Armando Aguilar Avilés: El Presi o El Diputado

Por Emilio Sánchez Pérez

En memoria de un amigo, Presidente Municipal de Tecate, de extracción obrera perteneciente a la Confederación de Trabajadores de México (C.T.M.),  líder innato, hombre leal y fiel a las siglas cetemistas de las que fue emanado, para dirigir por varias veces las masas más fuertes del obrerismo tecatense, firme en sus convicciones, luchó incansablemente por la unidad de los militantes del tricolor, al que perteneció hasta los últimos días de su existencia, mismo del que recibió el apoyo y la oportunidad de contender en las elecciones para presidente municipal en 1956. En este segundo periodo de los ayuntamientos fueron años, épocas y tiempos en los que se elegía a los mejores hombres, para llevar por el mejor de los senderos a su pueblo.

Fueron los obreros, agricultores, ganaderos, comerciantes, constructores, vitivinicultores, rancheros, indígenas y otras agrupaciones quienes lo llevaron a ocupar la silla presidencial Municipal durante el periodo de 1956 a 1959.

Los que conocieron a don Armando, por el aprecio que  le tenían lo llamaban El  Presi o El Diputado. Este distinguido personaje estén de acuerdo o no, de lo que hoy se escribe, gobernó en tiempos de vacas flacas, los sueldos de funcionarios eran raquíticos, el dinero era escaso y si hubo algunas gorditas no se supo donde estuvieron, nunca aparecieron.

Lo cierto que don Armando de obrero se fue a cumplir como presidente municipal, al término de su gestión administrativa, retornó a su antiguo trabajo, que por tres años había abandonado para cumplir con la misión, de guiar por el mejor de los destinos a un pueblo que depositó toda confianza en él, al cual según los testimonios no los defraudó, si bien es cierto que Armando era de un alegre vivir, se sabe que siempre cumplió con los deberes de autoridad y pese a que algunas veces le llevaban documentos a firmar a la cantina en deshoras de oficina, para Armando no había horario atendía sin distingo a toda persona que solicitaba de su atención, era hombre de carácter fuerte, pero quien si lo sacaba de sus casillas coloquialmente hablando era don José Osuna “El Canelo”, cuando le decía “Te acuerdas Armando cuando te llevaba los papeles de la gente, a la cantina para que los firmaras”, a risa forzada Armando contestaba “Ya vas a empezar con tus tonterías pinto…… Canelo”, fueron muy cuates, buenos amigos.

Armando es uno de los pocos o muchos presidentes según la lente con el que sea observado, que escapan a la guillotina de la crítica negativa, pues él no salió con los bolsillos llenos de billetes, ni señalado como terrateniente, sólo se le conoció una modesta casa de su propiedad donde vivió en compañía de su esposa y sus hijos, único patrimonio con el que contaban, una herencia que fue compartida equitativamente entre la familia en los momentos en que fue vendida, ubicada a un lado del puerto de entrada a la unión americana.

Los que conocieron a Armando lo recuerdan con aprecio por la claridad y limpieza con la que gobernó, pero ¿quién fue este personaje, que la mayoría de las veces se le veía vestido de botas, camisa, pantalón vaquero y elegante texana de lana?

Armando fue el hijo primogénito de una familia de cuatro, nació el 8 de septiembre de 1921, sus señores padres fueron don Alfonso Aguilar y doña María Avilés, en 1923 nació su hermano el popular Toto, de quien brevemente vale la pena recordar algo de su trayectoria, durante muchos años hasta sus últimos días, estuvo al frente del honorable cuerpo de bomberos de cervecería, siendo esta empresa la única que contaba con el mejor equipo de apaga-fuegos, con este equipo la población se sentía segura, ya que al ocurrir un siniestro el personal de vigilancia hacia accionar el silbatazo expulsando esbeltas y gruesas fumarolas en señal de que había que acudir en auxilio, cuando esto sucedía, El Toto en un pequeño Jeep se adelantaba a la bombera y sus hombres, para valorar la intensidad del incendio poder así adecuar estrategias de ataque al fuego, de manera tal, de no poner en riesgo la vida de ninguno de sus hombres.

Estos dos hermanos, tanto Armando como El Toto, nacieron en la colonia minera Santa Rosalía perteneciente a la empresa francesa El Boleo, don Alfonso, padre de estos niños ocupaba un digno cargo en la aduana marítima de Santa Rosalía, en la que laboró por un largo periodo, con el deseo de mejorar económicamente y conocer nuevos horizontes, pidió su traslado a la aduana de Mexicali, haciendo la ruta, Santa Rosalía como punto de partida, tocando a su paso el Puerto de Guaymas y descender en el desembarcadero  La Bomba, varios años de servicio presto en esta aduana de Mexicali, aquí en esta ciudad donde quedó encantado el Astro Rey, nacieron los otros dos miembros más de la familia, en 1925 nació Bertha, dos años después en 1927, nació doña Eva cinco años más tarde murió doña María, a falta de su ayuda idónea, compañera de muchos años don Alfonso tal vez sintiendo que algo le hacía falta, pidió en 1934, el cambio a la aduana de Tecate, donde Armando curso su instrucción primaria en la legendaria escuela Padre Kino, de Tecate, se trasladaron a Naco, Sonora pequeño pueblo donde don Alfonso siguió ejerciendo la carrera de aduanero, por su parte Armando estudiaba y trabajaba en las oficinas administrativas de correos, tiempo después logro integrarse como auxiliar en las oficinas de Migración.

La familia Aguilar Avilés no duraba mucho tiempo en las plazas a donde era trasladado don Alfonso dada su capacidad  frecuentemente era movido de lugar, estando en Sonora, le fueron solicitados los servicios para ocupar un puesto de importancia en la aduana de Tijuana, no sin antes de tomar el nuevo cargo, dejó instalada la familia en Tecate, confiando en que el pueblo era uno de los más pacíficos y seguros, aquí don Alfonso terminó su carrera como trabajador de aduanas, así también vivió en 1956, sus últimos días, año en que murió y Armando, su hijo se convirtió en el segundo presidente municipal de Tecate, periodo en el que le tocó recibir la visita de Adolfo López Mateos, presidente de la República Mexicana, en la que se aprovechó para solicitarle la terminación de la carretera Tecate a Ensenada.

Los últimos años de Don Armando como trabajador de cervecería fueron de estar a cargo de la reparación de los transportadores que estaban en el departamento de almacén de envases. A él se le debe también el haber levantado en su periodo Presidencial el monumento a la Madre.

La realización de este trabajo fue posible gracias a la colaboración del señor Rubén Ruiz Aguilar quien aportó el material gráfico consignado en esta publicación.

El Valle de las Palmas: La otra historia

Por Emilio Sánchez Pérez

Cronista Municipal de Tecate

Su nombre nace en el periodo colonial, cuando el territorio mexicano aún pertenecía a la Corona Española o vivía bajo el dominio del yugo español. En 1750, nació en España, José Joaquín de Arrillaga, brillante militar que destacó en el apoyo a La Corona Española, en el año de 1776 ya estaba colocado al servicio del presidio de San Miguel de Horcasitas en Sonora, por la notoria dedicación en su profesión castrense, se hizo acreedor a Tres ascensos en los años de 1778, 1780 y 1783 años más tarde fue trasladado a Loreto donde permaneció por algún tiempo, luego marchó a Monterey Alta California, donde hizo la propuesta de que el dinero que le correspondía a las tropas debía dárseles por adelantado, lo que según su juicio era garantía de prestar un buen servicio.

En 1793, regresó a Loreto, con el grado de Teniente Coronel y con el cargo de Gobernador de las Californias, por un periodo vigente de 1794 a 1800, fue precisamente entre estos años justo en 1796, que dio inicio en su primer viaje de exploración, con la encomienda de visitar Santa Catarina hasta el Rio Colorado, y no dejar de reconocer desde este punto  cada pueblo que existiera hasta el puerto de San Diego. Visitó también el puerto de San Felipe y las misiones de San Pedro Mártir y la de Santo Domingo. El nombre de José Joaquín de Arrillaga lo sitúan históricamente a nivel de los grandes exploradores de la península: tales como Juan de Ugarte, considerado el padre de la agricultura en la península de Baja California, Consag, Link y Taraval. Es en este tiempo de exploraciones realizadas por Arrillaga, que surgen nombres de parajes como Sangre de Cristo, La Grulla, San Marcos, valle de San Rafael, estos son solo algunos sitios de otros más que aparecieron  en la época.

Y no dude en nada usted amable lector, que el Valle de Las Palmas, fue otro de los parajes al que le puso nombre este explorador, ya que en el rastreo o búsqueda no se ha encontrado evidencia de algún otro personaje que haya explorado esta región, si este breve trabajo no convence, o no queda muy claro, es permitido que lo antes escrito quede como una mera hipótesis pendiente a resolver, lo que se intentará a continuación.

