Por Héctor Mejorado de la Torre

Hace algunos meses realice una encuesta por Facebook, en el muro de Viejo Tecate para ser más precisos. En efecto, los resultados no cumplen con los estándares de confiabilidad que una encuesta bien estructurada demanda; sin embargo, las respuestas obtenidas permitieron detectar una serie de elementos repetidos con mayor frecuencia. Lo anterior me permitió reflexionar sobre aquellos muebles, inmuebles, objetos, fiestas y tradiciones que con el paso del tiempo los tecatenses les hemos asignado un valor de identidad comunitaria.

Me parece pertinente iniciar con la pregunta: ¿Que es la Identidad de una comunidad? Así como los individuos tenemos nuestra propia identidad, las comunidades también construyen su identidad, es decir todo aquello que la caracteriza y la distingue de las demás; yo añadiría, de manera positiva. Algunos elementos a considerar pueden ser el nombre del lugar, su historia, su territorio, sus recursos naturales, su relación con otras comunidades, su gente, su sistema de creencias y su forma de trabajo.

En lo personal, no me gusta abordar el tema de la identidad, primero porque no tengo los conocimientos, ni las herramientas teóricas para adentrarme en él; segundo, porque es muy cambiante. Es decir, un elemento que para una generación es importante, para otra ya no lo es o ha adquirido un significado distinto. Por lo tanto, habría que explicar el elemento bajo determinado contexto histórico.

Por ello, para este acercamiento, le pido comprenda que es un mero ejercicio de reflexión personal, que durante algunos meses he estado alimentando. Los elementos que pondré para su consideración, amable lector, no son los únicos, ni los más importantes para usted. Es una invitación para que reflexionemos juntos sobre la materia y nos dé su opinión.

Empezaré por mencionar aquellos elementos naturales como lo son las piedras, el encino y el Cuchumá. En más de una ocasión, amistades que vienen a Tecate por primera vez se quedan impresionadas por la cantidad de piedras que forman parte del paisaje de nuestro municipio. En un giro de 360 grados, a simple vista podemos observar como nuestro entorno está poblado de piedras, conformando gran parte de los cerros que rodean el valle de Tecate. Algunos propietarios han comprendido que son parte del paisaje y en lugar de destruir las integran al diseño de sus patios, jardines y casas logrando composiciones magistrales, no ha faltado el artista que con su creatividad las ha transformado en elefantes, tortugas, delfines o cualquier otra figura que su imaginación le permite recrear, dándoles un toque de originalidad.

 Otro elemento que crece en estas tierras mucho antes de que el paraje de Tecate fuera otorgado a Juan Bandini es el encino, árbol que también forma parte de nuestro entorno. Los podemos encontrar dentro de la ciudad, pero también hacia la salida a Mexicali, Ensenada y Tijuana. Los Kumiai utilizaban las piedras como morteros o metates para moler la bellota, fruto del encino. Algunos años atrás todavía era posible observar dentro del poblado las pequeñas cavidades hechas en las piedras tras una sucesión de golpes propinados por la nativa mientras preparaba el atole y otros alimentos para los miembros de su comunidad; estos fueron desapareciendo conforme creció la mancha urbana.

Los nativos de Baja California integran los elementos naturales en sus leyendas y narrativas, con ello sus ancestros intentaron explicar el mundo que los rodeaba. Los Kumiai, primeros residentes del ahora municipio de Tecate durante generaciones transmitieron de manera oral su interpretación del entorno, por ejemplo: La leyenda de Peña Blanca, en ella cuentan como una joven indígena se convierte en montaña, en cuya cúspide se encuentra una inmensa roca (peña); y el cuento denominado ¨El viaje de los árboles sagrados¨, en él narran como el pino, el piñón y el encino inician una caminata desde la  Rumorosa y conforme se van cansando deciden quedarse habitando las diferentes regiones del norte de nuestro estado, entre ellas, el valle de Tecate. Varios de  nosotros, quizá no conozcamos la leyenda, el cuento, el atole de bellota, los morteros, ni los metates antes mencionados, pero las piedras y los encinos, sin lugar a dudas, forman parte de nuestro referente comunitario.

Entre los cerros incorporados a las leyendas de los nativos Kumiai se encuentra la del Indio (o Guerrero) Bateque, cerro que puede observar antes de llevar al Valle de las Palmas; pero uno muchos más cercano a nosotros es el Cuchumá. Es imposible que pase desapercibida la montaña sagrada, como le han llamado en las últimas décadas. Aunque la mayor parte de ella se localiza en el lado estadounidense y solamente su falda descansa en territorio nacional, en algún momento de la historia fue una caminata obligada para los jóvenes tecatenses. Varios de nosotros tuvimos la oportunidad de subirlo y contemplar el bello panorama desde la altura o como quizá lo habría dicho el profesor Víctor Manuel Peñalosa Beltrán pudimos contemplar desde los hombros del Guerrero Cuchumá a la Princesa Itztakat mientras dormía.  Autor de Ecos del Cuchumá, libro donde escribe ¨La leyenda del Cuchumá¨, en la década de los 60, tiempo en que Indra Devi abrió su Fundación con el objetivo de difundir la práctica del Yoga en el Rancho Cuchuma ubicado en las faldas del cerro; y la leyenda Kumiai sobre el ritual realizado por los barones para transitar de la infancia a su etapa adulta ha generado la creencia de que El Cuchumá es una Montaña Sagrada. En lo personal tengo mi propia opinión sobre este tema, pero este no es el momento de profundizar sobre este tópico. Lo importante es que los tecatenses nos hemos apropiado de esta montaña y es parte de la identidad de nuestra comunidad.

