Plano d Jacobo Blanco

Por Emilio Sánchez Pérez

Desde el origen de la humanidad el hombre por necesidad ha creado accesos de tránsito que le permitan con facilidad trasladarse de un lugar a otro; ya sea por la búsqueda de alimentos, por salud o mejorar su nivel de vida, conocidos estos como brechas, veredas, atajos, caminos vecinales y cómodas carreteras e importantes autopistas en los actuales tiempos modernos.

Tecate ha contado con todas esas arterias de circulación, que a través de la historia según el caso han dado servicio de acuerdo a las necesidades de la época.

La fundación de misiones, presidios, la fiebre del oro y la necesidad de colonizar La Alta California, fue motivo y razón para transitar, lo que se conoció también como “El Camino del Diablo”, generando el ir y venir de caravanas a caballo en carretera y diligencias, ruta por la que dejaron la huella a su paso, Militares, Misioneros, Comerciantes, Gambusinos y Mineros.

“Camino del Diablo” recibió el nombre debido a los riesgos que estaban expuestos quienes por necesidad tenían que transitarlo. Don Gilberto Escobosa Gámez, cronista de Hermosillo en 2005, en una de las varias entrevistas que se le hicieron narro lo siguiente: “Cuando la fiebre del oro estaba en su esplendor, era triste ver  en los pueblos Sonorenses a niños, ancianos y mujeres solas en pleno estado de abandono, sin quien los protegiera, los hombres formaban grupos de no menos de cien, imanados por un solo anhelo, ir en busca de fortuna, en nada les importaba hacer la travesía por las zonas de peligro, llanuras, montañas y desiertos, dominio territorial de los apaches chiricaguas el cual era defendido a muerte.¨

Los fenómenos naturales era otro de los elementos amenazantes a los que había que enfrentarse, la escasez de agua, las tormentas de arena que daban origen a las dunas, donde se empantanaban o se atascaban las bestias, por las altas o bajas temperaturas había que tener presente también la fecha o estación del año elegida para emprender el viaje a La Alta o Nueva California.

El Camino del Diablo tiene su origen en el siglo XVIII, Fue Senda de destinos y diversos intereses en la época de la fiebre del oro, Manuel Rojas y Enrique Courtade en su libro “Paso de los algodones” nos dice: que el punto de concentración y a la vez de partida de no menos de diez carretas en convoy salían de la villa de Guadalupe del Altar, Antigua Santa Gertrudis, con escala en Caborca, El Soñi, Quitivaquito, San Marcelo  de Sonoyta, Tinajas Altas, Gila Bend, La Concepción (Yuma), Paso de los Algodones, El Volcán (Cerro Prieto), Pozos Indios (Ocotillo), la puerta (Tecate). Este era el último punto en territorio Mexicano, trece más estaban en la Alta California: Santa Isabel (Julián), Temecula, La Jolla, San Gabriel, Los Ángeles, Cahuenga, Misión De San Buenaventura, Santa Barbará, San Luis Obispo, Pasos Robles, Misión de La Soledad, San Juan Capístrano, San José, Rio de San Joaquín,  Rio de la pluma (Feather) y Rio Stanislaus, lugar donde se localizaba la mayoría de los lavaderos de oro.

El 02 de Febrero de 1848 se firmo el tratado de paz entre los Estados Unidos Mexicanos y los Estados Unidos de América, mejor conocido como el “Tratado de Guadalupe Hidalgo”, ante la inevitable pérdida de más de la mitad de territorio mexicano como consecuencia propiedades de la región  quedaron divididas por el nuevo trazo internacional, este fue el caso del Rancho Tecate, de Juan Bandini Blancas, conforme a la nueva frontera el espacio se fue poblando, por lo que cada vez más se hizo necesaria la presencia de las instituciones de gobierno para regir las actividades sociales, políticas y económicas de la región, y es así que se establecen en Tecate dos puertos de acceso: uno en el Rancho San Valentín, haciendo frontera con Campo California, y el otro en la Ranchería de Jacume, Frontera con Jacumba, Estados Unidos

En 1865 se inició la circulación semanal de las diligencias jaladas por seis caballos, propiedad del empresario John G. Capron, para conducir la correspondencia de San Diego a Yuma Arizona; por lo que fue necesario contar con el servicio de las postas, lugar donde se hacía remuda de caballos, se descansaba, se vendían mercancías y comida a los pasajeros.

