Por Héctor Mejorado de la Torre

Feliciano Aldrete Solís nació el 20 de octubre de 1842 en el puerto de Mazatlán, Sinaloa. Hijo de José Antonio Aldrete, quien a su llegada de España al inicio del siglo XIX se estableció en Cuquío, Jalisco; lugar donde conoció a quien sería su esposa, Francisca Solís Reyes.

La siguiente información que tenemos sobre Feliciano es que entre su primo y él se dedicaron a transportar  mercancías de Mazatlán a Guadalajara en varias mulas que eran de su propiedad. Una mala racha lo motivó para embarcarse al puerto de La Paz, Baja California Sur.

El 7 de enero de 1877 contrajo matrimonio con María Luisa Palacio Reyes. De ese año hasta 1881 nacieron sus primeros tres hijos: Enrique, María Luisa del Carmen y José Lamberto Alfredo. En ese periodo Feliciano Aldrete se dedicó al comercio y en 1882 se trasladó al Partido Norte de la Baja California.

El último tercio del siglo XIX, el Partido Norte se caracterizó por el crecimiento y posterior declive de centros de concentración poblacional como fue el caso de Real del Castillo, El Álamo y Ensenada. Estos fueron provocados por el descubrimiento de placeres y yacimientos de cuarzo aurífero. La noticia atrajo a gambusinos norteamericanos a los que se sumaron nativos y emigrantes de Baja California Sur, Sonora y Sinaloa.

Una de esas familias que emigraron fue la Feliciano Palacio. Ellos se trasladaron de La Paz a la parte norte de la Baja California en julio de 1882. No sabemos si su traslado hacia el territorio fue motivado por la ocupación algún cargo en la administración pública o tiene que ver con negocios personales de Feliciano Aldrete  pero una vez establecidos Feliciano y María Luisa nacieron sus hijos Francisco Jorge Pilar Trinidad, Luis Feliciano, Alfonso Maximiliano y María Luisa Modesta (gemelos) y Víctor Alberto en el Puerto de Todos Santos.

En los primero años de Ensenada como cabecera política del Partido Norte estuvieron llenos de carencias, la población no contaba con recursos propios para sostenerse, y fue necesario importar maíz, fríjol, harina, manteca y toda clase de productos. A nivel regional, la minería era todavía el eje económico. No obstante las carencias, poco a poco se acrecentó la población del puerto, por su carácter de sede de los poderes políticos locales.  El subprefecto político, Antonio Jáuregui, señaló que con los ingresos de los impuestos obtenidos en la aduana no alcanzaba a pagar a los empleados de Gobierno.  No se contaba con la infraestructura necesaria para albergar a los empleados. La situación era crítica, por lo que se vio en la necesidad de solicitar ayuda al gobierno federal. Las autoridades dispusieron que la aduana de Mazatlán se encargara de cubrirles sus honorarios. Esa era la situación de la cabecera política cuando Feliciano Aldrete arribó al Partido Norte.

El 5 de agosto de 1885 fue nombrado administrador de la aduana fronteriza de Tijuana en sustitución de Hilario Gavilondo siendo subprefecto político, José María Villagrana. Don Feliciano tomó posesión hasta el 30 de septiembre del mismo año, puesto que durante tres años aprovechó para realizar algunos negocios.

En 1888 tuvo que enfrentar un proceso judicial por peculado y contrabando pues el celador José Díaz lo acusó de pasar mercancía de los Estados Unidos a territorio mexicano sin pagar los impuestos correspondientes. Explicó que en  nuestro territorio se encontraba la tienda, “La Fronteriza”, establecimiento representado por la  Compañía Lane y Palacio, el primero era un extranjero dueño de una pequeña parte del capital empleado; Feliciano Aldrete era socio industrial y representante del socio mayoritario. Así mismo Ignacio Palacio, cuñado del Sr. Aldrete, era representante de dicho capital, agente del timbre y juez de la población. A su vez el oficial contador de la Aduana Fronteriza de Tijuana,  Jesús Torrescano, era el tenedor de libros de “La Fronteriza”.

En dicho proceso se les encontró a Feliciano Aldrete y a Jesús Torrescano inocentes de las acusaciones pues en los interrogatorios realizados a los celadores involucrados negaron que tal hecho se llevar a cabo, aseguraron que nunca habían visto o escuchado nada al respecto.  En octubre de 1888, Feliciano Aldrete es sustituido en su cargo por R. Garza, mientras el proceso seguía su cause, sin embargo nunca regresó a tomar posesión del mismo después del veredicto final.

La población de Ensenada creció, en el transcurso de 1889 llegaron varios profesionistas a instalarse, abrieron sus puertas numerosas tiendas y la fábrica de textiles de lana, la Ensenada Textile Mill, volvió a operar.

En esta época, ya fuera de la administración de la Aduana de Tijuana, Feliciano Aldrete, regreso a Ensenada, donde estableció un comercio en las calles Gastelum y Tercera como socio del señor Martín Romero, al cual llamaron “Aldrete y Romero”. La mercancía era trasladada a Ensenada en barcos desde los puertos de Mazatlán, San Francisco, California, además por vía terrestre desde San Diego para cruzar por la Aduana Fronteriza de Tijuana. Contaban con productos nacionales como ropa y calzado de todas clases, sombreros, tabaco de Veracruz, Tuxtla, Orizaba y Tepic y gran variedad de otros productos nacionales, así como licores exportados de Europa.  Esta empresa contaba con sucursales en Tijuana y El Álamo, Baja California.

En 1904 Feliciano Aldrete fue nombrado, por el jefe político, coronel Celso Vega, juez de distrito, segundo suplente con sede en Ensenada. Entre 1906 y 1907 fue Jefe de la Oficina Verificadora de 2do Orden de Pesas y Medidas del Distrito Norte de la Baja California. Feliciano Aldrete falleció el 24 de abril de 1909.