Por Karelia Guadalupe Murguía Pinzón[1]

Así como el billete de ferrocarril se valora de acuerdo con la longitud del viaje a que da derecho, así el dinero se valora según la cantidad de poder adquisitivo inmediato que proporcione.”

― Alfred Marshall

En este breve artículo abordaremos las causas que llevaron la creación de una vía ferroviaria en Baja California durante el siglo XIX, así como el porqué de su inevitable fracaso. Muchas fueron las causas que se presentaron como oportunidades para el desarrollo de dicho proyecto. Si bien este siglo presentó grandes aspiraciones por el progreso, mediante la implementación de un plan que modernizara las rutas comerciales y redujera el tiempo de transporte, también fue testigo de fracasos en varias partes del país. Pues bien, lo anterior abre la pauta para cuestionarse ¿cuáles fueron las causas ocasionaron que no se concretara dicha obra? Por otro lado, está el asunto económico y social ¿De dónde salía el dinero? ¿Era subsidiado por el gobierno? ¿Qué beneficios se pretendían obtener en la creación de vías ferroviarias? 

Durante el siglo XIX, Baja California no contaba con una gran cantidad de pobladores. Sin embargo, estas poblaciones se encontraban en una zona geográfica privilegiada, pues contaban con bahías que permitían el comercio marítimo y, por ello, el establecimiento de puertos que permitieran el acceso a la península. Por otro lado, se debe tomar en cuenta que la frontera con Estados Unidos representaba un gran beneficio y la oportunidad de establecer comercio entre ambas naciones.

Aunque esto represente un beneficio, tómese en cuenta que la extensión territorial de la Baja es bastante larga y por ello, un tanto difícil la comunicación entre las diferentes poblaciones que en ella existían. Hilarie J. Heath en su artículo “El malogrado proyecto del ferrocarril peninsular del Distrito Norte de Baja California, 1887-1892” analiza uno de los proyectos más ambiciosos pensados para conexión de dichos asentamientos fue la creación de una vía ferroviaria que abarcara desde California, Estados Unidos y cruzara toda Baja California hasta la bahía de Los Ángeles en la costa del Golfo. Por ello, nos dice:

“En 1887 se firmó un contrato entre el gobierno mexicano y la Compañía Internacional, una empresa de deslinde y colonización de capital estadounidense, para la construcción de un ferrocarril en la península de Baja California”.

Estas inversiones se dieron, más que nada, por parte de empresas estadunidenses con la idea de que el ferrocarril supondría una mayor inversión para el auge industrial mexicano. La mayoría de los proyectos ferroviarios se dieron durante el modernismo implementado por Porfirio Díaz, quién pretendía un crecimiento de redes ferroviarias, así como el desarrollo urbano y la modernización de vías y caminos de transporte.

Dicho proyecto se inició en 1860 mediante la colaboración de la Lower California Company. Dicha empresa, había obtenido las concesiones para el desarrollo y la colonización en la península, la cual había sido otorgada durante el periodo presidencial de Benito Juárez a Jacob P. Leese. Con ello se daba inicio en el año de 1866 a la colonización y construcción de caminos ferroviarios, los cuales traerían beneficios entre ambos países tanto en los aspectos económicos, como en el aumento de población de la península.

Durante el año de 1887 se firmó un acuerdo en el que participaron representantes de la International Company of Mexico y el gobierno mexicano, en el que se concedían los permisos para la construcción de cuatro rutas ferroviarias que conformarían las rutas de Tijuana-Bahía de los Ángeles, Tijuana-Puerto Isabel, Puerto Isabel-Magdalena (Sonora) y, finalmente, de Magdalena-Paso del Norte (Chihuahua).

Con todo, las construcciones de dichas vías provocarían un cambio en el paisaje, así como consecuencias por la constante explotación y el transporte de las materias primas y otros productos. Lamentablemente, dicho proyecto no se llevó a cabo, pues para los años de 1891 y 1892, sólo se habían construido 27 kilómetros de vías que habían iniciado en la bahía de San Quintín.

Gresham Chapman, John en el libro  La construcción del ferrocarril mexicano (1837-1880) menciona que la segunda vez que se otorgó una concesión en México fue para la construcción de la ruta México-Veracruz, siendo la primera en llevarse a la realidad, pues la anterior concesión, había resultado en un fracaso y por ello no se llevó a cabo ninguna construcción.  En general, la tierra que se autorizara para la construcción de dichas vías, no debía ocupar caminos ya existentes. Así mismo, se fijaron límites a las tarifas para el transporte de artículos de productos nacionales, siendo los impuestos más altos los aplicados a las mercancías importadas.

Las concesiones que habían sido adquiridas por los estadounidenses, pronto se vieron en manos de compañías inglesas que heredado dichos permisos. Es por ello que los planes de colonización se vieron afectados y los avances en ellos, se dio de manera lenta y gradual. Los fracasos ferroviarios se dieron en todo el país, no sólo en Baja California. La diferencia radica en los programas de colonización y los constantes cambios de manos de las concesiones otorgadas a las compañías extranjeras.

Sin embargo, esas no fueron las únicas causas. Consideremos que en el territorio peninsular está conformado por una flora, fauna y clima desértico. Por ello, no era posible mantener condiciones de vida optimas en determinados puntos, pues el acceso a dichas poblaciones requería un gran esfuerzo y tiempo, pues cada uno se encontraba distanciado de los otros por muchos kilómetros.

Finalmente, he de decir que, si bien el proyecto ferroviario no prosperó debido a las causas anteriormente mencionadas, lo que sí tuvo éxito fue el proyecto colonizador que venía de la mano con las construcciones de las vías. Sin embargo, para finales del siglo XIX se reconoció que era necesario conectar la Baja California con el resto del país de algún modo y otro. También quedó bastante claro que las complicaciones de desplazamiento eran una constante difícil para los mismos habitantes.

Si bien se hicieron intentos de retomar la idea de crear vías que conectaran las poblaciones y ofrecieran sus beneficios de comercio, el proyecto quedó desfasado y no se completó. Por otro lado, actualmente se han propuestos nuevos proyectos con miras de retomar dichos planes, pero ahora con la intención de conectar las ciudades de Tijuana, Tecate y San Diego para un mayor aprovechamiento de los límites fronterizos y mejorar así los tratos comerciales entre California y Baja California.


[1] La autora es estudiante de la Licenciatura en Historia en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Baja California.