Entre los atractivos turísticos y puntos históricos que la ruta ofrece, son a su paso las monumentales montañas, luciendo caprichosas formaciones rocosas obra de la naturaleza, la endémica vegetación matorralera, única en la región, y pequeños bosques de añejos encinales.

La Posta Tecate o estación de las diligencias, de la cual figuraron como propietarios los señores Abel Stears, T. María Lugo y Antonio L. Sosa, Protocolariamente esta contaba con todos los servicios, situada al oeste del paraje paso del Águila, a partir de este inmueble y hasta jacume es lo que abarca La Ruta de las Diligencias o Camino del Diablo en territorio de Tecate.

La roca en forma de águila de la cual el paraje recibe el nombre “Paso del Águila”, se localiza en una pequeña elevación montañosa de la cual se dominan los viñedos del bajío, el cañón de la puerta y el majestuoso cerro del “Zecate”, documentado por el sonorense José Salazar Ilarregui, anotado en su diario en el año del 1850 pag.31, conocido actualmente como Cerro Cuchuma (Huchuma)

Envuelta en el misterio del mito, la leyenda y la verdad entre la carretera federal número dos y el Cañón de la Puerta se encuentra el sitio de “La Piedra Cortada” de la cual según la tradición oral se deriva el nombre de Tecate, sin que hasta el momento exista un documento que le de respaldo de verdad al nombre, sin embargo es un paraje importante que forma parte de nuestra historia local.

A Partir del importante punto “Piedra Cortada” que alguna vez formo parte del histórico paraje “La Puerta Tecate”, documentado en el siglo XIX, por el ingeniero Jacobo Blanco. El camino seguía su curso pasando por Los Ranchos, El Encanto, El Porvenir y El Refugio, en el espacio que hoy ocupa la  escuela secundaria Francisco y Madero daba un giro hacia el norte para entroncar con la vieja calle Libertad actual avenida Hidalgo con dirección hacia la estación de bomberos, dividiendo más adelante en dos el predio donde se ubica la colonia industrial, esta seguía su trayectoria por el panteón y la calle corregidora de la colonia Aldrete hasta llegar al lote nuero 16 de la colonia Agrícola de Tecate donde se desarrolló el Rancho de la Familia Félix.

Rancho de los Félix, donde actualmente está asentado el fraccionamiento Arroyo, era paso obligado de las diligencias y de los primeros vehículos motorizados, un aguaje era el motivo de suspender el viaje, tomar agua y descansar un momento, en el predio aún se encuentran los cimientos, que fueron base para construcción de la casa grande del rancho propiedad de Don Jesús Félix hermano este de Carmen, esposa de Joaquín Murrieta, de el se dice que vivió un tiempo en Tecate, lo cita Manuel Rojas en su interesante obra Joaquín Murrieta “El Patria” , El testimonio oral también hace su parte al agregar al respecto, que por la ruta entre el sitio llamado “Pino Solo” y Jacume se localiza el aguaje y la calzada bautizada con el nombre del legendario personaje.

La magia del pasado se hace presente al llegar al sitio Arqueológico de San José, donde el hombre primitivo dejo su huella a través del Arte Rupestre plasmado en una enorme roca, figuras Geométricas y Antropomorfas representando la cultura prehispánica. Embellecen el paisaje los encinos, los mezquites y los sauzales con el fuerte color amarillo de la estación otoñal, se percibe también en el paraje los daños causados por los incendios de verano del 2013 que repercute en la ausencia temporal de Mangle, Árbol del Toro, conocido también con el nombre de Chamizo Azul, La Manzanita, La Huata, así como otras especies del orden medicinal y ornamental.

Lo mágico del sitio se enriquece con el contenido de más de doscientos morteros distribuidos en rocas dispersas en el lugar, agrupando algunas hasta cuarenta oquedades de variada profundidad, esto da una idea de la población indígena que se reunía a procesar la bellota, el mezquite y la manzanita, que era en alguno de los casos la base de su alimentación.

El asentamiento prehispánico se complementa con los vestigios de las chozas que habitaron los primeros pobladores de la región; el panteón indígena con una población de un poco más de cien tumbas, hace más que evidente el arraigo y amor que los nativos le tuvieron a estas tierras, donde moran los restos de los últimos capitanes de la tribu Kumiay, en la que figuran entre ellos el guerrero de nombre “Bartolo” así también aparece en el escenario de la cultura primitiva Don José Lachapa, de quien se origina el nombre que actualmente lleva la ranchería, antiguamente conocida autóctonamente como “Matj Najl” que significa “Tierra Sumida”