el territorio en 1911, parte de la casa original fue movida de lugar, dos cuartos de pequeñas dimensiones, completamente de madera siguieron funcionando como casa habitación por algún tiempo, posteriormente se convirtió en asadero – taquería hasta que un buen día nos sorprendió la noticia que había sido consumida por las llamas.

La casa de Mariquita Santana, ubicada atrás de la central camionera, de dos pisos de madera también fue demolida para construir una plaza comercial. Con esto no queremos dar a entender que estamos en contra de la modernidad o que deseamos preservar el Tecate del siglo pasado, no. Consideramos que por su céntrica ubicación y el alto valor comercial de los predios resulte buen negocio tanto para el que compra como para quien vende. Entendemos que no se trata de preservar un bien inmueble por la simple razón de tener sesenta u ochenta años de antigüedad, debe de ser una construcción que tenga una función, que sea útil y con algún beneficio por su preservación. También hay que valorar el estado de la estructura y de los materiales utilizados para su construcción.

Por ejemplo, se dice que Don Alberto V. Aldrete adquirió su casa en una exposición en Estados Unidos, la transportó y ensambló en el terreno adyacente a su compañía cervecera. Una casa amplia de madera, dos plantas, grandes ventanales y terraza con vista a la avenida Miguel Hidalgo. Años más adelante fue cede del restaurante ʺPueblo Viejoʺ hasta que fue consumido por las llamas en la década de 1980.

Otro ejemplo reciente son las “Casas iguales”, ubicadas también sobre la Ave. Hidalgo, de acuerdo al registro originalmente fueron casas habitación pero a partir de 1922 fueron sede de oficinas de Gobierno, cuando Tecate era Subdelegación las que permanecieron hasta la erección del Estado en 1952, año en que pasó a ser Delegación Municipal, durante la década de los ochentas ocuparon las oficinas de SAHOPE y oficinas de Telégrafos, fueron derribadas para desarrollar un proyecto comercial.

Nuevamente puntualizo, no esperamos que se detengan proyectos de inversión, que seguramente traerán grandes beneficios económicos a Tecate, simplemente deseamos manifestar que lo moderno no debe estar peleado con lo antiguo, debe haber un punto medio donde ambos pueden coexistir. Los invito a recorrer las calles de Tecate, poner atención al paisaje, intentar escuchar las historias que los inmuebles nos quieren contar, recordemos cómo se han modificados los usos de algunos de ellos, hagámoslo antes que sus historias perezcan bajo los escombros.

Archivo Histórico Municipal ¿Necedad o necesidad?

Por Héctor Mejorado de la Torre

El pasado 15 de junio del 2018 fue publicada en el Diario de la Federación  la Ley General de Archivos, esta sustituyó a la Ley Federal de Archivos a partir del 15 de junio de 2019. El objetivo de esta ley es establecer los principios para la organización,  conservación, administración y preservación homogénea de los archivos en posesión de cualquier autoridad, entidad, órgano y organismo de los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial, órganos autónomos, partidos políticos, fideicomisos y fondos públicos, así como de cualquier persona física, moral o sindicato que reciba y ejerza recursos públicos o realice actos de autoridad de la federación, las entidades federativas y los municipios. Otro de los objetivos de esta ley es garantizar el acceso a la información, así  complementando la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública.

Esta es una buena noticia para quienes nos apasiona la historia; si bien es cierto que los archivos ya se encuentran protegidos por la Ley Federal de Archivos y en la legislación local por la Ley de Preservación del Patrimonio Cultural del Estado de Baja California, esta nueva ley deja claro que todas las instituciones públicas y privadas que reciben dinero federal para su funcionamiento o para algunos de sus programas  están obligadas a preservar sus archivos.

            Aunque la ley establece una serie de archivo que garantiza la línea de custodia del documento desde el momento de su producción hasta su almacenamiento en un archivo histórico o su destrucción, en esta ocasión nos enfocaremos a los Archivos Históricos.

Pero ¿Qué es un archivo histórico? ¿Cuál es su función?

Los archivo históricos son instituciones de carácter público que tienen como finalidad rescatar, clasificar, atesorar, conservar, gestionar, catalogar, custodiar y poner a disposición para la consulta pública, la documentación patrimonio de la una comunidad.

De acuerdo con el Artículo 4, numeral VIII de la Ley General de Archivos, un archivo histórico es aquel integrado por documentos de conservación permanente y de relevancia para la memoria nacional, regional o local de carácter público. Esto le da otra dimensión, deja de ser un espacio olvidado lleno de papeles organizados para que puedan ser consultados por un reducido número de personas interesadas por el pasado y demás curiosidades. Ahora, son el espacio donde se resguarda la Memoria nacional, regional o local, es decir, es un espacio vivo que resguarda algunas piezas del rompecabezas que es la historia y cuya información está organizada y disponible para su interpretación.

Por otro lado, la documentación producida por las dependencias de los tres niveles de gobierno, así como por aquellas instituciones políticas, culturales, educativas y sociales se considera patrimonio cultural que debe ser preservado por cada uno de ellos y bajo los criterios establecido en la ley y su reglamento deben ser de acceso libre y gratuito. Esto abre una nueva posibilidad para indagar sobre temas poco o escasamente explorados por falta de fuentes documentales.

