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Esteban Urías Rodríguez[1]

El siglo xx se ha caracterizado por una serie de acontecimientos a nivel internacional que terminaron por influenciar la forma de organización política de México. Se entiende que las relaciones con el país vecino han sido determinantes a la hora de implementar medidas que garanticen el bien de la nación y mantenga a flote los intereses individuales y generales de cada uno de los gobiernos. Con el paso de los años, este vínculo ha cambiado en la medida en que cada uno, de forma unilateral, ha optado por ejercer una posición que muchas veces no coincide, y el caso de la industrialización de la frontera norte no fue la excepción.

A mediados de los cincuenta, México se prestaba a la estimulación financiera del lado de un modelo de organización política y económica sin precedentes, esto debido al desarrollo estabilizador desde los años cuarenta, que va desde la presidencia de Adolfo Ruiz Cortines hasta la de Gustavo Díaz Ordaz, y en base al modelo isi, es decir, la Industrialización por Sustitución de Importaciones para fomentar el consumo local. Sin embargo, no respondía totalmente a las necesidades de la frontera norte debido, entre otras razones, a “la poca disponibilidad de productos e insumos nacionales y a la limitada competitividad en términos de precio, calidad y disponibilidad frente a los productos de importación provenientes de California”.[2]

¿Proteccionismo o desarrollo colectivo?

A partir de los sesenta, la instauración de la industria maquiladora en la frontera norte, resultado de los procesos de producción a nivel internacional, trae consigo toda una reestructuración inversionista y de desarrollo económico, desde luego, en pro de la industrialización de esta extensión territorial. De este modo, el gobierno federal realizó una serie de programas para promover el desarrollo industrial, preferentemente para el vínculo con los mercados externos. El primero de ellos es el Programa Nacional Fronterizo (Pronaf), una implementación en 1961 que buscó fortalecer los vínculos económicos con California, con el fin de promover los productos nacionales en la franja fronteriza, por encima de los productos de importación, impulsando la industrialización en la región.

A sabiendas de la conclusión del Programa Bracero y del Pronaf, el gobierno mexicano federal se dio a la tarea de crear un nuevo programa para la frontera norte que respondiera a la incipiente elevada mano de obra, dando paso al Programa de Industrialización Fronterizo (pif) en 1965. Éste tenía como objetivo continuar con dicho desarrollo, además de ser precursor de la maquiladora en la región, dando como resultado la conformación del programa de la Industria Maquiladora de Exportación (ime), para la industria del ensamble y exportación en la frontera norte. Gracias a estos dos programas las empresas norteamericanas podían llegar a México a hacer ensamble o transformación de sus productos en el país, libres de impuestos y menor costo de mano de obra, para reexportarse a Estados Unidos.

La proximidad del pif a los mercados norteamericanos, han robustecido el supuesto de que la frontera mexicana se ha convertido en una ubicación favorecida por muchas industrias norteamericanas que tratan de reubicar sus operaciones en el extranjero mientras continúan sirviendo a los mercados de los Estados Unidos.[3]

Para los años setentas, se percibe una estabilidad económica debido al alza de los precios del petróleo, por lo que el gasto público y recursos de la federación se basarían en su explotación. El gobierno mexicano aprovechó dicha estabilidad para implementar la Ley para la inversión mexicana y regular la inversión extranjera, apoyando el desarrollo industrial de la región y limitando a los inversionistas extranjeros, referente a la obtención de acciones hasta un cuarenta y nueve por ciento.

Para 1974 se promulgaría el Decreto de utilidad nacional a las pequeñas y medianas industrias de la franja fronteriza norte y zonas y perímetros libres del país, con el fin de incentivar a las empresas industriales de producción local y mejorar la relación entre regiones fronterizas

Si bien la cercanía con California ha sido una fuente permanente de oportunidades de negocios para inversionistas interesados en proveer bienes y servicios a empresas y residentes de Estados Unidos, los Programas de Industrialización Fronteriza (pifg), Maquilador (pm) y de Comercialización fronteriza (pcf), han conformado en diversas etapas una ambiente institucional propicio para el aprovechamiento de dichas oportunidades.[4]

De lo regional a lo nacional

En base a la recopilación narrativa de estos programas para fomentar el desarrollo industrial en la frontera norte, se puede comprender que los intereses nacionales no estaban adecuados a los fronterizos por distintas cuestiones. En primera instancia porque esta relación de interdependencia entre los estados del sur de Estados Unidos y la frontera norte, en donde la competencia, regularización y resoluciones son un marco característico en este proceso de industrialización para ambas fronteras. Así mismo, esta relación se ve inestable en cuanto al nivel de desarrollo económico entre países, pues México difícilmente podía competir contra Estados Unidos aún en sus años de mayor apogeo.   

