Misión de San Fernando Rey de España de Velicatá (1769 – 1818)

Serie Misiones de Baja California

Por Héctor Mejorado de la Torre

Taller de Historia de Tecate, A.C.

Misión de San Fernando Rey de España de Velicatá / Foto de: Héctor Mejorado de la Torre

Información general:

Fundada el 14 de mayo de 1769 por el padre franciscano Junípero Serra quien  nombró a Miguel Campa y Cos como primer misionero residente. En 1773 la misión pasó a manos de los dominicos siendo el padre Miguel Hidalgo el encargado de administrarla. En 1773 la población indígena ascendía a 1,500 almas y debido a las epidemias descendió a 363 en 1800. En 1818, fray José Martínez recibió la orden de abandonarla en forma permanente por falta de neófitos. La producción agrícola se basaba en el cultivo de trigo, maíz, durazno, granados, higueras, nopales, olivos, cebada y algodón; también tuvieron crianza de ovejas y cabras.

Complejo misional:

En el complejo se construyó una iglesia de adobe con cimentación de piedra y otros edificios; también contaba con un sistema de riego conformado por una represa, de tierra y piedra, pilas para almacenar el agua y algunas acequias a lo largo del cañón. Su área de jurisdicción era de aproximadamente 3,300 kilómetros cuadrados en donde se encontraban las rancherías de La Casa, La Llaga, San Juan de Dios, Santo Domingo, San Luis y San José.

Misión de San Fernando Rey de España de Velicatá / Foto de: Héctor Mejorado de la Torre

            Los indígenas de la misión usaban taparrabos, frazadas y algunas mujeres se cubrían con faldas de manta, gamuza o pieles curtidas. La comida se reducía a dos cucharadas de atole por la mañana y noche, al medio día, maíz o trigo en agua cocida. Los domingos y días festivos se les repartían granos y el día del santo patrono se le daba a cada individuo cuatro o cinco panecitos y a los enfermos todos los días. Esto solamente se les daba a las familias que vivían en la misión.

Pueblos originarios de la región:

La misión quedó ubicada en la amplia zona que se ha denominado cochimí. Existían diferentes grupos con semejanzas culturales, entre otros rasgos pertenecían a una misma familia lingüística conocida como yumana-peninsular. Vivían en chocitas o cercaditos de piedra al aire libre. Tenían mezcal en abundancia; el corte de esta mata y su cocimiento era difícil, sin embargo, les servía de alimento diario. Debido a que se trasladaban periódicamente, sus pertenencias eran pocas: una o dos talegas para guardar las semillas y el tabaco; su arco y flechas, para cazar venado, y mecates de pencas de maguey. Las mujeres, un palo para cortar maguey, una red para cargarlos y una varita de junco para coger las semillas.

Restos de pared / Foto de: Héctor Mejorado de la Torre

Medio ambiente:

Ubicada en la parte noroeste del Desierto de Vizcaíno, a la llegada de los misioneros su flora se componía de matorral desértico y plantas, que se caracterizan por necesitar poco agua para desarrollarse, como el cactus, aliso,  cochal, agave, cirio, ocotillo, chamizos, cacto erizo y gobernadora. Mientras que su fauna la conformaban los reptiles, diversidad de serpientes, coyotes, lagartijas, conejos, liebres, venado bura y gato montés.

Distintivo:

Esta misión se distingue por las manifestaciones indígenas que se encuentran en sus cercanías. En las paredes del cañón, al lado norte del arroyo, se encuentran unos petroglifos que fueron tallados en la roca por los antiguos habitantes nativos de la región. Utilizaron diseños geométricos complicados que aparentan ser figuras humanas y encuentros de batallas.

Petrograbados / Foto de: Héctor Mejorado de la Torre

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