            De acuerdo con lo establecido en el Artículo 9 de la ley: Los documentos públicos de los sujetos obligados tendrán un doble carácter, son bienes nacionales con la categoría de bienes muebles, de acuerdo con la Ley General de Bienes Nacionales; y son Monumentos históricos con la categoría de bien patrimonial documental en los términos de la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos y de las demás disposiciones locales aplicables, como la Ley de Preservación del Patrimonio Cultural del Estado de Baja California.

En el artículo 32 establece que los archivos históricos recibirán las transferencias secundarias, organizaran  y conservar los expedientes bajo su resguardo; deberán brindar servicios de préstamo y consulta al público, así como difundir el patrimonio documental; también deberán establecer los procedimientos de consulta de los acervos que resguarda; deberán Implementar políticas y estrategias de preservación que permitan conservar los documentos históricos, aplicar los mecanismos y las herramientas que proporcionan las tecnológicas de información para mantenerlos a disposición de los usuarios.

Los miembros del Taller de Historia de Tecate, A. C. desde nuestra constitución hemos pugnado por la creación de un archivo histórico municipal; debemos reconocer que los presidentes municipales a quienes se los hemos planteado han mostrado gran interés; algunos han mostrado mayor iniciativa que otros; sin embargo, las prioridades del gobierno, la escases de recursos, los desastres naturales, entre otros han evitado que este proyecto se vea materializado. A partir del 15 de junio del 2019 es obligatorio contar con un archivo funcional, organizado y en el caso del Archivo Histórico con acceso público y gratuito para los ciudadanos. Esperamos pronto ver cristalizado un espacio digno para preservar la memoria y el patrimonio documental de los Tecatenses.

Esbozo sobre la identidad tecatense (Parte 2)

Por Hector Mejorado de la Torre

En la primera entrega mencioné nueve elementos que considero forman parte de la  identidad comunitaria de los tecatenses: las piedras, el encino, el Cuchumá, la estación del ferrocarril, el parque Miguel Hidalgo con su kiosco, la estación misional Santa María de Guadalupe, la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, la Romería de Verano y el parque “Los Encinos”. En esta última entrega sobre el tema podré a su consideración el baile de Cuadrillas, el pan, la vid, el olivo, la cerveza y la planta cervecera.

Antes de iniciar con la segunda entrega me parece pertinente retomar un comentario que realizó uno de nuestros lectores. Hablando de las piedras que nos rodean, pase por alto que en nuestra comunidad estos elementos geográficos han dado nombre a colonias, caminos y ranchos, por ejemplo: Fraccionamiento El Pedregal, El paso del águila y Colonia Luis Echeverría Álvarez, mejor conocida como El Hongo, en referencia a una piedra ubicada en ese poblado.

Bien, dicho lo anterior continuamos con la segunda y última entrega sobre el tema en la cual pongo a su consideración los siguientes elementos: la vid, el olivo, el pan dulce, baile de las cuadrillas, la cerveza y la planta cervecera.

Hace unos 40 años atrás era normal ver en los patios y jardines de las casas parras de uva y olivos. El jardín de la casa de mis padres contaba con dos grandes parras que año con año nos favorecía con unas uvas grandes y verdes; y otra de ellas con uvas pequeñas y moradas. Nunca en mi familia se intentó hacer vino, eso sí aprovechábamos el fruto para hacer un delicioso y dulce jugo. Parte de los árboles de nuestro jardín, además de los granados, los duraznos, las peras, se encontraba el árbol de olivo.

De todos aquellos árboles, el único que continua en pie es el olivo. Durante la década de los 30 y 40 se popularizó el cultivo de la vid aquí en Tecate, para la producción de vino. Grandes extensiones de tierra estaba cubiertas por parras de uva y en menor medida de olivos, poco a poco fueron absorbidos por la mancha urbana, actualmente son el Fraccionamiento El Pedregal, Colonia Federal, Colonia Moderna y Colonia Downey. Este binomio tiene una explicación técnica, el olivo era plantado con el objetivo de crear una barrera protectora contra los fuertes vientos y así evitar, en lo posible, los daños a las parras. Esta tradición se fue desvaneciendo conforme la mancha urbana creció, las plantas fueron cortadas y cubiertas por el asfalto y el cemento. Sin embargo, con la Ruta del Vino y el nombramiento como Pueblo Mágico ha tomado un nuevo auge, con diferentes matices pero nuevamente la presencia de la vid y olivo empieza a regenerarse.