Como respaldo al texto debemos tener presente y muy fijo en la memoria que Tecate, como ranchería pertenecía eclesiásticamente a la orden franciscana desde el 16 de julio de 1769, fecha en que se fundó la Misión de San Diego de Alcalá, por el franciscano Fray Junípero Serra Ferrer, en tanto el paraje Rancho Tecate, se sumó al inventario de bienes  de la propia Misión, este es uno de los primeros datos localizados que nos dan luz para afirmar con respecto al paraje conocido como Valle de Las Palmas.

Una segunda información, no sólo nos acerca a una verdad histórica, sino que el nombre Valle de Las Palmas ya aparece plasmado en un documento oficial, cuando Doña María Carrillo de Fich y Doña María Guadalupe Estudillo solicitan con mucha seguridad los predios identificados con el nombre Valle de Las Palmas y El Mezquitito, ubicados en esa época en la jurisdicción de San Diego, de la  Baja California que suman entre los dos once sitios de ganado mayor, equivalente a 19,305 hectáreas, con fecha 26 de septiembre de 1845, aprobada la concesión el 3 de junio de 1846. Este documento, además de su importancia, nos refleja la seguridad de cuándo y por quien fue llamado Valle de Las Palmas y muestra a la vez con la fecha de la solicitud del predio, el Génesis de la colonización del pueblo y no 10 años más tarde como se ha venido publicando desde mucho tiempo atrás.

En 1856, el predio en mención entró en un periodo de disputa, fue solicitado por don Gabino  Aguilar y don José Antonio y Altamirano, para 1858, de don Gabino ya no se sabía nada de él, sin embargo don José Antonio y Altamirano, acompañado de los hermanos Salvador y Anastasio Villarino, volvieron a la carga no cesaban en su interés de ser los propietarios de ese gran Valle, que las veces que solicitaron el paraje, fueron las mismas que les fue negada, por encontrarse ocupado.

Seguramente para las Señoras Carrillo y Estudillo fue un gran descanso que el gobierno les confirmara el 8 de agosto de 1859 la legalidad de sus títulos, lo que por consecuencia les dio seguridad a la tenencia de la tierra. Pero ese romance fue efímero y fugaz, el chamuco metió la cola en la sopa, el jefe político Don José Castro, del que no se hablaba con  palabras perfumadas cuando se dirigían a él. Este personaje desde su trono hizo tronar sus chicharrones, dejando sin valor ni efecto la ratificación acordada el 8 de agosto de 1859,  y mediante la publicación del decreto con fecha 14 de marzo de 1861. Que afecto los bienes de estas damas y abrió las puertas a los soñadores que por muchos años anhelaron el predio Valle de Las Palmas. Que finalmente, según parece Altamirano y los hermanos Villarino, fueron favorecidos gracias a las maniobras del jefe político.

El predio en referencia de los once sitios de ganado mayor, hacia el año de 1886 le fue otorgado el 2 de junio a la Compañía Mexicana Internacional Colonizadora, por el presidente Porfirio Díaz, lo que hace pensar que las  señoras Carrillo y Estudillo se alejaron de todo interés de estas tierras y según parece murieron en el extranjero, pues en el año de 1872, se contrató un abogado para representar a los herederos de estas dos señoras.

La presencia de Don Emús T. Gilbert, en la región se remonta al 12 de noviembre de 1875, fecha en que recibe del Gobierno de La Paz la escritura que ampara el terreno de Valle de Las Palmas, importante documento que protocoliza el 6 de julio de 1876, en Real del Castillo, pueblo donde se localizaba la capital.

Pasado 10 años, Don Emús T. Gilbert, compró a don José Antonio y Altamirano y a su esposa Isabel, el sitio llamado Los Jacales o Rancho Viejo, estos nombres propios de un paraje, por lo general cuando se escribe de Valle de Las Palmas, siempre aparecen como tal, que bien vale la pena hacer una breve descripción al respecto y como se originaron.

Cuando llegaron los primeros pobladores encontraron un asentamiento de pequeñas casitas construidas de jaras, habitadas temporalmente por los indígenas que acudían cada temporada a la cosecha del fruto del mezquite que era parte de su alimentación, así nació el nombre de Los Jacales, en cuanto al Rancho Viejo, fue un término mal aplicado ya que a los asentamientos de todas estas etnias se les conocía como rancherías.

Como conclusión del artículo consignamos a continuación algunas aportaciones que pueden ser de beneficio para la historia de Tecate, razón por la cual titule Valle de Las Palmas “La Otra Historia”.

1. El nombre Valle de las Palmas nace en 1796 por el explorador José  Joaquín de Arrillaga.

2. La colonización de Valle de las Palmas surge en el año de 1845 y no como se ha venido publicando desde el año de 1855.

3. Respecto a lo publicado de la Colonia Agrícola de Tecate que fue fundada por Benito Juárez, cuando esta colonia se erige que fue en el año de 1879 este personaje ya había fallecido siete años antes siendo la fecha de su deceso el 18 de Julio de 1872.

4. Al arribo de Don Emús T. Gilbert a estas tierras del Valle de las Palmas adopto este nombre para su rancho ya que este ya había sido acuñado por el militar y explorador José Joaquín de Arrillaga en el año de 1796.

La fecha de fundación de Tecate y el contexto de su adjudicación

Por Héctor Mejorado de la Torre

El 14 de julio de 1990 se llevó a cabo el Segundo Simposio de Historia organizado por la Sociedad de Investigaciones Históricas de Tecate y el XIII Ayuntamiento, presidido por el Lic. Jesús Rubén Adame Lostanau  (1989 – 1992). Connotados historiadores de la región se dieron cita en el evento con el objetivo de definir la fecha de fundación de esta ciudad.

Se presentaron varias propuestas, de ellas, cuatro fueron las mejor estructuradas:  14 de diciembre de 1833, fecha en que José Figueroa, Comandante General y Jefe Superior Político de la Alta California le otorgó a Juan Bandini la concesión de la Cañada de Tecate, con una superficie de cinco sitios de ganado mayor; otra fue el 29 de octubre de 1876, basada en el Plano de la Colonia Agrícola de Tecate  levantado por el ingeniero Fiacro Quijano y en el que se incluyen los terrenos de Tecate, San José, San Valentín, Tanamá, Cañada Verde y Nacho Güero; una más fue el 2 de abril de 1888, basada en el censo de población, ordenado por el general Luis Emeterio Torres, quien sugirió a las autoridades federales que se tomara como fecha de fundación de la referida colonia el 2 de abril de 1888; y la presentada por Jorge Martínez Zepeda, Octubre de 1892 (sin día determinado), con base en el plano de Octubre de 1892 de la Colonia de Tecate y el censo levantado en la Colonia Agrícola de Tecate el 27 de noviembre de 1892 con miras a formar un padrón electoral.

Después de escuchar las propuestas, los argumentos y documentación histórica que sustentará lo presentado, el Comité Evaluador llegó a un acuerdo, la fecha de fundación de Tecate sería el 12 de octubre de 1892.

Algunas acotaciones

Primero, el acto de definir la fecha de fundación es objeto de historiar: Es un acontecimiento sociocultural que responde a motivaciones de la época.  Las ciudades y poblados de Baja California no cuentan con un acta de fundación como si la tienen las villas, poblados y ciudades fundadas durante el México Colonial. Tampoco existe un criterio estandarizado sobre los elementos que deben considerarse para determinar la fundación de una ciudad poscolonial, esto ha provocado que las fechas de fundación de la ciudad del estado no correspondan a una misma lógica en cuanto al origen y categoría de dichos elementos. Con lo anterior debemos reconocer que la fecha de fundación de Tecate es una creación, un acuerdo entre los interesados y conocedores de la historia de la región. Sin embargo, lo anterior debe de apegarse a un sustento histórico confiable, por ello era importante que las propuestas contaran con argumentos sólido, manejo de fuentes y consulta de archivo.

Esto nos da pie a nuestro segundo comentario, el acceso y la disponibilidad de la información imperante en 1990. En la actualidad Tecate no cuenta con un archivo histórico donde se resguarde la documentación que produce el ayuntamiento y aquella que se pueda recopilar en la comunidad. Quienes participaron en ese Segundo Simposio de Historia de Tecate con una propuesta de fundación se enfrentaron a la falta de archivos históricos municipales y estatales (que empezaran a funcionar entrado el siglo XXI) con acceso para los investigadores; además, buena parte de la documentación se encontraba dispersa y sin clasificar. Por lo general recurrieron a los archivos de California y al Acervo Documental del Instituto de Investigaciones Históricas.

Tercero, la próxima conmemoración de los 500 años del Descubrimiento de América (1492). Para ello, el gobierno federal estaba organizando  una serie de actividades culturales denominadas el Encuentro de Dos Mundos. El objetivo era conmemorar de manera reflexiva y critica esos quinientos años del contacto con el viejo mundo, teniendo un peso importante la historia. Acontecimiento que será tomado en cuenta en la propuesta de Jorga Martínez Zepeda para asignar el 12 como el día de la fundación.

