Por Héctor Mejorado de la Torre

En 2018 se llevó a cabo el 2do. Congreso de Patrimonio Histórico y Cultural de Baja California en la ciudad de Mexicali. Fueron dos días de intenso trabajo, entre ponencias, mesas de trabajo y conclusiones. Respondieron a la convocatoria 32 personas con el interés de dar a conocer los proyectos que están iniciando, en proceso o ya finalizados. Todas apasionadas por su terruño, preocupadas la destrucción consecuencia del desconocimiento, ignorancia y desinterés social.

Pero antes de continuar definamos Patrimonio Cultural. De acuerdo con la unesco, en su más amplio sentido es a la vez un producto y un proceso que suministra a las sociedades un caudal de recursos que se heredan del pasado, se crean en el presente y se transmiten a las generaciones futuras para su beneficio. Éste se divide en material, inmaterial y natural. Dentro del material está todo lo que se puede tocar: construcciones, pinturas rupestres, sitios arqueológicos, manuscritos, monumentos, esculturas, objetos, por mencionar algunos. El inmaterial son las tradiciones orales, los rituales, las danzas, los cantos, entre otros. Mientras que el natural son los paisajes, las áreas protegidas, aquello en donde no ha intervenido la mano del hombre como: las islas del Golfo de California, el Santuario de Ballenas de el Vizcaíno, la Reserva de  la Biosfera El Pinacate y tantos más.

Una vez definido, las siguientes preguntas que nos asechan son: ¿Para qué preservar? y ¿Que preservar? Dar respuesta a esos cuestionamientos es mucho más complejo de lo que parece, porque no hay una respuesta que deje a todos satisfechos, menos en estos tiempos donde el impera el consumismo, lo utilitario y lo efímero. Sin embargo me arriesgaré a esbozar algunas razones: 1) Empezaré por decir que muchos de los bienes materiales y naturales con los que cuenta nuestra sociedad actualmente, no existirán en un futuro; 2) Es parte de la identidad de un pueblo; 3) Es un legado que permite establecer vínculos entre presente y pasado; 4) La identidad de una comunidad se manifiesta en su historia, sus tradiciones, sus expresiones artísticas y su arquitectura.

Entonces ¿Qué debemos preservar? El Dr. Bolfy Cottom Ulin, en la conferencia inaugural del congreso nos permitió reflexionar sobre el cambio a través de los años los parámetros que debe cumplir aquello que puede ser considerado Patrimonio Cultural y con ello determinar su conservación para futuras generaciones. Nos dice que en la actualidad lo que merece ser rescatado es aquello que tiene un valor cultural, estético o histórico y que puede ser redituable o generar ganancias a través del turismo. Si bien, el patrimonio no está peleado con los proyectos turísticos y es deseable que un bien material, inmaterial o natural pueda ser utilizado y pero no necesariamente redituable, es importante tener en cuenta que llegado este caso habría que buscar los mecanismos para preservar.

Pero como definimos que debemos preservar, para ello nos dice el Dr. Cottom hay 800 leyes y reglamentos en la República Mexicana que norman ¿Qué? ¿Cómo? y ¿Quiénes? deben realizar esa ardua labor. Sin embargo, los resultados nos dejan en evidencia, somos muy productivos al momento de legislar, pero muy deficientes para aplicarlas. Como no tenemos tiempo para leer ese arsenal de hojas esparcidas por el amplio territorio nacional simplificaremos esta respuesta. Cada sociedad tiene su propia historia e identidad, es por ello que los miembros de ella son quienes deben definir aquellos elementos que consideran representativos, con una carga histórica, tradicional o simbólica para su comunidad o para el grupo del cual forma parte.

Para poder ejemplificar esto me di a la tarea de lanzar en facebook dos encuestas de opinión, – de antemano manifiesto, son subjetivas, con serios problemas de valor estadístico, y sus resultados no tienen sentido oficiales, ni vinculatorios – los resultados fueron interesantes. En la primera surgieron elementos quizá muy obvios como la cerveza, el pan y El Cuchuma, también aparecieron otros menos obvios como las piedras, las macetas de barro, la carne asada, la gallina pinta, el monumento a la madre y el baile de Cuadrillas; por último en las opiniones recordaron aquellas que fueron referente para  la comunidad en algún tiempo pero ya no están como: el silbato de cervecería, la pamplonada, el vidrio soplado, la Diana (La actual es replica) y los piñones.

Con fines de continuar con el ejercicio, realicé una segunda encuesta pero ahora cerrada, es decir con opciones. Estas fueron conformadas de acuerdo a las respuestas más repetidas durante la primera encuesta, así que con base en dicho ejercicio podríamos decir que para los tecatenses los elementos identitarios de la localidad son: la cerveza, el pan, el vino, el encino, el olivo, la vid, El Cuchuma, Parque Miguel Hidalgo, las Pinturas Rupestres, la Romería, la Iglesia de Guadalupe y la estación del ferrocarril. Desde luego que no es un resultado limitativo y excluyente, por el contrario, como vimos en el párrafo anterior, existen otros elementos que están en el imaginario colectivo de los tecatenses.

Con lo anterior solamente pretendo explicar de manera más clara como el patrimonio cultural es un ente vivo, que caminamos, escuchamos, observamos, palpamos, degustamos y olfateamos. Convivimos con él, aunque la cotidianidad y la velocidad del diario vivir nos insensibiliza al grado de “desaparecerlo”, bastaría con detenernos un momento, agudizar nuestros sentidos, dejar que ese pasado nos hable en el presente y esos elementos de identidad nos contarían historias, nos evocarían recuerdos, experiencias, anécdotas vividas con quienes aun están, pero también con quienes se han ido.

El patrimonio cultural es un legado para generaciones futuras, en nuestras manos está el preservarlo para que ellas tengan elementos para recordarnos cuando nuestras generaciones se haya marchado.