Por Héctor Mejorado de la Torre

Coordinador del Taller de Historia de Tecate, A.C.

Desde la segunda década del siglo xx, en el estado de California inició un movimiento moralista que buscaba erradicar de la sociedad los vicios, conforme pasaron los años fue tomando fuerza hasta lograr, en 1920, que entrara en vigor la Ley Volstead, también conocida como Acta de Prohibición o Ley Seca en todo Estados Unidos de América.

Las ciudades y poblados de la frontera norte de México, en mayor o menor medida aprovecharon esta situación para ofertar las bebidas alcohólicas, juegos de azar y demás actividades que los visitantes buscaban. Los poblados de Baja California no fueron la excepción, siendo los que recibieron mayor inversión Tijuana y Mexicali.

En 1921 fuertes lluvias destruyeron, en varios tramos, la carretera Tijuana – Mexicali por lo cual el paso entre estos pueblos quedó totalmente suspendido por el lado mexicano.   También el camino de Tecate – Ensenada se encontraba en mal estado. Aunque Tecate era el punto de intersección entre dichos poblados la población y el trabajo era insipiente, en general los habitantes se dedicaban a la agricultura para autoconsumo, sin embargo ya funcionaba una escuela, oficina de telégrafos, la aduana y pocos negocios como la cantina Flor de Jalisco de Eufrasio Santana, una tienda llamada La Colorada y un molino harinero, ambos propiedad de Carlos E. Bernstein.

Fue en ese mismo año cuando el Doctor Ray D. Robinson, norteamericano, radicado en los Ángeles;  Nelson O. Bhoades norteamericano, ingeniero radicado en el Country Club del Distrito Federal  y Claudio J. Velarde, militar mexicano, constituyeron una sociedad llamada Jonathan Country Club Sociedad Civil por Acciones, Sociedad Anónima.

Objeto de la sociedad era establecer juegos de golf, criquet, tenis, polo o cualquier otra clase de deportes o ejercicios atléticos; organizar juegos de caza y carreras de caballos; abrir y mantener para los socios uno o más centros de esparcimiento para fines sociales y recreativos; instalar dentro de sus establecimientos restaurante, cafés y cantinas para servicio exclusivo de los socios; establecer terrenos propios para la caza y para la cría de animales, pájaros y pescados bajo dirección especial como reservas de caza; adquirir y poseer los bienes raíces y muebles que sean necesarios para llenar los fines de la sociedad, Club y Casino. Este complejo sería filial del Jonathan Club de Los Ángeles California, quienes eran los principales accionistas de este nuevo proyecto a través del Doctor Ray D. Robinson.

En oficio enviado al Secretario de Gobernación el 23 de marzo de 1921, Claudio J. Velarde solicitaba al gobierno mexicano se concediera el traslado de maquinaria, implementos agrícolas, herramientas para construcción, mobiliario para el club, tuberías, cuadros, espejos, platos, cuchillos, tenedores, cucharas, estufas, alambre, camas, sillas, sillones, cortinas, alambres de cobre, vasos de cristal, mesas de villar, alfombras, tinas de baño, pinturas para el edificio, lavabos y toallas, traslado libre de derechos por un periodo de dos años, todos los artículos y materiales para el uso exclusivo del club. A cambio la empresa se comprometía a reparar y dejar en perfectas condiciones el camino de Tijuana  a Mexicali, pavimentar el camino de Tecate a Ensenada y construir un puente de concreto sobre el cauce del rio con un costo de entre 20,000 y 40,000 pesos sin tomar en cuenta el costo por habilitar el camino Tijuana – Mexicali. Además, el club se construiría en terrenos del poblado de Tecate. El complejo turístico contaría con casas habitación, cercas, presas, servicios interiores del establecimiento, trabajos agrícolas, más lo ya mencionado párrafos arriba, restaurante, casino, cafés, campos para la caza, etc. El presupuesto para dicho proyecto era de 100,000 pesos.

Aunque el proyecto no se realizó, ignoramos los motivos; es interesante la propuesta cuando la contextualizamos con proyectos similares desarrollados en Baja California algunos  años después como: La Compañía Mexicana de Agua Caliente en Tijuana (1927) y el Hotel Playa Ensenada que abrió sus puertas en 1930.