Las propuestas

Como mencionamos al inicio de este artículo, fueron cuatro las propuestas mejor construidas y argumentas. Jorge Martínez Zepeda, sin la seguridad que otros colegas las pondrían sobre la mesa para su consideración, aunque seguramente lo intuía, argumentó en contra de ellas. En efecto, mostraron documentos oficiales como lo es la concesión de tierras a Juan Bandini en 1833 y el trazo de la Colonia Agrícola de Tecate del 29 de octubre de 1876, pero no mostraron indicios de poblamiento y de permanencia en el valle de Tecate. Elementos claves en los que se basó la propuesta ganadora.

Jorge Martínez Zepeda, con relación a la fecha de 1833, nos dice:

“Ahora bien, desde otra perspectiva centrando la atención en la fundación de Tecate, diremos que estamos hablando del rancho de Tecate, para no perdernos, y que al momento de establecerse o concesionarse en 1833, no hubo una posesión continua, debido entre otras cosas a la situación política de la frontera y a los levantamientos indígenas constantes que merecen un estudio aparte. Lo único que consta, es que de 1854 a 1862 José Mogort y familia sí estuvieron habitando el lugar.”

En efecto, Juan Bandini radicaba en San Diego, el Rancho Tecate lo utilizó para pastorear, en él solamente habitaban dos vaqueros responsables de cuidar el ganado. Nunca habito el lugar, mucho menos se inició poblado durante esos años. A este periodo, que va de 1833 al de 1876, lo podríamos llamar de gestación, porque no hay una población como tal.

Sobre la segunda propuesta, el Mtro. Jorge Martínez escribiría:

“Por otra parte, tenemos los intentos de formar la Colonia Agrícola de Tecate, que con apoyo y las facilidades que otorgaba el gobierno para colonización, se aprovechó tal circunstancia que trajo como consecuencia el deslinde y notificación de la Cañada de Tecate en 1876, por el Ing. Fiaco Quijano, que encontró en esta extensa zona más de 100 colonos (quizás sea más apropiado decir rancheros). Desafortunadamente mucho se menciona de esta colonia y poco se conoce de su desarrollo y quiénes fueron sus colonos.”

Con la apertura y organización de archivos y la documentación correspondiente hemos tenido accesos a información que fortalece la premisa del Jorge Martínez, es decir, existe decantación que prueba que se entregaron títulos de propiedad a colonos de Tecate, también ahora sabemos que de esos colonos algunos permanecieron en la colonia, sin embargo, también sabemos que para 1892 uno de los grandes problemas que enfrentaba la población es la falta de seguridad en la tenencia de la tierra, las irregularidades en la posesión y el abandono de los predios.

Sobre la tercera propuesta, 2 de abril de 1888, nos dirá:

“Entrando el año de 1888 tenemos más información sobre Tecate al levantarse el censo de población, ordenado por el general Luis Emeterio Torres, quien sugirió a las autoridades federales que se tomara como fecha de fundación de la referida colonia el 2 de abril de 1888. Esta fecha la propone con fines de elogiar al general Porfirio Díaz, el héroe del 2 de abril.

El único inconveniente en la fecha propuesta es que nuevamente estamos hablando de toda la Colonia Agrícola de Tecate sin conocer estudio alguno que nos permita saber si los colonos realmente habitaron uno o varios lugares, puesto que una cosa son las solicitudes de tierra o los compradores y otra los que realmente la habitaron.

Como podemos leer, el contraargumento es el mismo, falta de información y documentos que prueben que la población está habitando de manera permanente en la región.

Para finalizar ponemos la parte medular de la propuesta de Jorge Martínez Zepeda:

“Desde otro ángulo, hay que destacar que la posesión formal o la colonización con títulos se dio en 1892, con los colonos que se quedaron. Los argumentos son los siguientes: primero que tenemos el “Mapa de la Colonia de Tecate, Baja California [con la] distribución practicada en los terrenos de los valles de Tecate, San José, Valentín, Javier, Nacho Güero, Tanamá y Cañada Verde”, fechado en octubre de 1892 [la declinación magnética fue observada el 30 de septiembre], en el que se incluye la lista de los colonos, nombres de los mismos y superficie asignada.

      Analizando el referido mapa tenemos que de 54 colonos, doce eran ya propietarios con sus respectivos títulos, cubriendo una superficie de 874.20 hectáreas (20.37%) y con los 43 solicitantes (79.62%) pedían una superficie de 34,240.10 hectáreas, haciendo un total de 35,112.30 hectáreas.

      Los propietarios con títulos fundadores de Tecate fueron por lo tanto, Teófilo Noris, Jesús Valencia, Jesús Demara. Josefa de Villagrana, Jesús Félix, José de Gracia Félix, Juan de Dios Ortega, Pedro Ortega, Pablo Ortega, Valdez, Ramón Sánchez, Ambrosio González y Joaquín Verdugo en quienes está la sangre y raíz fundadora de Tecate, sin olvidar desde luego a los indígenas de la región y a quienes les antecedieron en la colonización.

      Otro argumento es que el 27 de noviembre de 1892 José María Villagrana levantó un censo de la Colonia Agrícola de Tecate, con miras a formar un padrón electoral. El total de habitantes fue de 229 (125 eran adultos y 104 niños menores de 15 años). Aquí detectamos 36 familias tecatenses y a 39 integrantes de la colonia agrícola, según el plano de 1892. Las familias son: Sandoval, Demara, Félix, Contreras, Ortega, Martínez, Gortari, Salazar, Soto, Béjar, Arguilez, Morales, Grijalva, Díaz, Silva, Caperon, Carmelo, Chávez, Samaniego, Castro, Monje, López, Gallego, Valenzuela, Espinosa, González, León, Cota, Murrieta, Federico, Downey, Valencia, Villagrana y Flores.

Respecto al día se propuso el 12 de octubre por ser una fecha de gran tradición en la cultura nacional y para coincidir, este año con la conmemoración del Quinto Centenario del Descubrimiento de América que bajo el lema de “Encuentro de dos mundos” que está conmemorándose en todos los países de habla hispana. Precisamente nuestro Instituto ha desarrollado un ciclo de conferencias mensuales con este motivo, que ha despejado muchas dudas sobre tan controvertido acontecimiento”.

Para concluir, la fecha de fundación de Tecate es un constructo basado en la documentación histórica a la que se tuvo acceso en 1990, la propuesta mejor articulada, documentada y con el manejo de las fuentes adecuado se perfiló para ser la seleccionada. Aunado a eso, el contexto histórico del momento y tener la posibilidad de empatar la conmemoración del V centenario del Encuentro de Dos Mundos con el centenario de la fundación de Tecate fue un factor importante para cargar el fiel de la balanza hacia la propuesta final.

Estudios regionales: poder y burguesía

Por Leticia Bibiana Santiago Guerrero[1]

En la historiografía mexicana se fue consolidando la historia regional, que junto con el análisis del siglo XIX y principios del XX ofrecieron nuevos conocimientos, esto hacia la década de los ochenta. En estos momentos fue importante acercase al conocimiento de los mercados regionales que se configuraron en el marco de la apertura de los puertos mexicanos desde los inicios del periodo independiente.

Por otra parte, los estudios de la industria en México durante el porfiriato realizados bajo un enfoque de historia nacional, en menor medida, fomentaron el estudio de las empresas industriales particulares en el contexto de la nueva historia regional. Aunque de manera escasa, se inició con los estudios de la burguesía porfiriana y posrevolucionaria. El indagar acerca de los orígenes de la oligarquía decimonónica dio como resultado estudios de la presencia extranjera en México y sus industriales más representativos. Sin embargo, sería hasta la década de los años noventa cuando los estudios de la “Burguesía” empezarían a tener presencia en nuestra academia.

Los pocos investigadores que se aproximaron a la “Burguesía” u “Oligarquía” lo hicieron tomando como eje de análisis principal, para entender las estrategias de acumulación de riqueza de esta clase social, el vínculo oligarquía y poder político, el cual era una práctica fundamental para construir un emporio de negocios tanto comerciales como industriales. Asimismo, la pertenencia a un grupo étnico como los vínculos de parentesco se empezaron a tomar en cuenta para entender el éxito en los negocios. Las problemáticas de este momento historiográfico giraban alrededor de: ¿Por qué en el porfiriato se configuró una oligarquía tan reducida? ¿Cuáles eran las estrategias de acumulación que se derivaban de la vinculación oligarquía-poder político? ¿Qué pasó con la oligarquía decimonónica en el México posrevolucionario? ¿Cómo explicar su sobrevivencia? ¿Cuál fue su relación ahora con el gobierno posrevolucionario? ¿Cuál fue la relación de los militares triunfantes de la Revolución Mexicana y el desarrollo económico? ¿El papel que jugó la nueva burguesía en el proyecto de industrialización y modernización del País?