El pan de Tecate ha logrado posicionarse y mantener su prestigio a lo largo del tiempo. Aunque esto tiene sus asegunes (diría mi abuela), si bien es cierto que el pan de Tecate es conocido y buscado por los visitantes, la realidad es que se refieren específicamente a una panadería. Esta tradición empezó a gestarse a partir de 1969 cuando abrió sus puertas El Mejor Pan. Desde luego que no fue la primera que se instaló en el pueblo, pero quizá por su ubicación céntrica, sobre la avenida principal y desde luego su sabor rápidamente se posicionó en el gusto de la comunidad y los visitantes. Con el paso de los años El Mejor Pan de Tecate se ha ganado reconocimientos nacionales e internacionales. Esto no quiere decir que las demás panaderías instaladas en la localidad no tengan buen pan, de calidad y sabor, pero sin duda la que ha evolucionado presentando cada vez mayor variedad en su repostería, diversidad en sus materias primas y presentaciones es el Mejor Pan de Tecate. Llámelo usted mercadotecnia, publicidad, estrategia de ventas o visión empresarial pero es innegable que esta fama del pan tecatense se ha forjado sobre esa empresa icónica de la ciudad. En lo personal considero que el Ayuntamiento no ha logrado consolidar la fama que dicha panadería ha generado y con ello cobijar al resto de panaderías instaladas en el municipio. Se han realizado algunos intentos como Expo-pan o con mayor éxito en el Festival de Día de Muertos; sin embargo, todavía falta un evento donde el pan sea el objeto central de la convivencia y no un accesorio o acompañamiento.

La empresa icónica de la ciudad fue fundada en 1944, por Alberto V. Aldrete. Desde su apertura, Cervecería Tecate se involucró en la problemática de la comunidad, invirtió en tubería para agua potable, en pavimentación de calles y mantenimiento de carretera Tijuana – Ensenada, equipo de bomberos, consultorio médico, patrocinó al equipo de béisbol Los Cerveceros, además de ser una importante fuente de trabajo. Cuando fue adquirida por Cervecería Cuauhtémoc en 1954 continuó con la cercanía y patrocinio a la comunidad, en esa segunda etapa se se conformó la banda de música, el grupo de teatro, el equipo de charreada y diversos eventos deportivos y turísticos como el paseo Ciclista Tecate – Ensenada y la Pamplonada. Lo anterior propicio que la comunidad viera en la empresa una cercanía, pero sobre todo una reciprocidad y compromiso social. Vinculada a ella se encuentra la Cerveza Tecate, producto que tomó el nombre de la ciudad y que Cervecería Cuauhtémoc – Moctezuma posicionaron a nivel nacional e internacional. Como olvidar el clásico silbatazo que indicaba cambio de turno para los trabajadores y era el reloj de los tecatenses, como se narra en Good Morning Tecate, libro escrito por June Nay Summers después de su visita a nuestra ciudad en 1970.

La marca Tecate, ahora en su nueva etapa, como producto del grupo cervecero holandés Heineken tendrá una mayor presencia internacional. Al igual que el trinomio de la Estación Misional Santa María de Tecate, la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe y la Romería de Verano del que hablamos en la primera entrega, el binomio de cervecería y cerveza Tecate son inseparables. Con la ampliación y modernización de la planta Tecate esta empresa continúa posicionándose como una de las más importantes de la región y la cerveza Tecate en sus diversas presentaciones como el producto embajador de nuestra ciudad. Sin embargo, a diferencia de las primeras décadas, ahora es una empresa distante de la comunidad. Por ultimo, considero que sería una gran aportación contar con el Museo de la Cerveza o con el Museo de la Industria Cervecera de Baja California en nuestro municipio.

 Para concluir deseo dejar constancia de un elemento que se perdió en la zona urbana pero que permaneció vivo en los ranchos y zona rural entre las antiguas familias que transmitieron de generación en generación este baile que ahora puedo considerar un icono de nuestra comunidad, las Cuadrillas. Baile traído por los migrantes franceses e ingleses que llegaron a radicar a los alrededores de la actual ciudad de Tecate durante el siglo XIX. Su nombre viene de cuadro, por las figuras que los bailarines deben formar en el transcurso de la danza. Desde luego que con el tiempo, el cambio de lugar y las nuevas condiciones el bailable adquirió su propia personalidad, siendo muy diferente al original. Sin embargo, las Cuadrillas eran bailadas en las fiestas mientras los músicos interpretaban las melodías que le daban sentido a cada uno de los movimientos. Desde la década de los 80 del siglo pasado, los residentes del Valle de las Palmas iniciaron el esfuerzo por recordar ese baile tradicional, con el paso de los años se han constituido varios grupos con el objetivo de representar en espacios culturales, fiestas escolares y fiestas del pueblo el baile de Las Cuadrillas.

Seguramente usted estará pensando en eventos como Cocinarte, el festival del Día de los Muertos y el desfile de las luces. Lo dejo a su consideración, quizá en otra ocasión le exprese porque fueron omitidos. Con esto termino el recuento de los elementos identitarios de Tecate que a mi parecer han formado parte de nuestra cotidianidad. Le recuerdo que es un esbozo, una aproximación, una propuesta sobre los elementos que nos dan identidad a la comunidad tecatense, usted tiene la última palabra. El objetivo es invitarlo a reflexionar sobre el tema y que nos comparta su opinión.