Después de comentar aquellos elementos naturales identitarios hablemos de aquellos otros en donde la mano del hombre ha tenido algo que ver. Enlistemos las construcciones como la Estación del Ferrocarril (1915), el Parque Miguel Hidalgo (1918), la Estación Misional Santa María de Tecate (1941), La iglesia de Guadalupe (1954), la Romería de Verano (1954) y Parque “Los Encinos”.

La estación del ferrocarril es quizá el edificio “Publico” más antiguo de Tecate, construido alrededor de 1915 fue testigo del crecimiento y desarrollo de nuestra comunidad. Aunque ahora el edificio ha quedado rodeado por bardas, casas y su acceso es un tanto engorroso, es un elemento que nos solamente da identidad a la comunidad, sino que debería ser considerado patrimonio histórico de Tecate.

El primer plano urbano de Tecate data de 1917, existen evidencias de que la primera piedra del parque Miguel Hidalgo fue colocada en febrero de 1918. Es decir, desde que Tecate inició su urbanización, los pobladores se organizaron para disponer de un espacio público de recreación y esparcimiento. Se volvió el espacio cívico por excelencia, en él se conmemoraban las fechas importantes de las historia nacional como el 5 de mayo, 16 de septiembre y 20 de noviembre. Desde su fundación se ha convertido en la sede de desfiles, bailes, tertulias, pamplonadas, ferias, mítines políticos, manifestaciones, protestas, etc.  

La estación Misional Santa María de Tecate y la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, si bien es verdad que representan a la feligresía católica de la ciudad por su ubicación en el Centro Histórico y sobre todo por ser de los primeros edificios donde la comunidad se organizó para recaudar fondos, además de los problemas políticos que tuvieron que sortear para adquirir el permiso de construcción por parte de la Secretaria de Gobernación, por generaciones han sido un punto emblemático de la comunidad. Desde luego que no podemos olvidar que como parte de estas actividades para la construcción de la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe inicio la Romería de Verano, fiesta emblemática que ha iniciativa del cura Socorro Pérez Sosa se organizó por primera vez en 1954 y continua de manera ininterrumpida hasta nuestros días.  En la actualidad existe un comité organizador, quienes a su vez son miembros de la comunidad católica de dicha iglesia. Como lo hemos escrito en otra ocasión, la Romería de Verano ha pasado por varias etapas, pero siempre ha sido la comunidad la encargada de su organización y el funcionamiento de los puestos, además de los números artísticos que le dan vida durante los días que dura el evento. Desde 1954 hasta la fecha, la Romería de Verano se ha organizado año, tras año de manera ininterrumpida y los fondos recabados han favorecido, en parte, la construcción, mantenimiento y sostenimiento de la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe y la Casa del Migrante. Por ello, estos tres elementos los considero indivisibles, su valor cultural transita de los inmaterial a lo material, de lo intangible a lo tangible, de la fiesta tradicional a la edificación de bienes (Estación Misional e Iglesia de Guadalupe)  como testimonio del trabajo colectivo.  

Y si hablamos de espacios ganados por la comunidad y defensa de ellos, no podemos olvidarnos del Parque “Los encinos”, sin duda uno de los pulmones de la ciudad y el espacio donde más personas se reúnen los fines de semana con fines recreativos, deportivos y culturales. En la década de los 80 un grupo de personas se organizaron para solicitar que el gobierno adquiriera el predio y fuera construido un parque, al no obtener respuesta se consolido el Comité de Participación y Defensa Ciudadana, A.C. con el objetivo de luchar por que se respetara y adquiriera el predio en beneficio de la comunidad tecatense. Ardua fue la lucha, trece años tuvieron que pasar antes de lograr su objetivo. El Parque “Los encinos” es el logro de un grupo de ciudadanos con la visión de rescatar para los tecatesnes un espacio digno. Por cierto, reglones arriba mencione que en las piedras de la ciudad podíamos encontrar vestigios de morteros y metates, un ejemplo de ello es el Parque “Los encinos”, en él todavía es posible observarlos en las piedras aledañas a la sección de asadores. 

En esta primera entrega dejo a su consideración estos primeros elementos de identidad comunitaria: Las piedras, el encino, el Cuchumá, la Estación del Ferrocarril, el Parque Miguel Hidalgo con su Kiosco, La Estación Misional Santa María de Guadalupe, La Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, la Romería de Verano y el Parque “Los Encinos”. Como lo mencioné en las primeras líneas, usted puede estar de acuerdo conmigo o eliminar algunos de ellos o incorporar otros si así lo considera. El objetivo de este artículo es invitarlos a reflexionar sobre aquellos elementos que caracterizan y nos diferencian de manera positiva de otras comunidades.