El trabajo pionero que coordinó Ciro Cardoso, en 1978, La formación de la burguesía en México siglo XIX, estimuló un poco el estudio acerca de las oligarquías y la burguesía al presentar ensayos sobre indagaciones de casas comerciales y hombres de negocios. Asimismo, los trabajos de Mario Cerutti, como el de Burguesía y capitalismo en Monterrey, 1850-1910, de 1983; el de Leticia Gamboa, Los empresarios de ayer. El grupo dominante en la industria textil de Puebla, 1906-1929 de 1985, entre otros. Por su parte, entre los que abordan el periodo posrevolucionario se encuentra el de Mario Ramírez Rancaño, “Los políticos empresarios” publicado en 1982, y el de Alicia Hernández Chávez, ”Militares y negocios en la Revolución Mexicana” de 1984.


A finales de la década de los ochentas, Rosenzweig, señalaba que en México durante el porfiriato en el ámbito social, se reestructuraron las clases dominantes al fusionarse en ellas la antigua aristocracia criolla con la nueva burguesía mercantil e intermediaria y con los inversionistas extranjeros, asimilando en un escaso número a los próceres civiles y militares del Estado liberal; y que el control de la riqueza se consolidaba en manos de esta clase dominante. Simultáneamente, desde la historia económica estadounidense sobre México, Stephen Haber, publicó en 1989, Industria y subdesarrollo. La industrialización de México, 1890-1940, (Edición en español 1992). El autor se pregunta por los obstáculos a la industrialización y enfoca su estudio en las grandes empresas del porfiriato. En cuanto a los negociantes los caracterizó también como un estrecho grupo vinculado a la política porfiriana. Por ello, explora la relación entre empresarios y gobierno y su impacto sobre el desarrollo económico. Encontrando que los industriales a partir de su relación con el gobierno seguían estrategias de supervivencia como: La protección comercial que se traducía en protección arancelaria y privilegios gubernamentales. Bajo ese marco, lograron conformar sus empresas en estructuras monopólicas u oligapolicas manifestándose en una concentración industrial. No obstante, señala que estas estrategias no lograban compensar los altos costos que generaba la asimetría entre tecnología y mercado y la baja productividad de los trabajadores, de esta manera explica las bajas tasas de ganancia que encontró en sus cálculos para las pocas grandes empresas porfirianas.

Un trabajo innovador fue el de Enrique Cárdenas, en su libro titulado La industrialización mexicana durante la Gran Depresión, publicado en 1987, (1995 1er reimpresión) presenta el conjunto de repercusiones que acarreó la Gran Depresión estadounidense sobre las economías latinoamericanas. Introduce en la mesa de discusión que al caer las exportaciones de México, se dinamizaron los mercados internos y se sentaron las bases para la acumulación de capital productivo en el País. Sin embargo, al no existir políticas públicas definidas del gobierno posrevolucionario el crecimiento industrial fue caótico y produjo efectos nocivos a largo plazo. No obstante el autor ubica un cierto desarrollo industrial a principios de la década de los años treinta y como consecuencia de la crisis del 29.

En la historiografía económica mexicana la década de los ochenta fue un despegue en los estudios de las empresas decimonónicas y sin duda se privilegió el vínculo burguesía y poder político como una estrategia fundamental para entender el éxito en los negocios. En la siguiente década en los estudios de las empresas y de los negociantes de manera paulatina pero relativamente se incrementaron e incorporaron nuevas herramientas de análisis.


[1] Se desempeñó como Investigadora del Instituto de Investigaciones Históricas de la UABC.  Escribió la obra histórica más completa que hasta el momento se tiene sobre  esta ciudad titulada: La gente al pie del  Cuchuma. Memoria histórica de Tecate.  

Colonia Braulio Maldonado. Un acercamiento a su fundación

Por Héctor Mejorado de la Torre

La casa de mis padres se construyó en uno de aquellos predios donde el espacio no era problema, con 15 metros de frente y 30 de profundidad era más que suficiente para construir casa, pila para el agua, cuarto para las herramientas, cochera y patios con árboles frutales como pera, granada, durazno, olivo y parras de uva. En la entrada principal tenía un porche desde donde podíamos observar una gran extensión de terreno poblado de vides plantadas en el Rancho Flores. Con el tiempo la mancha urbana consumió ese bello paisaje que tan poca importancia le di en mi infancia, en la que me tocó ser testigo del cambio de vocación de un poblado rural que aspiraba a ser ciudad y con ello la desaparición paulatina de la vid y el olivo.

EL RANCHO FLORES

 Silvestre Flores Flores, originario de Jalisco, nació en 1902 en Temastian. Con el inicio de la Revolución mexicana, los ataques, robos, altercados entre ejércitos enemigos y en general con la violencia desatada en algunas regiones nuestro país se vio en la necesidad de migrar a Estados Unidos  a la edad de 17 años. Allá se reunió con su hermano Francisco. Un par de ocasiones cambió su lugar de residencia hasta asentarse de manera permanente en San Diego, California. Ahí se despeñó en diversos trabajos, con la mala fortuna de tener un accidente que lo dejó imposibilitado para seguir realizando su actividad laboral, sin embargo, la compañía le pagó una indemnización que años más adelante le serán de gran utilidad. Dicho inconveniente le dio la oportunidad de dedicarse a nuevas actividades entre ellas dedicó su tiempo a aprender inglés y mecánica automotriz.

La crisis económica de 1929 lo sorprendió ya casado con Leonor Salazar y con su hijo Juan, la escases de trabajo lo obligó a trasladarse a Tecate en 1930. Al regresar a tierra mexicana, trajo consigo el dinero suficiente para adquirir un predio de aproximadamente noventa hectáreas en este poblado fronterizo, colindando con los ranchos Guajardo, González y Downey. Aquí se dedicó a la mecaniza automotriz, pero todavía eran pocos los vehículos que transitaban en este poblado, así que fue necesario dedicarse al curtido de pieles las que eran vendidas a los vaqueros de los ranchos vecinos. Años más adelante previo a la segunda guerra mundial ingresará al negocio de la venta de gasolina.

LA URBANIZACIÓN

El 16 de enero de 1952 se fundó el Estado libre y soberano de Baja California, acto seguido se convocó a la elección del Congreso Constituyente, al finalizar su gestión se inició la campaña política para la elección del primer Gobernador, es así como el 1 de diciembre de 1953 tomó posesión el Lic. Braulio Maldonado Sandez. En el periodo de 1940 a 1950, casi se triplicó la población de Baja California y se volvió a duplicar en la década siguiente. Tecate presentó la misma tendencia e hizo necesaria la lotificación de los ranchos que se fueron transformando en colonias y fraccionamientos en la segunda mitad del siglo XX.

En la década de los 50’s los sindicatos afiliados a la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC) y a la Confederación de Trabajadores de México (CTM), quienes le habían dado su apoyo en la campaña, le solicitaron al Gobernador del Estado, emanado del Partido Revolucionario Institucional, los dotara de terrenos para darles techo a sus familias y con ello asegurar su patrimonio. Al llegar a la Gubernatura, Braulio Maldonado Sandez le encomendó al Ing. Cesar Baylón Chacón negociar el precio del predio, así lo recuerda el Sr. Silvestre Flores Salazar:

“Los terrenos donde querían fundar la colonia Braulio Maldonado eran de mi apá y entraron en contacto con Baylón Chacón que era el ingeniero de la ciudad y tenía que estar al tanto con Braulio. Entonces Baylón fue y habló con mi papá y le dijo: “Oye, quiere Braulio que vayas con él para hablar sobre el terreno, que quiere ver como se ponen de acuerdo, a ver si le vendes”, y  mi apá le dijo: “Tan lejos está de aquí pa’allá como de allá pa’ca, que si quiere que venga, aquí estoy”

Es así como Braulio Maldonado visitó al Sr. Silvestre lores en su gasolinera Santa Fe y acordaron el precio y la mecánica en la que se realizaría la compra-venta.

La colonia Braulio Maldonado se distribuyó en 120 lotes de 450 metros cada uno, repartidos en 8 manzanas. De acuerdo con el plano la colonia estaba delimitada al norte, por la calle Baja California; al sur, calle Colima; al este, calle Michoacán (calle que nunca se abrió por el gran desnivel de terreno, posiblemente el habilitarlos hubiera encarecido el proyecto) y al oeste, por la calle Venustiano Carranza arteria que conectó con el centro de la ciudad (actualmente es la Calle Dr. Arturo Guerra Flores). En dirección de norte a sur se localizan las calles Baja California, Sonora, Sinaloa, Nayarit y Colima; y de este a oeste Michoacán, Jalisco y Dr. Arturo Guerra Flores, que dicho sea de paso, no son familiares.