Esbozo sobre la identidad tecatense (Parte 1)

Por Héctor Mejorado de la Torre

Hace algunos meses realice una encuesta por Facebook, en el muro de Viejo Tecate para ser más precisos. En efecto, los resultados no cumplen con los estándares de confiabilidad que una encuesta bien estructurada demanda; sin embargo, las respuestas obtenidas permitieron detectar una serie de elementos repetidos con mayor frecuencia. Lo anterior me permitió reflexionar sobre aquellos muebles, inmuebles, objetos, fiestas y tradiciones que con el paso del tiempo los tecatenses les hemos asignado un valor de identidad comunitaria.

Me parece pertinente iniciar con la pregunta: ¿Que es la Identidad de una comunidad? Así como los individuos tenemos nuestra propia identidad, las comunidades también construyen su identidad, es decir todo aquello que la caracteriza y la distingue de las demás; yo añadiría, de manera positiva. Algunos elementos a considerar pueden ser el nombre del lugar, su historia, su territorio, sus recursos naturales, su relación con otras comunidades, su gente, su sistema de creencias y su forma de trabajo.

En lo personal, no me gusta abordar el tema de la identidad, primero porque no tengo los conocimientos, ni las herramientas teóricas para adentrarme en él; segundo, porque es muy cambiante. Es decir, un elemento que para una generación es importante, para otra ya no lo es o ha adquirido un significado distinto. Por lo tanto, habría que explicar el elemento bajo determinado contexto histórico.

Por ello, para este acercamiento, le pido comprenda que es un mero ejercicio de reflexión personal, que durante algunos meses he estado alimentando. Los elementos que pondré para su consideración, amable lector, no son los únicos, ni los más importantes para usted. Es una invitación para que reflexionemos juntos sobre la materia y nos dé su opinión.

Empezaré por mencionar aquellos elementos naturales como lo son las piedras, el encino y el Cuchumá. En más de una ocasión, amistades que vienen a Tecate por primera vez se quedan impresionadas por la cantidad de piedras que forman parte del paisaje de nuestro municipio. En un giro de 360 grados, a simple vista podemos observar como nuestro entorno está poblado de piedras, conformando gran parte de los cerros que rodean el valle de Tecate. Algunos propietarios han comprendido que son parte del paisaje y en lugar de destruir las integran al diseño de sus patios, jardines y casas logrando composiciones magistrales, no ha faltado el artista que con su creatividad las ha transformado en elefantes, tortugas, delfines o cualquier otra figura que su imaginación le permite recrear, dándoles un toque de originalidad.

 Otro elemento que crece en estas tierras mucho antes de que el paraje de Tecate fuera otorgado a Juan Bandini es el encino, árbol que también forma parte de nuestro entorno. Los podemos encontrar dentro de la ciudad, pero también hacia la salida a Mexicali, Ensenada y Tijuana. Los Kumiai utilizaban las piedras como morteros o metates para moler la bellota, fruto del encino. Algunos años atrás todavía era posible observar dentro del poblado las pequeñas cavidades hechas en las piedras tras una sucesión de golpes propinados por la nativa mientras preparaba el atole y otros alimentos para los miembros de su comunidad; estos fueron desapareciendo conforme creció la mancha urbana.

Los nativos de Baja California integran los elementos naturales en sus leyendas y narrativas, con ello sus ancestros intentaron explicar el mundo que los rodeaba. Los Kumiai, primeros residentes del ahora municipio de Tecate durante generaciones transmitieron de manera oral su interpretación del entorno, por ejemplo: La leyenda de Peña Blanca, en ella cuentan como una joven indígena se convierte en montaña, en cuya cúspide se encuentra una inmensa roca (peña); y el cuento denominado ¨El viaje de los árboles sagrados¨, en él narran como el pino, el piñón y el encino inician una caminata desde la  Rumorosa y conforme se van cansando deciden quedarse habitando las diferentes regiones del norte de nuestro estado, entre ellas, el valle de Tecate. Varios de  nosotros, quizá no conozcamos la leyenda, el cuento, el atole de bellota, los morteros, ni los metates antes mencionados, pero las piedras y los encinos, sin lugar a dudas, forman parte de nuestro referente comunitario.

Entre los cerros incorporados a las leyendas de los nativos Kumiai se encuentra la del Indio (o Guerrero) Bateque, cerro que puede observar antes de llevar al Valle de las Palmas; pero uno muchos más cercano a nosotros es el Cuchumá. Es imposible que pase desapercibida la montaña sagrada, como le han llamado en las últimas décadas. Aunque la mayor parte de ella se localiza en el lado estadounidense y solamente su falda descansa en territorio nacional, en algún momento de la historia fue una caminata obligada para los jóvenes tecatenses. Varios de nosotros tuvimos la oportunidad de subirlo y contemplar el bello panorama desde la altura o como quizá lo habría dicho el profesor Víctor Manuel Peñalosa Beltrán pudimos contemplar desde los hombros del Guerrero Cuchumá a la Princesa Itztakat mientras dormía.  Autor de Ecos del Cuchumá, libro donde escribe ¨La leyenda del Cuchumá¨, en la década de los 60, tiempo en que Indra Devi abrió su Fundación con el objetivo de difundir la práctica del Yoga en el Rancho Cuchuma ubicado en las faldas del cerro; y la leyenda Kumiai sobre el ritual realizado por los barones para transitar de la infancia a su etapa adulta ha generado la creencia de que El Cuchumá es una Montaña Sagrada. En lo personal tengo mi propia opinión sobre este tema, pero este no es el momento de profundizar sobre este tópico. Lo importante es que los tecatenses nos hemos apropiado de esta montaña y es parte de la identidad de nuestra comunidad.

