historia

Por Emilio Sánchez Pérez

Caurio es una pequeña población prehispánica que  actualmente cuenta con una población de 1879 habitantes según el censo de población del 2016, y señala su ubicación en la relación de los pueblos en el plano de  Carapan, escrito en el Siglo XVI, controlados en la época por el casicazgo para el pago de tributos al Gran Señor de Michoacán.

En apoyo a la antigüedad del pueblo  Hortelius integra en su plano de 1578 al lugar con el nombre de San Pedro Cabrío, esto ha hecho pensar colectivamente que fue por la devoción al Apóstol y por la gran cantidad de ganado caprino que los Rancheros tuvieron en algún tiempo, la comida típica del lugar es la rica birria de chivo, siendo este un elemento más que fortalece el nombre consignado por el Cartógrafo.

Caurio de Guadalupe en cuanto a este nombre no hay duda  que desde los inicios de la construcción del recinto católico fueron pensados a la veneración del Santo Patrono del Pueblo La Virgen de Guadalupe, a la que le celebran la fiesta cada año que inicia el 12 de Diciembre y termina el 16 del mismo mes, a la que acuden los residentes que viven en el extranjero y los nacionales que también añoran el regreso al amado Terruño.

Caurio de Guadalupe tierra del Valiente Valuxan Indio Purépecha descendiente de las primeras civilizaciones, lugar pintoresco de migrantes de gente trabajadora, de calles rectas y curvas de altos portales, con muros de fuertes viguetas, antiguas construcciones de  adobe y rojizos tejados,  cuatro barrios le dan forma al pueblo El Teco, El Centro la Loma y El Pachizal. De aquí fue originaria Cholita, donde nació un viernes santo 12 de Abril de 1906, en el paso´ su niñez y adolescencia al lado de sus padres Don Francisco Chávez García  y Doña San Juana Mora Valencia personajes de campo y hogar respectivamente, su mama murió a los 92 años su papa muere a su regreso  al pueblo un poco después de haber cumplido un contrato como bracero en los Estados Unidos.

Fueron tres de familia a la muerte de los padres los dos hermanos tomaron camino a Tecate, Cholita lo hizo después acompañada de su esposo, quien a su llegada encontró trabajo en la construcción de los Almacenes Nacionales al término de la obra, se quedó como descargador y cargador, allí llegaban los  trenes con carga de granos, maíz, trigo y mucha cebada.

Cholita: Cuando llegue a Tecate no había presidente luego llego Don Eufrasio que con mucho tino guio al pueblo, muy bueno ese señor, Don Arcadio otro de los buenos presidentes, cuando había fiesta o algo así salían al parque convivían con la gente hoy los otros no tienen ese sentir con la gente pobre, no quieren ni que les de el aire se la llevan encerrados o no sé dónde, yo creo nomas inventando cobros, cuando Don Arcadio salía al parque llamaba a los vendedores ya era El Paletero, El Chiclero o el Panadero o todo aquel que vendiera algo él le decía a la gente vamos a comer hasta que se acabe, un hombre muy sencillo por eso El Pueblo lo quería mucho.

Yo trabaje como ya le dije con Don Jaime y su esposa Teresita propietarios de la Tortillería “La Casita Blanca” que estaba en el callejón Libertad adelantito del taller de reparación de zapatos La Pasadita, casi atrás enfrentito de La Familia Baca, éramos seis las que trabajábamos, Pascuala, Angelita Lemus, Amelia Natalia, Octavia y yo, nos poníamos todas alrededor de un comal ovalado testaleando y torteando cada una con su metate se entraba desde las cinco de la mañana hasta después de medio día que era la hora de la comida, se usaba mucho la leña de encino.

Toño un jovencito que muy temprano o desde un día anterior por la tarde ponía el nixtamal, para las seis de la mañana ya había mucha tortilla, se vendía por docena, Toño a esa hora o más temprano, tomaba su bicicleta  y amarraba el cajón en la parrilla para entregar a las tiendas y para algunas familias de entrega especial, se hacían tortillas para tacos, enchiladas y las normales para todo tipo de clientela, también se hacían listas de clientes con numero para que no se adelantara nadie, las calles eran de tierra Toño en tiempo de lluvias, se doblaba su pantalón para no mojarse de lodo y era una de dar vueltas todo el día pedaleando hasta cumplir con la misión de entrega nadie se quejaba de su trabajo.

La casita blanca fue para mí la primera tortillería no recuerdo otra, luego pusieron otras las de Don Severo la de Desideria Appel y la de Don Marcelino Contreras que fue el primero que puso maquinaria.

Don Jaime y Teresita vendieron el negocio a Don Pablo y Consuelito, me invitaron a La Paz para hacer lo mismo porque decían que aquí en Tecate las mejores tortillas las hacia yo, pos yo no sé nada eso decía la gente.

Con los nuevos patrones no fue los mismo querían pesar hasta El Testal, “Es la bolita de masa que se requiere para hacer una tortilla,” me salí y me fui a la tortillería de Don Marcelino.

Tecate era como un ranchito, casitas de adobe y madera y siembra en sus alrededores, las calles de tierra y muchos caminos por todas partes, por donde quisiera uno atravesaba, para llegar a un lado pronto lo hacíamos.

Hoy Mi Amiga Angelita y yo solo recordamos con cariño aquellos años vividos, al lado de amigas y compañeras de trabajo la generosidad de los patrones que tuvimos, las personas que nos apoyaron comprando las tortillas que hacíamos, que con nuestro humilde que hacer en algo ayudamos a este pueblo, y desde que llegue estoy aquí  como una piedra en un pozo no me he movido, aquí acabe mis pulmones haciendo tortillas a mano.

Cuatro años antes de morir en Enero 3 del 2006 con amor y respeto Cholita  así recordó al pueblo y a sus gentes.