En la actualidad la colonia ha presentado cambios generacionales. Los primeros propietarios en su mayoría han fallecido y los inmuebles están habitados por alguno de los hijos, es decir por la segunda generación. También forman parte de la comunidad quienes adquirieron los predios a los primeros propietarios durante la década de los 80 y 90.   Aunque es una de las colonias antiguas de Tecate, fue hasta los noventas que se pobló casi por completo. El que todavía estuvieran predios deshabitados en décadas anteriores a la mencionada frenó servicios como la pavimentación.

Si bien es cierto que la colonia Braulio Maldonado se fundó gracias  a la solicitud de los líderes y miembros de los gremios sindicales, no fue un requisito pertenecer a alguno de ellos para tener acceso a la compra; sin embargo, se mantuvo la premisa de pertenecer al sector popular.  

Archivo Histórico Municipal ¿Necedad o necesidad?

Por Héctor Mejorado de la Torre

El pasado 15 de junio del 2018 fue publicada en el Diario de la Federación  la Ley General de Archivos, esta sustituyó a la Ley Federal de Archivos a partir del 15 de junio de 2019. El objetivo de esta ley es establecer los principios para la organización,  conservación, administración y preservación homogénea de los archivos en posesión de cualquier autoridad, entidad, órgano y organismo de los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial, órganos autónomos, partidos políticos, fideicomisos y fondos públicos, así como de cualquier persona física, moral o sindicato que reciba y ejerza recursos públicos o realice actos de autoridad de la federación, las entidades federativas y los municipios. Otro de los objetivos de esta ley es garantizar el acceso a la información, así  complementando la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública.

Esta es una buena noticia para quienes nos apasiona la historia; si bien es cierto que los archivos ya se encuentran protegidos por la Ley Federal de Archivos y en la legislación local por la Ley de Preservación del Patrimonio Cultural del Estado de Baja California, esta nueva ley deja claro que todas las instituciones públicas y privadas que reciben dinero federal para su funcionamiento o para algunos de sus programas  están obligadas a preservar sus archivos.

            Aunque la ley establece una serie de archivo que garantiza la línea de custodia del documento desde el momento de su producción hasta su almacenamiento en un archivo histórico o su destrucción, en esta ocasión nos enfocaremos a los Archivos Históricos.

Pero ¿Qué es un archivo histórico? ¿Cuál es su función?

Los archivo históricos son instituciones de carácter público que tienen como finalidad rescatar, clasificar, atesorar, conservar, gestionar, catalogar, custodiar y poner a disposición para la consulta pública, la documentación patrimonio de la una comunidad.

De acuerdo con el Artículo 4, numeral VIII de la Ley General de Archivos, un archivo histórico es aquel integrado por documentos de conservación permanente y de relevancia para la memoria nacional, regional o local de carácter público. Esto le da otra dimensión, deja de ser un espacio olvidado lleno de papeles organizados para que puedan ser consultados por un reducido número de personas interesadas por el pasado y demás curiosidades. Ahora, son el espacio donde se resguarda la Memoria nacional, regional o local, es decir, es un espacio vivo que resguarda algunas piezas del rompecabezas que es la historia y cuya información está organizada y disponible para su interpretación.

Por otro lado, la documentación producida por las dependencias de los tres niveles de gobierno, así como por aquellas instituciones políticas, culturales, educativas y sociales se considera patrimonio cultural que debe ser preservado por cada uno de ellos y bajo los criterios establecido en la ley y su reglamento deben ser de acceso libre y gratuito. Esto abre una nueva posibilidad para indagar sobre temas poco o escasamente explorados por falta de fuentes documentales.

            De acuerdo con lo establecido en el Artículo 9 de la ley: Los documentos públicos de los sujetos obligados tendrán un doble carácter, son bienes nacionales con la categoría de bienes muebles, de acuerdo con la Ley General de Bienes Nacionales; y son Monumentos históricos con la categoría de bien patrimonial documental en los términos de la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos y de las demás disposiciones locales aplicables, como la Ley de Preservación del Patrimonio Cultural del Estado de Baja California.

En el artículo 32 establece que los archivos históricos recibirán las transferencias secundarias, organizaran  y conservar los expedientes bajo su resguardo; deberán brindar servicios de préstamo y consulta al público, así como difundir el patrimonio documental; también deberán establecer los procedimientos de consulta de los acervos que resguarda; deberán Implementar políticas y estrategias de preservación que permitan conservar los documentos históricos, aplicar los mecanismos y las herramientas que proporcionan las tecnológicas de información para mantenerlos a disposición de los usuarios.

Los miembros del Taller de Historia de Tecate, A. C. desde nuestra constitución hemos pugnado por la creación de un archivo histórico municipal; debemos reconocer que los presidentes municipales a quienes se los hemos planteado han mostrado gran interés; algunos han mostrado mayor iniciativa que otros; sin embargo, las prioridades del gobierno, la escases de recursos, los desastres naturales, entre otros han evitado que este proyecto se vea materializado. A partir del 15 de junio del 2019 es obligatorio contar con un archivo funcional, organizado y en el caso del Archivo Histórico con acceso público y gratuito para los ciudadanos. Esperamos pronto ver cristalizado un espacio digno para preservar la memoria y el patrimonio documental de los Tecatenses.

Esbozo sobre la identidad tecatense (Parte 2)

Por Hector Mejorado de la Torre

En la primera entrega mencioné nueve elementos que considero forman parte de la  identidad comunitaria de los tecatenses: las piedras, el encino, el Cuchumá, la estación del ferrocarril, el parque Miguel Hidalgo con su kiosco, la estación misional Santa María de Guadalupe, la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, la Romería de Verano y el parque “Los Encinos”. En esta última entrega sobre el tema podré a su consideración el baile de Cuadrillas, el pan, la vid, el olivo, la cerveza y la planta cervecera.

Antes de iniciar con la segunda entrega me parece pertinente retomar un comentario que realizó uno de nuestros lectores. Hablando de las piedras que nos rodean, pase por alto que en nuestra comunidad estos elementos geográficos han dado nombre a colonias, caminos y ranchos, por ejemplo: Fraccionamiento El Pedregal, El paso del águila y Colonia Luis Echeverría Álvarez, mejor conocida como El Hongo, en referencia a una piedra ubicada en ese poblado.

Bien, dicho lo anterior continuamos con la segunda y última entrega sobre el tema en la cual pongo a su consideración los siguientes elementos: la vid, el olivo, el pan dulce, baile de las cuadrillas, la cerveza y la planta cervecera.

Hace unos 40 años atrás era normal ver en los patios y jardines de las casas parras de uva y olivos. El jardín de la casa de mis padres contaba con dos grandes parras que año con año nos favorecía con unas uvas grandes y verdes; y otra de ellas con uvas pequeñas y moradas. Nunca en mi familia se intentó hacer vino, eso sí aprovechábamos el fruto para hacer un delicioso y dulce jugo. Parte de los árboles de nuestro jardín, además de los granados, los duraznos, las peras, se encontraba el árbol de olivo.

De todos aquellos árboles, el único que continua en pie es el olivo. Durante la década de los 30 y 40 se popularizó el cultivo de la vid aquí en Tecate, para la producción de vino. Grandes extensiones de tierra estaba cubiertas por parras de uva y en menor medida de olivos, poco a poco fueron absorbidos por la mancha urbana, actualmente son el Fraccionamiento El Pedregal, Colonia Federal, Colonia Moderna y Colonia Downey. Este binomio tiene una explicación técnica, el olivo era plantado con el objetivo de crear una barrera protectora contra los fuertes vientos y así evitar, en lo posible, los daños a las parras. Esta tradición se fue desvaneciendo conforme la mancha urbana creció, las plantas fueron cortadas y cubiertas por el asfalto y el cemento. Sin embargo, con la Ruta del Vino y el nombramiento como Pueblo Mágico ha tomado un nuevo auge, con diferentes matices pero nuevamente la presencia de la vid y olivo empieza a regenerarse.

El pan de Tecate ha logrado posicionarse y mantener su prestigio a lo largo del tiempo. Aunque esto tiene sus asegunes (diría mi abuela), si bien es cierto que el pan de Tecate es conocido y buscado por los visitantes, la realidad es que se refieren específicamente a una panadería. Esta tradición empezó a gestarse a partir de 1969 cuando abrió sus puertas El Mejor Pan. Desde luego que no fue la primera que se instaló en el pueblo, pero quizá por su ubicación céntrica, sobre la avenida principal y desde luego su sabor rápidamente se posicionó en el gusto de la comunidad y los visitantes. Con el paso de los años El Mejor Pan de Tecate se ha ganado reconocimientos nacionales e internacionales. Esto no quiere decir que las demás panaderías instaladas en la localidad no tengan buen pan, de calidad y sabor, pero sin duda la que ha evolucionado presentando cada vez mayor variedad en su repostería, diversidad en sus materias primas y presentaciones es el Mejor Pan de Tecate. Llámelo usted mercadotecnia, publicidad, estrategia de ventas o visión empresarial pero es innegable que esta fama del pan tecatense se ha forjado sobre esa empresa icónica de la ciudad. En lo personal considero que el Ayuntamiento no ha logrado consolidar la fama que dicha panadería ha generado y con ello cobijar al resto de panaderías instaladas en el municipio. Se han realizado algunos intentos como Expo-pan o con mayor éxito en el Festival de Día de Muertos; sin embargo, todavía falta un evento donde el pan sea el objeto central de la convivencia y no un accesorio o acompañamiento.