Después de comentar aquellos elementos naturales identitarios hablemos de aquellos otros en donde la mano del hombre ha tenido algo que ver. Enlistemos las construcciones como la Estación del Ferrocarril (1915), el Parque Miguel Hidalgo (1918), la Estación Misional Santa María de Tecate (1941), La iglesia de Guadalupe (1954), la Romería de Verano (1954) y Parque “Los Encinos”.

La estación del ferrocarril es quizá el edificio “Publico” más antiguo de Tecate, construido alrededor de 1915 fue testigo del crecimiento y desarrollo de nuestra comunidad. Aunque ahora el edificio ha quedado rodeado por bardas, casas y su acceso es un tanto engorroso, es un elemento que nos solamente da identidad a la comunidad, sino que debería ser considerado patrimonio histórico de Tecate.

El primer plano urbano de Tecate data de 1917, existen evidencias de que la primera piedra del parque Miguel Hidalgo fue colocada en febrero de 1918. Es decir, desde que Tecate inició su urbanización, los pobladores se organizaron para disponer de un espacio público de recreación y esparcimiento. Se volvió el espacio cívico por excelencia, en él se conmemoraban las fechas importantes de las historia nacional como el 5 de mayo, 16 de septiembre y 20 de noviembre. Desde su fundación se ha convertido en la sede de desfiles, bailes, tertulias, pamplonadas, ferias, mítines políticos, manifestaciones, protestas, etc.  

La estación Misional Santa María de Tecate y la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, si bien es verdad que representan a la feligresía católica de la ciudad por su ubicación en el Centro Histórico y sobre todo por ser de los primeros edificios donde la comunidad se organizó para recaudar fondos, además de los problemas políticos que tuvieron que sortear para adquirir el permiso de construcción por parte de la Secretaria de Gobernación, por generaciones han sido un punto emblemático de la comunidad. Desde luego que no podemos olvidar que como parte de estas actividades para la construcción de la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe inicio la Romería de Verano, fiesta emblemática que ha iniciativa del cura Socorro Pérez Sosa se organizó por primera vez en 1954 y continua de manera ininterrumpida hasta nuestros días.  En la actualidad existe un comité organizador, quienes a su vez son miembros de la comunidad católica de dicha iglesia. Como lo hemos escrito en otra ocasión, la Romería de Verano ha pasado por varias etapas, pero siempre ha sido la comunidad la encargada de su organización y el funcionamiento de los puestos, además de los números artísticos que le dan vida durante los días que dura el evento. Desde 1954 hasta la fecha, la Romería de Verano se ha organizado año, tras año de manera ininterrumpida y los fondos recabados han favorecido, en parte, la construcción, mantenimiento y sostenimiento de la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe y la Casa del Migrante. Por ello, estos tres elementos los considero indivisibles, su valor cultural transita de los inmaterial a lo material, de lo intangible a lo tangible, de la fiesta tradicional a la edificación de bienes (Estación Misional e Iglesia de Guadalupe)  como testimonio del trabajo colectivo.  

Y si hablamos de espacios ganados por la comunidad y defensa de ellos, no podemos olvidarnos del Parque “Los encinos”, sin duda uno de los pulmones de la ciudad y el espacio donde más personas se reúnen los fines de semana con fines recreativos, deportivos y culturales. En la década de los 80 un grupo de personas se organizaron para solicitar que el gobierno adquiriera el predio y fuera construido un parque, al no obtener respuesta se consolido el Comité de Participación y Defensa Ciudadana, A.C. con el objetivo de luchar por que se respetara y adquiriera el predio en beneficio de la comunidad tecatense. Ardua fue la lucha, trece años tuvieron que pasar antes de lograr su objetivo. El Parque “Los encinos” es el logro de un grupo de ciudadanos con la visión de rescatar para los tecatesnes un espacio digno. Por cierto, reglones arriba mencione que en las piedras de la ciudad podíamos encontrar vestigios de morteros y metates, un ejemplo de ello es el Parque “Los encinos”, en él todavía es posible observarlos en las piedras aledañas a la sección de asadores. 

En esta primera entrega dejo a su consideración estos primeros elementos de identidad comunitaria: Las piedras, el encino, el Cuchumá, la Estación del Ferrocarril, el Parque Miguel Hidalgo con su Kiosco, La Estación Misional Santa María de Guadalupe, La Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, la Romería de Verano y el Parque “Los Encinos”. Como lo mencioné en las primeras líneas, usted puede estar de acuerdo conmigo o eliminar algunos de ellos o incorporar otros si así lo considera. El objetivo de este artículo es invitarlos a reflexionar sobre aquellos elementos que caracterizan y nos diferencian de manera positiva de otras comunidades. 

Patrimonio Cultural ¿Para qué?