[…] las relaciones internacionales entre los países, reflejadas en su frontera común (sobre todo cuando estos países tienen un grado desigual de desarrollo económico), son relaciones de asociación y competencia, donde el proteccionismo o la apertura de la economía, en su conjunto o en sus fronteras, ocurre en función de la afectación de los intereses de los distintos grupos empresariales nacionales.[5]

Habría que tomar en cuenta la devaluación del peso en 1976 durante la presidencia de Luis Echeverría, que trajo consigo deterioros financieros,  o el excesivo gasto público y el déficit fiscal, los constantes préstamos que incentivaron la deuda externa y la latente reducción nuevamente del precio del petróleo en 1981. David Piñera menciona esta diversificación de mercado en relación a Estados Unidos:

La capacidad de la economía del sur de Estados Unidos para satisfacer las necesidades del mercado fronterizo y las dificultades de la producción nacional para competir en precio y calidad constituyen factores importantes para explicar el surgimiento de un empresariado comercial sumamente ágil y agresivo.[6]

Bajo la tutela de una competencia internacional, los empresarios podían hacer uso de maquinaria y materias primas para disminuir los costos de producción y vender dichos productos por encima del precio habitual, pero no sobrepasando el de la competencia para obtener ganancias, estrategias que las empresas estadounidenses utilizaban sobre el comercio exterior. Por otro lado, la situación en México tenía sus repercusiones, aunado al recurrente sentido nacionalista.

[…] así como éstos pueden recurrir al mecanismo del comercio exterior para colocar su excedentes y acceder a nuevos mercados, sobre todo si los productos son altamente competitivos, las políticas proteccionistas pueden nulificar el mecanismo de la competitividad de las mercancías dl exterior para proteger el desarrollo de los proyectos nacionales, como resulta ser el caso del proyecto de la industrialización mexicana.[7]

Por este latente mercado que Estados Unidos buscaba explotar, México se vio en la necesidad de construir barreras para evitar el desplazamiento de la producción nacional por encima de la extranjera, en base a medidas proteccionistas como los programas para el fomento de la industrialización de la frontera norte a partir de mediados de los sesenta. Sin embargo, las relaciones entre el gobierno mexicano y el estadounidense se verion opacadas por una serie de problemáticas que surgieron en esta mista etapa. Había una serie de asuntos regionales o estrictamente bilaterales como el petróleo, comercio, narcotráfico, nacionalización de la banca y el aparente “clima de confianza” que ya daban indicios del “fin de la relación especial”.

Por otro lado, se manifestó en los sesentas el problema del sistema hidráulico en el estado Arizona, que tenía como objetivo eliminar la salinidad del agua para fomentar la producción agrícola, pero terminaron en el río Gila, que conectaba con el Río Colorado, el cual daba abasto a los estados de Baja California y Sonora. Esto afectó la producción agrícola del lado mexicano, principalmente de la producción del algodón. Dicha situación se agravó y no encontró solución hasta décadas más tarde.

Así mismo, en los años setenta se presentó la denominada Operación Intercepción, una implementación de Estados Unidos que estaba enfocada a la exhaustiva revisión en la franja fronteriza, lo que afectó el intercambio comercial y el vínculo con el gobierno mexicano. Para los ochentas, dicha situación tornó un rumbo parecido cuando entró en vigor la Ley Simpson-Rodino, la cual buscaba regularizar la inmigración ilegal.

En una temporalidad de veinte años, las diversas proyecciones que ambos países pretendieron realizar ante el mercado internacional serían un factor determinante a la hora de la reestructuración de las implementaciones de desarrollo en la franja fronteriza. En pocas palabras, los vaivenes de este desarrollo industrial y los vínculos con el país vecino se ven obstruidos en diversas ocasiones por la reformulación legislativa de fomento a la frontera norte, intervalo de la inestabilidad económica y la política unilateral estadounidense, en cuanto figura alimentadora de los intereses económicos individuales, y la política mexicana en tanto discrepante con la política exterior y las medidas proteccionistas que buscaba desenvolver.

[1] El autor es alumno de la Licenciatura en Historia, Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Baja California.

[2] Piñera, D. «Baja California, cien años de la Revolución Mexicana»  Cap. 15.

[3] Suárez, L. «El ciclo del proceso manufacturero y la industrialización de la frontera mexicano-norteamericana» Pág. 228.

[4] Ocegueda, J. «Comercio y crecimiento económico en Baja Californi» a Pág. 112.

[5] Mungaray, A. «El mercado de la frontera norte y las políticas de integración del consumo fronterizo a la producción nacional» Pág. 229.

[6] Piñera, D. «Baja California, cien años de la Revolución Mexicana»

[7] Mungaray, A. «El mercado de la frontera norte y las políticas de integración del consumo fronterizo a la producción nacional» Pág. 229.