La empresa icónica de la ciudad fue fundada en 1944, por Alberto V. Aldrete. Desde su apertura, Cervecería Tecate se involucró en la problemática de la comunidad, invirtió en tubería para agua potable, en pavimentación de calles y mantenimiento de carretera Tijuana – Ensenada, equipo de bomberos, consultorio médico, patrocinó al equipo de béisbol Los Cerveceros, además de ser una importante fuente de trabajo. Cuando fue adquirida por Cervecería Cuauhtémoc en 1954 continuó con la cercanía y patrocinio a la comunidad, en esa segunda etapa se se conformó la banda de música, el grupo de teatro, el equipo de charreada y diversos eventos deportivos y turísticos como el paseo Ciclista Tecate – Ensenada y la Pamplonada. Lo anterior propicio que la comunidad viera en la empresa una cercanía, pero sobre todo una reciprocidad y compromiso social. Vinculada a ella se encuentra la Cerveza Tecate, producto que tomó el nombre de la ciudad y que Cervecería Cuauhtémoc – Moctezuma posicionaron a nivel nacional e internacional. Como olvidar el clásico silbatazo que indicaba cambio de turno para los trabajadores y era el reloj de los tecatenses, como se narra en Good Morning Tecate, libro escrito por June Nay Summers después de su visita a nuestra ciudad en 1970.

La marca Tecate, ahora en su nueva etapa, como producto del grupo cervecero holandés Heineken tendrá una mayor presencia internacional. Al igual que el trinomio de la Estación Misional Santa María de Tecate, la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe y la Romería de Verano del que hablamos en la primera entrega, el binomio de cervecería y cerveza Tecate son inseparables. Con la ampliación y modernización de la planta Tecate esta empresa continúa posicionándose como una de las más importantes de la región y la cerveza Tecate en sus diversas presentaciones como el producto embajador de nuestra ciudad. Sin embargo, a diferencia de las primeras décadas, ahora es una empresa distante de la comunidad. Por ultimo, considero que sería una gran aportación contar con el Museo de la Cerveza o con el Museo de la Industria Cervecera de Baja California en nuestro municipio.

 Para concluir deseo dejar constancia de un elemento que se perdió en la zona urbana pero que permaneció vivo en los ranchos y zona rural entre las antiguas familias que transmitieron de generación en generación este baile que ahora puedo considerar un icono de nuestra comunidad, las Cuadrillas. Baile traído por los migrantes franceses e ingleses que llegaron a radicar a los alrededores de la actual ciudad de Tecate durante el siglo XIX. Su nombre viene de cuadro, por las figuras que los bailarines deben formar en el transcurso de la danza. Desde luego que con el tiempo, el cambio de lugar y las nuevas condiciones el bailable adquirió su propia personalidad, siendo muy diferente al original. Sin embargo, las Cuadrillas eran bailadas en las fiestas mientras los músicos interpretaban las melodías que le daban sentido a cada uno de los movimientos. Desde la década de los 80 del siglo pasado, los residentes del Valle de las Palmas iniciaron el esfuerzo por recordar ese baile tradicional, con el paso de los años se han constituido varios grupos con el objetivo de representar en espacios culturales, fiestas escolares y fiestas del pueblo el baile de Las Cuadrillas.

Seguramente usted estará pensando en eventos como Cocinarte, el festival del Día de los Muertos y el desfile de las luces. Lo dejo a su consideración, quizá en otra ocasión le exprese porque fueron omitidos. Con esto termino el recuento de los elementos identitarios de Tecate que a mi parecer han formado parte de nuestra cotidianidad. Le recuerdo que es un esbozo, una aproximación, una propuesta sobre los elementos que nos dan identidad a la comunidad tecatense, usted tiene la última palabra. El objetivo es invitarlo a reflexionar sobre el tema y que nos comparta su opinión.

Esbozo sobre la identidad tecatense (Parte 1)

Por Héctor Mejorado de la Torre

Hace algunos meses realice una encuesta por Facebook, en el muro de Viejo Tecate para ser más precisos. En efecto, los resultados no cumplen con los estándares de confiabilidad que una encuesta bien estructurada demanda; sin embargo, las respuestas obtenidas permitieron detectar una serie de elementos repetidos con mayor frecuencia. Lo anterior me permitió reflexionar sobre aquellos muebles, inmuebles, objetos, fiestas y tradiciones que con el paso del tiempo los tecatenses les hemos asignado un valor de identidad comunitaria.

Me parece pertinente iniciar con la pregunta: ¿Que es la Identidad de una comunidad? Así como los individuos tenemos nuestra propia identidad, las comunidades también construyen su identidad, es decir todo aquello que la caracteriza y la distingue de las demás; yo añadiría, de manera positiva. Algunos elementos a considerar pueden ser el nombre del lugar, su historia, su territorio, sus recursos naturales, su relación con otras comunidades, su gente, su sistema de creencias y su forma de trabajo.

En lo personal, no me gusta abordar el tema de la identidad, primero porque no tengo los conocimientos, ni las herramientas teóricas para adentrarme en él; segundo, porque es muy cambiante. Es decir, un elemento que para una generación es importante, para otra ya no lo es o ha adquirido un significado distinto. Por lo tanto, habría que explicar el elemento bajo determinado contexto histórico.

Por ello, para este acercamiento, le pido comprenda que es un mero ejercicio de reflexión personal, que durante algunos meses he estado alimentando. Los elementos que pondré para su consideración, amable lector, no son los únicos, ni los más importantes para usted. Es una invitación para que reflexionemos juntos sobre la materia y nos dé su opinión.

Empezaré por mencionar aquellos elementos naturales como lo son las piedras, el encino y el Cuchumá. En más de una ocasión, amistades que vienen a Tecate por primera vez se quedan impresionadas por la cantidad de piedras que forman parte del paisaje de nuestro municipio. En un giro de 360 grados, a simple vista podemos observar como nuestro entorno está poblado de piedras, conformando gran parte de los cerros que rodean el valle de Tecate. Algunos propietarios han comprendido que son parte del paisaje y en lugar de destruir las integran al diseño de sus patios, jardines y casas logrando composiciones magistrales, no ha faltado el artista que con su creatividad las ha transformado en elefantes, tortugas, delfines o cualquier otra figura que su imaginación le permite recrear, dándoles un toque de originalidad.

 Otro elemento que crece en estas tierras mucho antes de que el paraje de Tecate fuera otorgado a Juan Bandini es el encino, árbol que también forma parte de nuestro entorno. Los podemos encontrar dentro de la ciudad, pero también hacia la salida a Mexicali, Ensenada y Tijuana. Los Kumiai utilizaban las piedras como morteros o metates para moler la bellota, fruto del encino. Algunos años atrás todavía era posible observar dentro del poblado las pequeñas cavidades hechas en las piedras tras una sucesión de golpes propinados por la nativa mientras preparaba el atole y otros alimentos para los miembros de su comunidad; estos fueron desapareciendo conforme creció la mancha urbana.

Los nativos de Baja California integran los elementos naturales en sus leyendas y narrativas, con ello sus ancestros intentaron explicar el mundo que los rodeaba. Los Kumiai, primeros residentes del ahora municipio de Tecate durante generaciones transmitieron de manera oral su interpretación del entorno, por ejemplo: La leyenda de Peña Blanca, en ella cuentan como una joven indígena se convierte en montaña, en cuya cúspide se encuentra una inmensa roca (peña); y el cuento denominado ¨El viaje de los árboles sagrados¨, en él narran como el pino, el piñón y el encino inician una caminata desde la  Rumorosa y conforme se van cansando deciden quedarse habitando las diferentes regiones del norte de nuestro estado, entre ellas, el valle de Tecate. Varios de  nosotros, quizá no conozcamos la leyenda, el cuento, el atole de bellota, los morteros, ni los metates antes mencionados, pero las piedras y los encinos, sin lugar a dudas, forman parte de nuestro referente comunitario.