Por Héctor Mejorado de la Torre

En 2018 se llevó a cabo el 2do. Congreso de Patrimonio Histórico y Cultural de Baja California en la ciudad de Mexicali. Fueron dos días de intenso trabajo, entre ponencias, mesas de trabajo y conclusiones. Respondieron a la convocatoria 32 personas con el interés de dar a conocer los proyectos que están iniciando, en proceso o ya finalizados. Todas apasionadas por su terruño, preocupadas la destrucción consecuencia del desconocimiento, ignorancia y desinterés social.

Pero antes de continuar definamos Patrimonio Cultural. De acuerdo con la unesco, en su más amplio sentido es a la vez un producto y un proceso que suministra a las sociedades un caudal de recursos que se heredan del pasado, se crean en el presente y se transmiten a las generaciones futuras para su beneficio. Éste se divide en material, inmaterial y natural. Dentro del material está todo lo que se puede tocar: construcciones, pinturas rupestres, sitios arqueológicos, manuscritos, monumentos, esculturas, objetos, por mencionar algunos. El inmaterial son las tradiciones orales, los rituales, las danzas, los cantos, entre otros. Mientras que el natural son los paisajes, las áreas protegidas, aquello en donde no ha intervenido la mano del hombre como: las islas del Golfo de California, el Santuario de Ballenas de el Vizcaíno, la Reserva de  la Biosfera El Pinacate y tantos más.

Una vez definido, las siguientes preguntas que nos asechan son: ¿Para qué preservar? y ¿Que preservar? Dar respuesta a esos cuestionamientos es mucho más complejo de lo que parece, porque no hay una respuesta que deje a todos satisfechos, menos en estos tiempos donde el impera el consumismo, lo utilitario y lo efímero. Sin embargo me arriesgaré a esbozar algunas razones: 1) Empezaré por decir que muchos de los bienes materiales y naturales con los que cuenta nuestra sociedad actualmente, no existirán en un futuro; 2) Es parte de la identidad de un pueblo; 3) Es un legado que permite establecer vínculos entre presente y pasado; 4) La identidad de una comunidad se manifiesta en su historia, sus tradiciones, sus expresiones artísticas y su arquitectura.

Entonces ¿Qué debemos preservar? El Dr. Bolfy Cottom Ulin, en la conferencia inaugural del congreso nos permitió reflexionar sobre el cambio a través de los años los parámetros que debe cumplir aquello que puede ser considerado Patrimonio Cultural y con ello determinar su conservación para futuras generaciones. Nos dice que en la actualidad lo que merece ser rescatado es aquello que tiene un valor cultural, estético o histórico y que puede ser redituable o generar ganancias a través del turismo. Si bien, el patrimonio no está peleado con los proyectos turísticos y es deseable que un bien material, inmaterial o natural pueda ser utilizado y pero no necesariamente redituable, es importante tener en cuenta que llegado este caso habría que buscar los mecanismos para preservar.

Pero como definimos que debemos preservar, para ello nos dice el Dr. Cottom hay 800 leyes y reglamentos en la República Mexicana que norman ¿Qué? ¿Cómo? y ¿Quiénes? deben realizar esa ardua labor. Sin embargo, los resultados nos dejan en evidencia, somos muy productivos al momento de legislar, pero muy deficientes para aplicarlas. Como no tenemos tiempo para leer ese arsenal de hojas esparcidas por el amplio territorio nacional simplificaremos esta respuesta. Cada sociedad tiene su propia historia e identidad, es por ello que los miembros de ella son quienes deben definir aquellos elementos que consideran representativos, con una carga histórica, tradicional o simbólica para su comunidad o para el grupo del cual forma parte.

Para poder ejemplificar esto me di a la tarea de lanzar en facebook dos encuestas de opinión, – de antemano manifiesto, son subjetivas, con serios problemas de valor estadístico, y sus resultados no tienen sentido oficiales, ni vinculatorios – los resultados fueron interesantes. En la primera surgieron elementos quizá muy obvios como la cerveza, el pan y El Cuchuma, también aparecieron otros menos obvios como las piedras, las macetas de barro, la carne asada, la gallina pinta, el monumento a la madre y el baile de Cuadrillas; por último en las opiniones recordaron aquellas que fueron referente para  la comunidad en algún tiempo pero ya no están como: el silbato de cervecería, la pamplonada, el vidrio soplado, la Diana (La actual es replica) y los piñones.

Con fines de continuar con el ejercicio, realicé una segunda encuesta pero ahora cerrada, es decir con opciones. Estas fueron conformadas de acuerdo a las respuestas más repetidas durante la primera encuesta, así que con base en dicho ejercicio podríamos decir que para los tecatenses los elementos identitarios de la localidad son: la cerveza, el pan, el vino, el encino, el olivo, la vid, El Cuchuma, Parque Miguel Hidalgo, las Pinturas Rupestres, la Romería, la Iglesia de Guadalupe y la estación del ferrocarril. Desde luego que no es un resultado limitativo y excluyente, por el contrario, como vimos en el párrafo anterior, existen otros elementos que están en el imaginario colectivo de los tecatenses.