Entre los cerros incorporados a las leyendas de los nativos Kumiai se encuentra la del Indio (o Guerrero) Bateque, cerro que puede observar antes de llevar al Valle de las Palmas; pero uno muchos más cercano a nosotros es el Cuchumá. Es imposible que pase desapercibida la montaña sagrada, como le han llamado en las últimas décadas. Aunque la mayor parte de ella se localiza en el lado estadounidense y solamente su falda descansa en territorio nacional, en algún momento de la historia fue una caminata obligada para los jóvenes tecatenses. Varios de nosotros tuvimos la oportunidad de subirlo y contemplar el bello panorama desde la altura o como quizá lo habría dicho el profesor Víctor Manuel Peñalosa Beltrán pudimos contemplar desde los hombros del Guerrero Cuchumá a la Princesa Itztakat mientras dormía.  Autor de Ecos del Cuchumá, libro donde escribe ¨La leyenda del Cuchumá¨, en la década de los 60, tiempo en que Indra Devi abrió su Fundación con el objetivo de difundir la práctica del Yoga en el Rancho Cuchuma ubicado en las faldas del cerro; y la leyenda Kumiai sobre el ritual realizado por los barones para transitar de la infancia a su etapa adulta ha generado la creencia de que El Cuchumá es una Montaña Sagrada. En lo personal tengo mi propia opinión sobre este tema, pero este no es el momento de profundizar sobre este tópico. Lo importante es que los tecatenses nos hemos apropiado de esta montaña y es parte de la identidad de nuestra comunidad.

Después de comentar aquellos elementos naturales identitarios hablemos de aquellos otros en donde la mano del hombre ha tenido algo que ver. Enlistemos las construcciones como la Estación del Ferrocarril (1915), el Parque Miguel Hidalgo (1918), la Estación Misional Santa María de Tecate (1941), La iglesia de Guadalupe (1954), la Romería de Verano (1954) y Parque “Los Encinos”.

La estación del ferrocarril es quizá el edificio “Publico” más antiguo de Tecate, construido alrededor de 1915 fue testigo del crecimiento y desarrollo de nuestra comunidad. Aunque ahora el edificio ha quedado rodeado por bardas, casas y su acceso es un tanto engorroso, es un elemento que nos solamente da identidad a la comunidad, sino que debería ser considerado patrimonio histórico de Tecate.

El primer plano urbano de Tecate data de 1917, existen evidencias de que la primera piedra del parque Miguel Hidalgo fue colocada en febrero de 1918. Es decir, desde que Tecate inició su urbanización, los pobladores se organizaron para disponer de un espacio público de recreación y esparcimiento. Se volvió el espacio cívico por excelencia, en él se conmemoraban las fechas importantes de las historia nacional como el 5 de mayo, 16 de septiembre y 20 de noviembre. Desde su fundación se ha convertido en la sede de desfiles, bailes, tertulias, pamplonadas, ferias, mítines políticos, manifestaciones, protestas, etc.  

La estación Misional Santa María de Tecate y la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, si bien es verdad que representan a la feligresía católica de la ciudad por su ubicación en el Centro Histórico y sobre todo por ser de los primeros edificios donde la comunidad se organizó para recaudar fondos, además de los problemas políticos que tuvieron que sortear para adquirir el permiso de construcción por parte de la Secretaria de Gobernación, por generaciones han sido un punto emblemático de la comunidad. Desde luego que no podemos olvidar que como parte de estas actividades para la construcción de la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe inicio la Romería de Verano, fiesta emblemática que ha iniciativa del cura Socorro Pérez Sosa se organizó por primera vez en 1954 y continua de manera ininterrumpida hasta nuestros días.  En la actualidad existe un comité organizador, quienes a su vez son miembros de la comunidad católica de dicha iglesia. Como lo hemos escrito en otra ocasión, la Romería de Verano ha pasado por varias etapas, pero siempre ha sido la comunidad la encargada de su organización y el funcionamiento de los puestos, además de los números artísticos que le dan vida durante los días que dura el evento. Desde 1954 hasta la fecha, la Romería de Verano se ha organizado año, tras año de manera ininterrumpida y los fondos recabados han favorecido, en parte, la construcción, mantenimiento y sostenimiento de la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe y la Casa del Migrante. Por ello, estos tres elementos los considero indivisibles, su valor cultural transita de los inmaterial a lo material, de lo intangible a lo tangible, de la fiesta tradicional a la edificación de bienes (Estación Misional e Iglesia de Guadalupe)  como testimonio del trabajo colectivo.  

Y si hablamos de espacios ganados por la comunidad y defensa de ellos, no podemos olvidarnos del Parque “Los encinos”, sin duda uno de los pulmones de la ciudad y el espacio donde más personas se reúnen los fines de semana con fines recreativos, deportivos y culturales. En la década de los 80 un grupo de personas se organizaron para solicitar que el gobierno adquiriera el predio y fuera construido un parque, al no obtener respuesta se consolido el Comité de Participación y Defensa Ciudadana, A.C. con el objetivo de luchar por que se respetara y adquiriera el predio en beneficio de la comunidad tecatense. Ardua fue la lucha, trece años tuvieron que pasar antes de lograr su objetivo. El Parque “Los encinos” es el logro de un grupo de ciudadanos con la visión de rescatar para los tecatesnes un espacio digno. Por cierto, reglones arriba mencione que en las piedras de la ciudad podíamos encontrar vestigios de morteros y metates, un ejemplo de ello es el Parque “Los encinos”, en él todavía es posible observarlos en las piedras aledañas a la sección de asadores. 

En esta primera entrega dejo a su consideración estos primeros elementos de identidad comunitaria: Las piedras, el encino, el Cuchumá, la Estación del Ferrocarril, el Parque Miguel Hidalgo con su Kiosco, La Estación Misional Santa María de Guadalupe, La Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, la Romería de Verano y el Parque “Los Encinos”. Como lo mencioné en las primeras líneas, usted puede estar de acuerdo conmigo o eliminar algunos de ellos o incorporar otros si así lo considera. El objetivo de este artículo es invitarlos a reflexionar sobre aquellos elementos que caracterizan y nos diferencian de manera positiva de otras comunidades. 

Los proyectos ferroviarios en Baja California y su eventual fracaso a finales del siglo XIX

Por Karelia Guadalupe Murguía Pinzón[1]

Así como el billete de ferrocarril se valora de acuerdo con la longitud del viaje a que da derecho, así el dinero se valora según la cantidad de poder adquisitivo inmediato que proporcione.”

― Alfred Marshall

En este breve artículo abordaremos las causas que llevaron la creación de una vía ferroviaria en Baja California durante el siglo XIX, así como el porqué de su inevitable fracaso. Muchas fueron las causas que se presentaron como oportunidades para el desarrollo de dicho proyecto. Si bien este siglo presentó grandes aspiraciones por el progreso, mediante la implementación de un plan que modernizara las rutas comerciales y redujera el tiempo de transporte, también fue testigo de fracasos en varias partes del país. Pues bien, lo anterior abre la pauta para cuestionarse ¿cuáles fueron las causas ocasionaron que no se concretara dicha obra? Por otro lado, está el asunto económico y social ¿De dónde salía el dinero? ¿Era subsidiado por el gobierno? ¿Qué beneficios se pretendían obtener en la creación de vías ferroviarias? 

Durante el siglo XIX, Baja California no contaba con una gran cantidad de pobladores. Sin embargo, estas poblaciones se encontraban en una zona geográfica privilegiada, pues contaban con bahías que permitían el comercio marítimo y, por ello, el establecimiento de puertos que permitieran el acceso a la península. Por otro lado, se debe tomar en cuenta que la frontera con Estados Unidos representaba un gran beneficio y la oportunidad de establecer comercio entre ambas naciones.

Aunque esto represente un beneficio, tómese en cuenta que la extensión territorial de la Baja es bastante larga y por ello, un tanto difícil la comunicación entre las diferentes poblaciones que en ella existían. Hilarie J. Heath en su artículo “El malogrado proyecto del ferrocarril peninsular del Distrito Norte de Baja California, 1887-1892” analiza uno de los proyectos más ambiciosos pensados para conexión de dichos asentamientos fue la creación de una vía ferroviaria que abarcara desde California, Estados Unidos y cruzara toda Baja California hasta la bahía de Los Ángeles en la costa del Golfo. Por ello, nos dice:

“En 1887 se firmó un contrato entre el gobierno mexicano y la Compañía Internacional, una empresa de deslinde y colonización de capital estadounidense, para la construcción de un ferrocarril en la península de Baja California”.

Estas inversiones se dieron, más que nada, por parte de empresas estadunidenses con la idea de que el ferrocarril supondría una mayor inversión para el auge industrial mexicano. La mayoría de los proyectos ferroviarios se dieron durante el modernismo implementado por Porfirio Díaz, quién pretendía un crecimiento de redes ferroviarias, así como el desarrollo urbano y la modernización de vías y caminos de transporte.

Dicho proyecto se inició en 1860 mediante la colaboración de la Lower California Company. Dicha empresa, había obtenido las concesiones para el desarrollo y la colonización en la península, la cual había sido otorgada durante el periodo presidencial de Benito Juárez a Jacob P. Leese. Con ello se daba inicio en el año de 1866 a la colonización y construcción de caminos ferroviarios, los cuales traerían beneficios entre ambos países tanto en los aspectos económicos, como en el aumento de población de la península.