Con lo anterior solamente pretendo explicar de manera más clara como el patrimonio cultural es un ente vivo, que caminamos, escuchamos, observamos, palpamos, degustamos y olfateamos. Convivimos con él, aunque la cotidianidad y la velocidad del diario vivir nos insensibiliza al grado de “desaparecerlo”, bastaría con detenernos un momento, agudizar nuestros sentidos, dejar que ese pasado nos hable en el presente y esos elementos de identidad nos contarían historias, nos evocarían recuerdos, experiencias, anécdotas vividas con quienes aun están, pero también con quienes se han ido.

El patrimonio cultural es un legado para generaciones futuras, en nuestras manos está el preservarlo para que ellas tengan elementos para recordarnos cuando nuestras generaciones se haya marchado.

Estación Misional Santa María de Tecate. 77 aniversario de su fundación

por Héctor Mejorado de la Torre

Con una sencilla pero representativa exposición de cinco fotografías en gran formato,se conmemoró el 77 aniversario de la fundación de la Estación Misional Santa María de Tecate, mejor conocida por la comunidad católica local, como El Sagrario de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe. El 15 de agosto

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de 1941, fecha litúrgica en la que se celebra la fiesta de la Asunción de la Virgen María, el Vicario Apostólico de Baja California expidió el documento en el que autorizó el inicio a las funciones de la estación misional, con pila bautismal, archivo y sello propios.

El recinto fue edificado gracias ala inquietud, esfuerzo, trabajo y patrocinio de la sociedad tecatense de la época, quien se organizó para obtener los permisos necesarios, recabar los fondos y adquirir los materiales para su construcción. Sin embargo, este proceso no fue fácil debido a que se enfrentó a diversos obstáculos políticos, sociales y religiosos en el marco del México pos-revolucionario y la lucha cristera.

El 27 de octubre de 1921, un grupo de vecinas del poblado de Tecate, entre ellas Luisa de Guilbert, Amada Talamantes, Ana S. Viuda de Escudero, Juanade Villarreal, María Ruíz de Rebelín, María T. de Gilbert, Rosario de Contreras, Genoveva de Contreras, Eloísa de Morales, Trinidad de Villarreal y Soledad Ángulos, le exigieron al presidente municipal en turno la solicitud, a quien por ley correspondiera, de autorizar la apertura de un templo católico en este poblado. Después de redactar y enviar los oficios correspondientes a las diversas instancias gubernamentales que deberían dar el visto bueno y anuencia, el 13 de diciembre de 1921, un día después de los festejos a la Virgen de Guadalupe, llegó el oficio de aprobación firmado por Plutarco Elías Calles, entonces Secretario de Gobernación.

Es curioso este dato pues Plutarco Elías Calles, quien se desempeñó como Secretario de Gobernación de diciembre de 1920 a septiembre de 1923, durante el gobierno de Álvaro Obregón, y tomara la Presidencia de la República de 1924 a 1928, fuera quien otorgó el permiso para la apertura del templo de Tecate, porque durante su gobierno, el 14 de junio de 1928, expidió una ley adicional que se conoce como la “Ley Calles”, rompiendo de tal manera la relación Iglesia – Estado.

En ella, limitó el número de sacerdotes en cada entidad federativa, estableció que todos los sacerdotes del país deberían registrarse con cada presidente municipal y solamente podrían ejercer sus funciones quienes tuvieran una licencia otorgada por el Congreso de la Unión o el Congreso del estado correspondiente, acto que la Iglesia no vio con buenos ojos al suponer que era la puerta para que el estado se involucrara en los asuntos eclesiásticos, dado que hasta ese momento habían logrado mantener su autonomía con respecto a los intereses del estado mexicano.

La negativa de la Iglesia para acatar lo establecido en dicha Ley trajo como consecuencia la persecución a los servidores del clero, la clausura de templos, capillas, conventos y la expulsión de sacerdotes extranjeros. Ante esta situación, en julio de 1926, el episcopado mexicano ordenó la suspensión de todos los actos de carácter religioso. Con esto daría inicio el movimiento armado conocido como Guerra Cristera. Si bien es cierto que el escenario de dicho enfrentamiento fueron los estados del centro del país, los efectos repercutieron de manera importante en las actividades que se realizaban para la construcción de la Estación Misional en Tecate.

La Guerra Cristera trajo como consecuencia que las actividades religiosas en el Distrito Norte de la Baja California se vieran disminuidas y en buena parte del territorio anuladas. Quienes vivían en poblados fronterizos tenían la posibilidad de asistir a los cultos religiosos en los pueblos vecinos del lado norteamericano, pero las actividades de construcción de templo fueron canceladas.

Al finalizar el conflicto, en 1929, las actividades poco a poco se fueron restableciendo,sin embargo, las políticas del estado mexicano pos-revolucionario ante el culto católico seguían siendo hostiles e intentaban mostrar una población libre de elegir diversas opciones religiosas, mermando las filas de la feligresía católica del Distrito Norte. Por esta razón, en Tecate se constituyó la Sociedad de Damas Católicas, cuyo objetivo era el organizar las diversas actividades de recaudación de fondos en pro de la construcción de la capilla. El manifestar abiertamente su propósito les trajo como consecuencia estar en la mira de las autoridades del Distrito Norte y de Gobernación a nivel federal. Su trabajo fue obstruido, limitado y cuestionado por dichas autoridades. El argumento era que los sacerdotes radicados en Baja California y los templos en funcionamiento eran más que suficientes para la cantidad de población, pero no se tomaba en cuenta lo árido de la geografía y la distancia que separaba una población de otra.