Durante el año de 1887 se firmó un acuerdo en el que participaron representantes de la International Company of Mexico y el gobierno mexicano, en el que se concedían los permisos para la construcción de cuatro rutas ferroviarias que conformarían las rutas de Tijuana-Bahía de los Ángeles, Tijuana-Puerto Isabel, Puerto Isabel-Magdalena (Sonora) y, finalmente, de Magdalena-Paso del Norte (Chihuahua).

Con todo, las construcciones de dichas vías provocarían un cambio en el paisaje, así como consecuencias por la constante explotación y el transporte de las materias primas y otros productos. Lamentablemente, dicho proyecto no se llevó a cabo, pues para los años de 1891 y 1892, sólo se habían construido 27 kilómetros de vías que habían iniciado en la bahía de San Quintín.

Gresham Chapman, John en el libro  La construcción del ferrocarril mexicano (1837-1880) menciona que la segunda vez que se otorgó una concesión en México fue para la construcción de la ruta México-Veracruz, siendo la primera en llevarse a la realidad, pues la anterior concesión, había resultado en un fracaso y por ello no se llevó a cabo ninguna construcción.  En general, la tierra que se autorizara para la construcción de dichas vías, no debía ocupar caminos ya existentes. Así mismo, se fijaron límites a las tarifas para el transporte de artículos de productos nacionales, siendo los impuestos más altos los aplicados a las mercancías importadas.

Las concesiones que habían sido adquiridas por los estadounidenses, pronto se vieron en manos de compañías inglesas que heredado dichos permisos. Es por ello que los planes de colonización se vieron afectados y los avances en ellos, se dio de manera lenta y gradual. Los fracasos ferroviarios se dieron en todo el país, no sólo en Baja California. La diferencia radica en los programas de colonización y los constantes cambios de manos de las concesiones otorgadas a las compañías extranjeras.

Sin embargo, esas no fueron las únicas causas. Consideremos que en el territorio peninsular está conformado por una flora, fauna y clima desértico. Por ello, no era posible mantener condiciones de vida optimas en determinados puntos, pues el acceso a dichas poblaciones requería un gran esfuerzo y tiempo, pues cada uno se encontraba distanciado de los otros por muchos kilómetros.

Finalmente, he de decir que, si bien el proyecto ferroviario no prosperó debido a las causas anteriormente mencionadas, lo que sí tuvo éxito fue el proyecto colonizador que venía de la mano con las construcciones de las vías. Sin embargo, para finales del siglo XIX se reconoció que era necesario conectar la Baja California con el resto del país de algún modo y otro. También quedó bastante claro que las complicaciones de desplazamiento eran una constante difícil para los mismos habitantes.

Si bien se hicieron intentos de retomar la idea de crear vías que conectaran las poblaciones y ofrecieran sus beneficios de comercio, el proyecto quedó desfasado y no se completó. Por otro lado, actualmente se han propuestos nuevos proyectos con miras de retomar dichos planes, pero ahora con la intención de conectar las ciudades de Tijuana, Tecate y San Diego para un mayor aprovechamiento de los límites fronterizos y mejorar así los tratos comerciales entre California y Baja California.


[1] La autora es estudiante de la Licenciatura en Historia en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Baja California.

Patrimonio Cultural ¿Para qué?

Por Héctor Mejorado de la Torre

En 2018 se llevó a cabo el 2do. Congreso de Patrimonio Histórico y Cultural de Baja California en la ciudad de Mexicali. Fueron dos días de intenso trabajo, entre ponencias, mesas de trabajo y conclusiones. Respondieron a la convocatoria 32 personas con el interés de dar a conocer los proyectos que están iniciando, en proceso o ya finalizados. Todas apasionadas por su terruño, preocupadas la destrucción consecuencia del desconocimiento, ignorancia y desinterés social.

Pero antes de continuar definamos Patrimonio Cultural. De acuerdo con la unesco, en su más amplio sentido es a la vez un producto y un proceso que suministra a las sociedades un caudal de recursos que se heredan del pasado, se crean en el presente y se transmiten a las generaciones futuras para su beneficio. Éste se divide en material, inmaterial y natural. Dentro del material está todo lo que se puede tocar: construcciones, pinturas rupestres, sitios arqueológicos, manuscritos, monumentos, esculturas, objetos, por mencionar algunos. El inmaterial son las tradiciones orales, los rituales, las danzas, los cantos, entre otros. Mientras que el natural son los paisajes, las áreas protegidas, aquello en donde no ha intervenido la mano del hombre como: las islas del Golfo de California, el Santuario de Ballenas de el Vizcaíno, la Reserva de  la Biosfera El Pinacate y tantos más.

Una vez definido, las siguientes preguntas que nos asechan son: ¿Para qué preservar? y ¿Que preservar? Dar respuesta a esos cuestionamientos es mucho más complejo de lo que parece, porque no hay una respuesta que deje a todos satisfechos, menos en estos tiempos donde el impera el consumismo, lo utilitario y lo efímero. Sin embargo me arriesgaré a esbozar algunas razones: 1) Empezaré por decir que muchos de los bienes materiales y naturales con los que cuenta nuestra sociedad actualmente, no existirán en un futuro; 2) Es parte de la identidad de un pueblo; 3) Es un legado que permite establecer vínculos entre presente y pasado; 4) La identidad de una comunidad se manifiesta en su historia, sus tradiciones, sus expresiones artísticas y su arquitectura.

Entonces ¿Qué debemos preservar? El Dr. Bolfy Cottom Ulin, en la conferencia inaugural del congreso nos permitió reflexionar sobre el cambio a través de los años los parámetros que debe cumplir aquello que puede ser considerado Patrimonio Cultural y con ello determinar su conservación para futuras generaciones. Nos dice que en la actualidad lo que merece ser rescatado es aquello que tiene un valor cultural, estético o histórico y que puede ser redituable o generar ganancias a través del turismo. Si bien, el patrimonio no está peleado con los proyectos turísticos y es deseable que un bien material, inmaterial o natural pueda ser utilizado y pero no necesariamente redituable, es importante tener en cuenta que llegado este caso habría que buscar los mecanismos para preservar.

Pero como definimos que debemos preservar, para ello nos dice el Dr. Cottom hay 800 leyes y reglamentos en la República Mexicana que norman ¿Qué? ¿Cómo? y ¿Quiénes? deben realizar esa ardua labor. Sin embargo, los resultados nos dejan en evidencia, somos muy productivos al momento de legislar, pero muy deficientes para aplicarlas. Como no tenemos tiempo para leer ese arsenal de hojas esparcidas por el amplio territorio nacional simplificaremos esta respuesta. Cada sociedad tiene su propia historia e identidad, es por ello que los miembros de ella son quienes deben definir aquellos elementos que consideran representativos, con una carga histórica, tradicional o simbólica para su comunidad o para el grupo del cual forma parte.

Para poder ejemplificar esto me di a la tarea de lanzar en facebook dos encuestas de opinión, – de antemano manifiesto, son subjetivas, con serios problemas de valor estadístico, y sus resultados no tienen sentido oficiales, ni vinculatorios – los resultados fueron interesantes. En la primera surgieron elementos quizá muy obvios como la cerveza, el pan y El Cuchuma, también aparecieron otros menos obvios como las piedras, las macetas de barro, la carne asada, la gallina pinta, el monumento a la madre y el baile de Cuadrillas; por último en las opiniones recordaron aquellas que fueron referente para  la comunidad en algún tiempo pero ya no están como: el silbato de cervecería, la pamplonada, el vidrio soplado, la Diana (La actual es replica) y los piñones.

Con fines de continuar con el ejercicio, realicé una segunda encuesta pero ahora cerrada, es decir con opciones. Estas fueron conformadas de acuerdo a las respuestas más repetidas durante la primera encuesta, así que con base en dicho ejercicio podríamos decir que para los tecatenses los elementos identitarios de la localidad son: la cerveza, el pan, el vino, el encino, el olivo, la vid, El Cuchuma, Parque Miguel Hidalgo, las Pinturas Rupestres, la Romería, la Iglesia de Guadalupe y la estación del ferrocarril. Desde luego que no es un resultado limitativo y excluyente, por el contrario, como vimos en el párrafo anterior, existen otros elementos que están en el imaginario colectivo de los tecatenses.

Con lo anterior solamente pretendo explicar de manera más clara como el patrimonio cultural es un ente vivo, que caminamos, escuchamos, observamos, palpamos, degustamos y olfateamos. Convivimos con él, aunque la cotidianidad y la velocidad del diario vivir nos insensibiliza al grado de “desaparecerlo”, bastaría con detenernos un momento, agudizar nuestros sentidos, dejar que ese pasado nos hable en el presente y esos elementos de identidad nos contarían historias, nos evocarían recuerdos, experiencias, anécdotas vividas con quienes aun están, pero también con quienes se han ido.

El patrimonio cultural es un legado para generaciones futuras, en nuestras manos está el preservarlo para que ellas tengan elementos para recordarnos cuando nuestras generaciones se haya marchado.