Después de tanto hostigamiento, las Damas Católicas decidieron de manera estratégica modificar su nombre al de “Sociedad Recreativa de Damas de Tecate” y su objetivo era la construcción de un salón de baile para representaciones teatrales. Y, en efecto, está acción fue su mejor representación teatral, debido a que les permitió continuar con las actividades de recaudación de recursos económicos y les permitiera avanzar en la construcción del templo.

Transcurrían los años y el proyecto no se lograba concretar, y no fue hasta el 24 de marzo de 1941, cuando la población había incrementado, las primera industrias estaban trabajando, como la Compañía Mexicana de Malta y Aceites Vegetales de Tecate, y por tanto la situación económica había mejorado, que Alberto V. Aldrete Jr., María Luisa R. de Aldrete y el Prof. José E. Amador, solicitaran al gobierno la autorización para abrir un templo de culto católico. Dicha petición iba acompañada de 400 firmas de residentes de Tecate que profesaban el culto católico. Es así como el 15 de agosto de 1941, el Vicario Apostólico de Baja California expidió el documento en el que autorizó iniciará funciones la estación misional Santa María de Tecate.

La exposición de las cinco fotografías de gran formato que usted podrá apreciar montadas en la cerca de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, es un reconocimiento a las personas de la comunidad que a base de esfuerzo, trabajo y tenacidad lograron la construcción y apertura del primer templo católico de Tecate. Como ustedes saben, desde hace años se está pugnando por que dicho inmueble sea reconocido como Patrimonio Cultural de Baja California, y si bien el edificio debe de cumplir con requerimientos arquitectónicos específicos, lo más importante es que sea un recordatorio del legado de voluntad y compromiso que generaciones pasadas dejaron en beneficio de su comunidad, y de las generaciones futuras.

Misión de San Miguel Arcángel de la Frontera (1787-1834)

Por: Héctor Mejorado de la Torre

La misión de San Miguel Arcángel de la Frontera fue fundada el 28 de marzo de 1787 por el padre Luis Sales de la Orden de los Dominicos. Abarcó un área de 1200 kilómetros cuadrados y comprendía las rancherías de La Grulla y el Descanso en el actual municipio de Ensenada. Al poco tiempo de iniciar su construcción y las primeras siembras del huerto disminuyó la afluencia de agua del arroyo vecino, este inconveniente motivó a los frailes predicadores a buscar un nuevo lugar, con mejores condiciones geográficas para  trasladar el conjunto misional, fue así como se instalaron en el lugar donde ahora se erige a 14 kilómetros del lugar original.

Su producción agrícola se basaba en el cultivo de trigo, maíz, melón, sandía, fríjol, lentejas, hortalizas, viñedos y cebada. También criaron ganado que fue importante para la subsistencia de la misión.

Según un informe estadístico de 1787 la misión contaba con 137 almas y para 1800 ascendió a 229, de los cuales eran 207 indígenas y 22 españoles. El conjunto misional fue abandonada definitivamente en 1834 por falta de misioneros que la atendieran.

Conjunto misional:

Todo el recinto era una especie de cuadro, la iglesia y las habitaciones daban al este y al sur. Tenía un patio abierto. La única entrada era un portón localizado en la esquina sureste del cuadrado, protegido por un cuartel. También contaba con un canal de irrigación, cuatro graneros, dos casas, un corral y tres habitaciones más.

A los indígenas que llegaban a vivir en la misión se les proporcionaba alimento paulatinamente hasta que se acostumbraban a la nueva dieta. El orden diario fue regulado como el de un convento religioso. Se levantaban al alba, todos se reunían en el templo para recitar la doctrina cristiana, el rosario y para oír misa. Después del desayuno, hombres y mujeres se alineaban para la distribución del trabajo del día. Los hombres eran asignados al campo, a  las construcciones, al pastoreo y pesca; mientras que las mujeres y niñas se les repartía lana y algodón para que tejieran.

Indígenas de la región:

La misión quedó ubicada en territorio kumiai, el cual abarcaba desde la parte norte de San Diego hasta cerca de San Vicente, al sur. Al norte colindaba con territorio luiseño y cahuilla; al este con los cucapá y al sur con los pai-pai. Los indígenas pertenecían a la familia lingüística yumana la cual se divide en diversos dialectos, siendo el suyo el kumiai.

Era un grupo nómada dedicado a la pesca, caza y recolección que durante los meses de invierno migraba a la región costera para alimentarse de peces y mariscos. En el verano se iban a las montañas para la recolección de diversos frutos y semillas silvestres como la avena, el piñón y la bellota.

Debido a su ubicación San Miguel tenía el clima más húmedo de todas las misiones costeras característica que favoreció su agricultura y ganadería por los verdes prados que la rodeaban. Fue una de las últimas misiones que funcionaron con prosperidad bajo la administración del padre dominico Félix Caballero.